Luar na Lubre, dulce luminiscencia

Luar Na Lubre repasó algunos temas más conocidos de su repertorio en su concierto 30º aniversario que ofreció la noche del sábado en el Buero ante cerca de 700 personas. • La banda presentó a su nueva cantante, Belém Tajes, que apenas lleva dos meses con ellos. • Durante casi hora y media desgranaron algunas canciones de su trayectoria, como 'Son do ar' o 'Camariñas'. 


Con Luar Na Lubre es fácil perderse en el bosque, sentir que te adentras con rapidez, corriendo, mientras el viento te da en la cara. Es fácil sentir que navegas hasta los confines de la tierra, bordeando el faro de Finisterre, o que te entra la morriña, aunque no seas gallego. La mágica música de la banda coruñesa invita a perderte y a bailar, a emocionarte y empaparte del folclore más rural en un viaje por toda Galicia. Del 'caldero' de Orense a los acantilados de la costa lucense, sin olvidar carismáticos pueblos como Camariñas o esa ciudad eterna que es Santiago.

La banda gallega, liderada por Bieito Romero, llegaba de su periplo mexicano a Guadalajara, que le recibió la noche del sábado en el Buero Vallejo con buena entrada -cerca de 700 personas-. Ellos, con jet lag; y aquí, con ganas de escuchar a la formación en su tercera visita a la Alcarria. Durante casi hora y media -sólo un bis- desgranaron algunas de las canciones que les han acompañado en tres décadas de música. Abrieron recordando un extracto de la ópera folk que compusieron junto a la Orquesta Sinfónica de Galicia, 'Torre de Breoghán', un proyecto inspirado en el Libro das invasións. Y siguieron con la bonita 'Chove en Santiago', con la que apareció en el escenario la nueva cantante del grupo, Belém Tajes, de 32 años y profesora de Música, que se incorporó hace tan solo dos meses a la formación. 

Fotos: R.M.

Con un sonido exquisito, en principio un poco saturado y luego espléndidamente medido, fueron sembrando un paseo tupido de verde musgo, salpicado de música alegre y contagiosa, imposible de seguir quieto en la butaca. Aunque sólo al final, algunos espectadores se animaron a levantarse y en un baile fraterno mecieron sus brazos al ritmo de la pasacorredeira The Sailors hornpipe  -la danza del marinero Popeye-. La banda fue alternando los temas instrumentales con los vocales, con canciones de su último álbum de creación propia 'Extra Mundi' -sonó 'Ardora'-, recordó con 'Memoria da noite' desastres medioambientales, interpretó canciones de romería, cantigas y temas míticos como 'Son do ar' -con la que el público por primera vez chocó sus palmas-. 

Se tardó un poco en entrar en ambiente; quizás por el repertorio, inicialmente más lento; quizás, por el "foso de cocodrilos", como dijo Bieito Romero, que amortiguó el calor de un público que, sin embargo, estaba entregado desde el principio y que no dudó en responder a la invitación para dar palmas o ayudar en los coros a la vocalista. Con un viaje a 'Muxía', a Camariñas y un recuerdo a Xosé Afonso con 'Tu gitana' se despidieron. Se hicieron de rogar para un último bis, de tinte reivindicativo -"pintan bastos en la humanidad", dijo Romero-, un emocionante 'El derecho de vivir en paz', de Víctor Jara. Un poco de esperanza con la que Luar Na Lubre quiso rubricar su paseo por 30 años de música.