Danzas irlandesas para decir adiós al Segontia Folk

El Festival seguntino se despide este sábado con el concierto de Irish Treble, ocho jóvenes, cuatro músicos y cuatro bailarinas, que fusionan la música y la danza irlandesa. • El pasado fin de semana, el certamen 'José María Canfrán' cumplió 30 ediciones. 


El Festival Segontia Folk se despide este sábado con el concierto de Irish Treble, un grupo formado por ocho jóvenes, cuatro músicos y cuatro bailarinas, que se han unido en un proyecto con el que dar a conocer la música y la danza irlandesa, y hacer disfrutar al público con ritmos y pasos vibrantes. Su repertorio se compone de originales arreglos de temas del folklore irlandés, composiciones propias y versiones de temas de diversos estilos que junto con las bailarinas, hacen de la música y la danza irlandesa un verdadero espectáculo donde incluyen desde bailes tradicionales del siglo XVIII hasta modernas coreografías 'show-style', al son de reels, jigs, slip-jigs y demás ritmos típicos de la música irlandesa. 

Será el broche de oro a un festival que el domingo homenajeaba a José María Canfrán en la XXX edición del conocido Certamen de Dulzaina y Tamboril de Sigüenza que lleva su nombre, uno de los más veteranos de España.

Después de que la música de las gaitas hubiera sonado en las calles, cinco grupos de gaiteros, dos de ellos seguntinos, llevaron los característicos sones de las dulzainas al escenario del Pósito, honrando la memoria de quien recuperó esta tradición en la provincia de Guadalajara, creando escuela. Cada uno de los grupos tuvo palabras de cariño hacia la memoria de este hombre genial, pasional, a quien nadie olvida, tres lustros después de su muerte, en 2002.

Los Dulzaineros de Sigüenza, herederos de la tradición de Canfrán, quisieron en esta ocasión ejercer solo como anfitriones del festival, poniendo la nota musical desde la calle hasta el escenario, acompañando a su presentador, Pablo Franco. El periodista seguntino compartió con el auditorio su experiencia personal en la ciudad y su conocimiento de la música folk, como alumno de dulzaina.

"En el 86, nuestro querido y admirado José María Canfrán, junto a su inseparable tamborilero Carlos Blasco, comenzó su andadura llevando desde Sigüenza su música y entusiasmo a muchas fiestas de la provincia. Ellos tuvieron mucho, o todo, que ver en la recuperación de la dulzaina en la provincia de Guadalajara, que había estado más de treinta años dormida”, explicaba el gaitero seguntino José Antonio Arranz, especialmente emocionado por el hecho de que el certamen haya cumplido treinta ediciones. “Él era todo corazón, un músico de los de antes. Sin ser un virtuoso, sabía entender la fiesta como nadie, llevarla de las casas a la calle”, añadía su inseparable Agustín Canfrán.

Fotos: Ayto. Sigüenza.

Cuando terminó la primera pieza que empezaba en el patio de El Pósito, Pablo Franco aludió a los sentimientos que los sones de la gaita provocan en los seguntinos, trasladándolos a su infancia, al 'bibitoque' de naranjas y de caras tiznadas. Destacó además el carácter nacional del certamen, que ha acogido a grupos venidos de toda España, e incluso en alguna edición, internacional, con músicos llegados de Perú, y sus orígenes, entonces como festival, en el Parador de Sigüenza.

Los Dulzaineros de la Cofradía (Segovia) abrieron el certamen con tres piezas: una 'Mudanza de Luis Barreno' de Zarzuela del Monte, una entrada de baile del cancionero de Agapito Marazuela, y, para terminar, un fox-polka del pueblo de Matabuena. Especialmente emotiva fue la actuación de los Dulzaineros de la Travesaña de Sigüenza, tercera generación ya de gaiteros en la ciudad que bebe de la energía y de la pasión que le puso Canfrán a la recuperación de la dulzaina en Guadalajara. Además de su labor musical, sus miembros están haciendo de forma paralela una labor musicológica, recuperando temas de la tradición guadalajareña, y principalmente, como explicaron en su intervención, del eje Molina-Sigüenza-Atienza.

Los Dulzaineros de la Travesaña interpretaron cinco temas, empezando por un pasacalles de procesión que se tocaba en Algora, recogido por el folklorista Julio Garcia Bilbao, y adaptado para dulzaina por Javier Barrio. Siguieron con un pericón, rescatado en este caso por José Antonio Alonso y por Ricardo Villar, integrante de la formación. Después, vino un foxtrot, también de la Ronda de Algora, recopilado por su violinista, Toribio del Olmo, y conservado para la memoria colectiva por Julio García Bilbao. Y para terminar, un pasodoble, 'Labros', composición reciente de Antonio Trijueque, y el 'Tiroliro' de los Gaiteros de Maranchón, Juan Albacete y Antonio Cendejas. 

Para Jorge Atance, uno de los dulzaineros participar en un certamen “que hemos vivido desde niños en Sigüenza, como integrantes de la escuela municipal de Sigüenza, es un honor, primero porque es uno de los más antiguos de España, pero también porque está dedicado a la memoria de Jose Mari Canfrán”. Según Atance, el músico “recuperó el instrumento aquí en Guadalajara, pero es que además, en mi caso, fue quien me trajo a casa, personalmente, mi primera dulzaina. Infundía ánimos a los chavales que empezábamos, y por eso lo recordamos con mucho cariño. Para nosotros es un referente con el que nos identificamos”. Tras recibir el aplauso del público, los Dulzaineros de la Travesaña recibieron de la mano de la organización, un grabado del artista Mariano Canfrán, hermano de Jose Mari, en reconocimiento a su entrega al instrumento y a la continuación de la tradición en la ciudad.

Premio a las fundaciones Martínez-Gómez Gordo y 'Ciudad de Sigüenza'

Como cada año, los organizadores del certamen, los Dulzaineros de Sigüenza, entregan su insignia de San Vicente a personas que se han distinguido por su defensa y promoción de la ciudad, de manera desinteresada. En este caso, José Antonio Arranz y Agustín Canfrán, en representación de los Dulzaineros de Sigüenza hicieron entrega de la insignia de San Vicente, “cargada de valor sentimental para nosotros”, a la Fundación Ciudad de Sigüenza y a la Fundación Martínez-Gómez Gordo. Recogieron la insignia Antonio Manada del Campo y Gloria de las Heras, en representación de la primera, y Pilar Martínez Taboada, de la segunda. De las Heras y Martínez Taboada tuvieron palabras de elogio, de cariño y de recuerdo para la figura de José María Canfrán. Además, la cronista dejó en el aire la idea de que la Escuela de Música de la ciudad lleve el nombre del gaitero.

Tras este momento de homenaje, subió al escenario la Orquestina de la Abuela Pina (Segovia), grupo nacido en 2014 “como homenaje a nuestra abuela materna, Pina, a la queremos muchísimo, porque siempre nos apoyó en esto de la música, y sigue haciéndolo, a sus 101 años”, explicaba anoche Alfredo Ramos, dulzainero del grupo. En su origen están los tres hermanos Ramos -Luis, Alfredo y Ricardo- y unos amigos de Cuéllar, Rubén (tuba) y Luis Miguel (saxo), “a quienes nos seducía la idea de coger partitura de la banda, repertorio de bailable y hacer algo con dulzaina”, explicaba el gaitero.

Interpretaron un repertorio variado, con canciones bailables de las bandas municipales y orquestas de hasta los años 50, una polca, un danzón, un pericón un tango… o lo que es lo mismo, “los ritmos que fueron la espina dorsal de los bailes de la época”. Así definía el repertorio Alfredo Ramos, quien también tuvo unas palabras para Canfrán: “Para nosotros es un orgullo haber tocado en este Certamen que lleva su nombre. Hizo mucho por la dulzaina en general, y aún más en Guadalajara. Tuvimos el gusto de llevarle a Segovia a tocar, algo que siempre recordaremos”.

Cerraron la velada los Gaiteros de Estella (Navarra). Ciudad hermanada con la del Doncel en la Red de Ciudades y Villas Medievales, sus músicos trajeron a Sigüenza los sones del Norte, que tanto gustan en el certamen. Salvador Martínez y Juan Carlos Doñabeitia cumplen en 2017 sus primeros 35 años tocando juntos. Anoche lo hicieron acompañados del magnífico tamborilero que es el joven Raul Mercero. Doñabeitia explicaba que el grupo ha decidido “apostar por composiciones propias, nuestras y de gente cercana”. En una actuación dividida en dos bloques, reservaron para el segundo, “la música de actualidad, que siempre han tocado los gaiteros pero que no se ha considerado nunca digna para una exhibición”.

Su actuación también tuvo un componente sentimental, puesto que actuaron en la primera edición. También ellos hablaron de Canfrán: “Tenía una ilusión tremenda, era un tío de lo más pasional que hemos conocido en el mundo de la gaita. Era capaz de desprenderse de lo que tenía para llegar a formar algo, era un visionario, una persona especial”, afirmó Salvador Martinez como representante de la gaita en Estella.

Dos hermanos 'inconfundibles'

La víspera de San Vicente se llenó de propuestas matutinas, que tuvieron luego continuidad con la Hoguera de San Vicente, en el corazón de la ciudad. El Auditorio de El Pósito, con lleno de público, pudo disfrutar con la actuación de los hermanos 'Infoncundibles': Daniel y José Alberto Foncubierta, presentaron en Sigüenza la representación: '¿Qué raro verdad?', un espectáculo "de técnicas circenses”, aprovechando “lo amplio que es el circo” en el que hacen música en directo. Un cierto toque flamenco en el espectáculo deja claro su origen andaluz, porque "las raíces no se pueden negar". En '¿Qué raro, verdad?' también hay sitio para la parodia. "Hacemos como si entendiéramos de arte contemporáneo, para generar situaciones divertidas, y nos servimos de la música clásica, tocando algunas composiciones muy conocidas, de Beethoven, Bach o Mozart, pero de otra manera”, por ejemplo, montado uno sobre otro en un monociclo.

"El circo llegó a nosotros por casualidad", explicaron antes de su actuación. "Vimos a un amigo jugando con el diábolo y nos dio por probar. Luego vinieron las pelotas y los malabares, el monociclo…". Sus referentes son lo que ellos llaman 'la nueva generación de circo': "hablamos de escuelas de circo, como las que hay en Madrid, en Barcelona, en Granada o en Francia y Bélgica, que son dos potencias en este sentido".

Estos hermanos no se hicieron Infoncundibles hasta finales de 2003, fruto de un número de gala en el encuentro de circo de la Carlota, en Córdoba. Nacidos y criados en Sevilla, es allí donde empiezan a practicar malabares y a descubrir una vocación circense que acaba por ser su medio de vida. Muchos años y varios cientos de actuaciones después, la gente sigue sin creer que son realmente hermanos.

Las primeras gaitas

Las fiestas de San Vicente arrancaban el pasado viernes con la novena en la Iglesia de San Vicente, con las primeras notas de las gaitas y los tamboriles en su ascenso hasta la Plaza del Doncel. Los dulzaineros, seguntinos y segovianos, esperaron al párroco de San Vicente, Jesús Montejano, a la salida de la Iglesia para acompañarlo musicalmente hasta el número seis de la Travesaña Alta. En esa casa, con puerta de madera, de las de doble hoja, la familia de Bernabé Cabrera, hermano mayor saliente de la Cofradía de San Vicente, ponía a la venta las rosquillas del Santo que todo el mundo compra para los días de fiesta. Con paciencia, los seguntinos han esperado cola para comprarlas. De nuevo las ha horneado el repostero Carlos Rupérez. En poco tiempo, se han vendido 800 docenas.

El foco de atención se trasladó entonces hasta la Plaza del Doncel, donde se ubicaba la pira de la Hoguera de San Vicente, cuya leña se encargan de recopilar los hermanos cofrades. En su centro, un pino, entresacado de La Pinarilla, con los puntitos de color que le daban naranjas y mandarinas. Los cero grados se convirtieron en más de veinte en una Plaza de San Vicente, ya teñida de rojo por el reflejo de las llamas.

Los niños, expectantes, se arremolinaban en torno a la hoguera, esperando a que los troncos se convirtieran en carbón, para tiznarse con ellos las caras, para tiznárselas también a los amigos, y a algún incipiente amor. 

Mientras, los Dulzaineros de la Cofradía, apostados bajo el mismo arco de la puerta de la Casa del Doncel, hacían mover los pies a los cientos de seguntinos que se dieron cita en la Plaza, acompañados por los tamborileros.

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