Luis Pastor: "Hemos vuelto a la pobreza"

El Teatro Moderno fue escenario anoche de una reunión emocionante: la de los cantautores Luis Pastor, Elisa Serna y José Antonio Alonso. • Los tres, invitados por la Fundación Siglo Futuro, repasaron en hora y media algunas de sus canciones y las de cantautores que fueron.


¿Son los cantautores de la primera generación una especie en extinción? “Soy lo que fuimos ayer, soy lo que está por venir”, cantó Luis Pastor ante el público del Teatro Moderno, que anoche asistió a una reunión entrañable de voces poéticas y críticas, organizada por Siglo Futuro. Junto a Pastor, Elisa Berna, referente de la canción-protesta en los 70 y para cerrar, José Antonio Alonso, cantautor, pero “con las connotaciones que da ser de Guadalajara”, dijo.

El extremeño Luis Pastor reconoció anoche que “los cantautores ayudamos a transformar este país”, aunque “es verdad que desde que gobernó la izquierda, no se nos ha reconocido”. A su juicio, “no hay ninguna ciudad que recuerde a los cantautores”. Aunque cita excepciones acordándose de Labordeta y Carlos Cano.

Con su guitarra en la mano, Pastor recordó sus comienzos: “a los 8 años ya trabajaba en una tintorería... todos venimos de la pobreza. El problema es que estos años pensábamos que íbamos a ir a otro sitio y hemos vuelto a la pobreza. La vida es así: círculos que abrimos y cerramos. Y los movimientos sociales también”.

Y en ese camino que es la vida, considera que para poner en valor a un cantautor hay que “poner en valor la poesía, el altruismo, la generosidad, la solidaridad, la lucha, la fuerza del sentimiento de pertenecer -en mi caso- a la clase obrera, pobre y campesina”. Que el “orgullo del trabajador, más allá de lo que impera en la sociedad, es algo que tiene que ver con el cantautor, con generaciones de hombres y mujeres que en este país lucharon desde todos sus frentes y oficios por traer la libertad, la democracia y acabar con la dictadura”. Es el “verdadero reconocimiento que hay que hacer al cantautor, mucho más allá de otros valores que tienen que ver con la poesía, la música, con dar la palabra a poetas perseguidos o poner la canción a un nivel poético altísimo, cuando era basura. Si alguna vez fuimos clasistas hay que dejar de serlo”.

Y entonces entonó su canción ¿Qué fue de los cantautores? y una lluvia de aplausos llegó desde el patio de butacas. Pastor no vino con repertorio preparado y pidió sugerencias. Ahí llegó la estremecedora 'Flor de jara', ese regreso a su “país de infancia”, a su aldea. “A medida que me hago mayor siento una necesidad enorme de regresar... y siento que en estos años me estoy sabiendo contar, estoy rescatando esa memoria y contando no sólo a mí sino a varias generaciones en letras como ésta”. 'Por el mar de mi mano' permitió alabar a su hijo, el cantautor Pedro Pastor: “ha sido una sorpresa que sea cantante y que sea ese tipo de cantante que yo he sido”, dijo.

Terminó con sus poemas, los que trajo en una maleta y que dedicó, entre otros, a su hermano Manuel, que estaba entre el público. Acabó cantando y leyendo un poema sobre “la vergüenza de Europa, que cierra los ojos ante la desgracia de miles de seres humanos que huyen de la muerte, del hambre, de la guerra, la persecución y las bombas y nos les hacemos ni puto caso”. Y rasgó su guitarra, de nuevo, perdiéndose por el patio de butacas y dejando paso a Elisa Serna.

Hemos pagado muy duro ser cantautores”

Elisa Serna cumplirá medio siglo en la música el año que viene. Ella tendrá 75. “Estamos un poco como al principio”, dijo al iniciar su actuación. “No sé qué ha pasado, hemos debido entrar en un agujero del tiempo y otra vez estamos haciendo canciones pero también rebelándonos en las calles... es un país raro éste”.

Sabe que su momento ha pasado y confiesa que su fe está en los jóvenes: “Nosotros hemos hecho lo que hemos podido y hemos pagado muy duro por ello: mucha cárcel, mucha multa... ahora hay otra generación, la de Pedro Pastor, por ejemplo, la de Elio Ruiz León, -sobrinos de Pedro Guerra y Rosa León, respectivamente-”.

Serna tuvo recuerdo en su actuación para compañeros como Javier Esparcia, del Sindicato del Ferrocarril, de quien musicó un poema y que dedicó a todos los compañeros que se han ido antes de tiempo: “si una mala mirada te mata, imagínense el 21% de IVA, eso no hay quien lo aguante. Y hay compañeros que tuvieron que cerrar su empresa como Hilario Camacho o Imanol Larzábal, que se fueron antes de tiempo porque la vida nos les cuidó lo suficiente”.

De Larzábal, que fue condenado a seis años en el penal de Intxaurrondo y con quien tuvo que compartir años duros “de mucha banalidad y capitalismo”, decidió interpretar a capella -con una gran voz y sobre sus botas de tacón cuadrado- una canción en vasco que resultó “un análisis de clase” con la emigración como trasfondo. También se acordó Serna del Sáhara, de esa “herencia maravillosa que nos han dejado los árabes” y terminó con una bonita nana, 'Landú', que la enseñó María Salgado y una canción que invitó a todos a cantar: 'El galope', con letra de Rafael Alberti y música de Paco Ibáñez. 

Esta pionera de las cantautoras madrileñas que en los años 70 creía que otro mundo era posible, con guitarras y canciones con mensaje, y que sigue conservando cierta inocencia adolescente y su conciencia intacta, cedió el turno a José Antonio Alonso. “La próxima vez que venga a Guadalajara les cantaré canciones republicanas”, se despidió entre aplausos.

Por mucho que se cante en Guadalajara, da lo mismo”

Muy agradecido, con fina ironía y mucho humor, Alonso recordó cómo conoció a Luis Pastor, cuando un cura rojo de Madrid llegó un día al Movimiento junior de Acción Católica con una casette -'Fidelidad'- que finalmente compró y “aún conservo” en casa. Admitió ser un cantautor de la segunda generación: “Yo he corrido poco delante de los guardias, cuando las nucleares y tal... ellos se conservan mejor porque hicieron más carreras”, en referencia a los cantautores de la primera generación como el propio Luis Pastor o Labordeta. “Los admiro. De ellos he bebido e intentado, dentro de mi esquema provinciano, hacer canciones. Hoy soy feliz simplemente por estar cantando aquí”, confesó.

Y desde su 'Tierra de silencio', que bautizó su álbum debut, hasta 'El país de los líquenes azules', Alonso fue desgranando anoche algunas reflexiones: su preocupación por que los pueblos se vayan quedando vacíos y la contribución que cree que los cantautores han tenido en la historia, pese a que “en Guadalajara, por mucho que se cante, da lo mismo... yo me he hinchado a cantar... y hay cosas que, de verdad, da igual. Lo del trasvase es eterno y forma parte de la piel de los de Guadalajara”, dijo entonando la jota del Tío Emeterio.

El regalo final de los tres invitados fue una canción del uruguayo Eduardo Mateo, con música africana, a capella. Deleite para los oídos, que involucró a un público, agradecido por tanta sinceridad, por tanta verdad compartida.

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