Izal: isla con volcán

La banda madrileña agotó entradas en el teatro Buero Vallejo con un concierto enérgico, en el que repasó su último disco, Copacabana, y algunas de las canciones de sus dos anteriores trabajos. • Fueron dos horas de canciones que los fans siguieron desde el primer minuto levantados de sus butacas. • En el bis final, con 'El baile', se quedaron sin sonido y regalaron un bis más del tema, en el que Mikel Izal, el vocalista, se fundió con la multitud.


Izal son carne de festival y anoche se demostró en el concierto ofrecido en el Teatro Buero Vallejo, escenario un tanto acartonado para una banda que se disfruta mejor al aire libre. Pese a todo, llenó sus mil butacas. Nadie se sentó, eso sí. Desde el minuto cero, el público se puso en pie y no paró de aplaudir, corear las canciones, bailar y mecerse al ritmo del pop-rock que se gasta el quinteto madrileño.

Volvían a Guadalajara tras su paso por la primera edición del Festival Gigante. Serán ausencia en la tercera edición de la cita -“estaremos en carretera”, precisó Mikel, el cantante- asi que de alguna manera, con este concierto, saldan la deuda.

Sobre un escenario lleno de luces arrancaron potentes con 'Copacabana', el single de estribillo pegadizo que abre su último disco. Eligieron un repertorio variado que recorrió los tres discos que han publicado hasta la fecha. Pronto llegaron, por ejemplo, 'Asuntos delicados', que hilaron con 'En aire y hueso', 'Despedida' y ese eslabon que parece perdido llamado 'La piedra invisible'. Llegó entonces 'Prueba y error' con ese baile de tambores y detalle ska que estalla al final e invita, inevitablemente, a bailar y a gritar 'ésta será la última vez, está será la última'...

Con 'Arte moderno' y 'Extraño regalo' finiquitaron esta primera parte del concierto, más visceral y guitarrera, antes de entregarse a una calma momentánea. Se apagaron las luces, surgieron las lámparas, las pequeñas mesitas e hicieron viajar al respetable a la atmósfera de los pequeños bares, las pequeñas salas donde ellos empezaron a dar sus primeros pasos como banda. De eso va, en realidad, 'Copacabana', confesó Mikel. Han querido rendir un homenaje a los inicios, cuando tocaban en pequeñas salas, sentados y con poco público. Por eso, animaron a seguir apoyando a este tipo de locales, un gesto amable viniendo de una banda que ya vive de esto y es uno de los nombres que más se repiten en los festivales españoles.

Esta pausa fue uno de los momentos más dulces del concierto. Sonaron algunas de las canciones más deliciosas que tiene la banda: 'Sueños lentos, aviones veloces', con reminiscencia de ritmos sudamericanos, y la bonita 'Palos de ciego'. Entonces, Mikel preguntó: ¿hay algún mejicano en la sala? Algunos levantaron la mano... recordó así uno de sus conciertos en aquel país, donde uno de los espectadores le pidió 'Los seres que me llenan', tema que hilaron con 'Oro y humo', terminando con todo el auditorio cantando la pregunta final: "¿qué pasará cuándo alguien sople?" 

Llegaron los tambores de guerra, teñidos de sintetizador, con baile final simpático de robot de Mikel y después, 'Mi pequeña gran revolución', con la que hilaron el fin de fiesta... por el momento. La última escena de 'Lo que el viento se llevó' en la que Rhett Butler le dice a Scarlett O´Hara “francamente querida, me importa un bledo”, abrió la caja de los truenos para que sonara la enérgica 'Hacia el norte' (“huiremos hacia adelante y nadie nos podrá decir que huir ha sido cosa de cobardes...”). Después, llegaron las perlas: 'Mi continente', 'Agujeros de gusano', 'Magia y efectos especiales' y el talismán de 'La mujer de verde', su primer gran éxito, que la gente cantó a pleno pulmón.  

Aún quedaba el bis y no defraudaron: salieron con la preciosa ¡Qué bien! y con 'Pánico práctico' agradecieron el 'llenazo'. “Gracias por hacer de esta, una noche increíble”, dijo Mikel antes de iniciar 'El baile'. Todos los músicos dejaron sus lugares y en fila, llegaron casi hasta el foso. Mikel, micrófono en mano, bajó a fundirse con la multitud y en medio de la canción, se fue el sonido. Pero no parecía importar a nadie. El público seguía cantando a capella y a grito: “Habéis roto el teatro”, señaló simpático el cantante saliendo airoso de la situación. Parecía que todo había acabado así, desenchufados, pero el sonido volvió entonces y el baile, esta vez "baile 2.0", sonó de nuevo. Ahora sí, Mikel volvió a bajar del escenario y el abrazo fue mucho más fuerte: besos, selfies, fotos, una fiesta... gigante.