Cien años de música en la Concordia

Culmina el ciclo de conciertos de julio con los que el Ayuntamiento ha celebrado el centenario de un templete en el parque que se estrenó en 1916 para la Banda Provincial.


Las bandas de música de Sigüenza y de Brihuega se suben este domingo al templete de la Concordia de Guadalajara para interpretar el ‘chimpún’ final del centenario de un quiosco que celebra los cien años desde su estreno, precisamente para albergar los conciertos de la Banda Provincial de Música.

El domingo pasado eran los músicos de la banda heredera de aquella otra, con la directora Nuria Matamala a la batuta, quienes participaban en este centenario musical que el Ayuntamiento de Guadalajara ha incluido en la programación estival ‘Las noches son para el verano’ y que ha contado con cuatro actuaciones en el templete durante los domingos de julio. Abrió la Banda de Sacedón el 3 de julio, siguió la Asociación Recreativa Musical de Cifuentes y han continuado la propia Banda Provincial y, este domingo, las seguntina y briocense.

Fue el 21 de mayo de 1915 cuando Ramón García, director de la Banda, presentó un escrito solicitando la inmediata construcción de un quiosco “con el fin de que los conciertos resulten más lucidos y el público pueda percibir mejor los acordes de la citada Banda desde todos los ámbitos del Paseo”.

Apenas unos días después el arquitecto municipal Francisco Checa redactó un proyecto de kiosco, cuyo plano puede verse actualmente colgado en las paredes de los pasillos del Consistorio. El visto bueno lo dio el Ayuntamiento en una sesión del 9 de julio de 1915, su construcción a base de hierro y ladrillo costó finalmente 7.530,80 pesetas y su estreno, ubicado en un extremo del paseo de la Concordia, se produjo en 1916, hace ahora cien años.

Remodelaciones

La música que entretenía las mañanas de los guadalajareños de principios del siglo pasado tenía ya una instalación ajustada a las exigencias de la Banda (las tardes, por cierto, eran para el cine al aire libre). El quiosco rompía la unidad conceptual que tenía inicialmente el paseo en el diseño del capitán-profesor Rodríguez de Quijano, como ha recordado el historiador Pedro J. Pradillo y Esteban en su libro ‘El paseo de la Concordia’ (Aache, 2015), donde ofrece los detalles de este proyecto, así como las posteriores reformas y añadidos.

Así, “en octubre de 1962 fue totalmente remozado y dotado de iluminación eléctrica”, colocándose un falso techo de cañizo que ocultaba la estructura metálica de la cubierta. Mientras, “en 1987 se eliminó aquel cielo raso, se sustituyeron las muy deterioradas chapas de la cubierta, y se reparó toda la estructura metálica, decapándola por completo y pintándola nuevamente”, según detalla Pradillo.

El templete, que ha visto desfilar desde entonces conciertos, misas, fiestas y mítines, ha cumplido este verano un siglo y lo ha hecho con música. Demostrando que desde hace cien años los conciertos son “más lúcidos”. 

 

 

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