Flechazo pianístico con Beethoven

El pianista veneciano afincado en Sigüenza, Brenno Ambrosini, recibió una larga ovación por su interpretación de dos sonatas del compositor alemán, en el segundo concierto del ciclo de 'Música clásica', organizado por Bell´Arte Europa e Ibercaja.


La relación de Brenno Ambrosini con Beethoven es “un amor que procede de la niñez”. Así lo explica el propio pianista, veneciano afincado en Sigüenza, que en la tarde del lunes ofreció en el salón de actos de Ibercaja las dos mejores sonatas para piano del compositor alemán, la Op. 111 y la Op. 32, en el segundo concierto del ciclo de música clásica que organiza la Asociación Bell´Arte Europa en colaboración con la Obra Social Ibercaja.

Beethoven era el compositor favorito de mi padre, un gran aficionado a la ópera y a la música clásica”, cuenta. “Nací y me crie en un ambiente en el que las notas de las sinfonías volaban por la casa procedentes de los antiguos vinilos”. Pese a no tener antecedentes de otros intérpretes en su familia, aquel caldo de cultivo se percibe hoy en la generosa fertilidad creativa que ha alcanzado el veneciano.

Lo que realmente emociona al artista de Beethoven es la arquitectura y la fuerza de su música: “Es una especie de demiurgo. Sus partituras dejan entrever todos los vicios y virtudes de la raza humana, que transmite con una potencia increíble. Es un revolucionario. Armónicamente, desde sus comienzos, fue un extremista. Quizá por eso me gusta tanto, porque va con mi carácter”, confiesa. 

Con su concierto, Ambrosini también brindó un homenaje al profesor y pianista Wilhelm Kempff: “Él decía a sus alumnos que la Op. 111 es el Everest para cualquier pianista que se acerque a Beethoven, pero también que la Op. 32 es como el K2, más bajito, pero más difícil de escalar, con grandes peligros en su ascensión”, señaló.

Ambas sonatas son dos concepciones grandiosas de la música para piano pertenecientes al segundo periodo creativo de Beethoven. En el caso de la 'Appassionata', la música es “grandiosa, titánica”, mientras que la melodía de la Op. 111, es todo lo contrario. “Cuando compuso la 'arietta', el segundo y último movimiento de la sonata, ya no continuó la composición de una sonata en cuatro movimientos. Dijo que no podía escribir más para piano, por lo que la considero su testamento poético. Percibo en ella que se ha despegado del mundo material, ya cerca de su muerte”, explicaba el intérprete poco antes del concierto.

Para Ambrosini, lo más difícil de tocar a Beethoven, es “mantener la concentración y la tensión desde la primera a la última nota porque de otra manera, se desmoronan la forma y el mensaje”. No obstante, el veneciano, con su habitual virtuosismo, dejó bien claro su concepto sobre la música del genio alemán. Lo demostró también la larga ovación del público.

Completó su repertorio con dos obras más: el concierto la 'Variationen', de Anton Von Webern, una obra dodecafónica compuesta en 1936 y una de las primeras partituras de este género que interpretó Ambrosini en su carrera. Además, el pianista estrenó la pieza 'Treno por Rafael Orozco', el homenaje que Carlos Cruz de Castro ha compuesto con motivo del vigésimo aniversario de la muerte del pianista español Rafael Orozco, “música de vanguardia, llegando al minimalismo”. 

Después del dúo soprano-piano de Irina Tymchuk y Bernadetta Raatz y tras el concierto de Ambrosini, el ciclo de música clásica de Bell´Arte Europa e Ibercaja finalizará el 28 de noviembre con un recital de Agata Raatz (violín) y Marcin Fleszar (piano).