Puro y arriesgado flamenco con Menese y Larreal

Todo lleno en el Buero Vallejo para ver la XXIV edición de la Cumbre Flamenca de Siglo Futuro, que homenajeó a un Menese intenso, acompañado por la guitarra mágica de Carrión y finiquitaron los alumnos del Real Conservatorio Profesional MariEmma, de Madrid con tres números clásicos y arriesgados, de sobresaliente factura. 


Por la amistad que le une con la Fundación Siglo Futuro, José Menese admitió anoche ante un Buero abarrotado que se pegó un viaje desde Sevilla -donde había actuado la noche anterior- a Guadalajara. A sus 73 años, quizás ha perdido claridad en su voz pero aguanta la potencia y domina su garganta. Anoche cantó puramente, como él siempre ha defendido que hay que cantar el flamenco; sincero, junto a su inseparable Antonio Carrión, capaz de que mane el agua en cascada y aparezca un arcoiris luminoso, tan sólo con rasguear las cuerdas de su guitarra española. 

Carrión empezó solo, con un toque por bulerías en esta Cumbre Flamenca de Siglo Futuro que cumple 24 ediciones. La cita, como se encargaron de recordar el presidente de la Fundación, Juan Garrido, primero y un video después, ha permitido que por Guadalajara, hayan pasado flamencos, guitarristas y cantaores de la talla de Estrella Morente, Carmen Linares, Pepe Habichuela, Enrique de Melchor, Lole Montoya, Macarena de Jerez, Arcángel, José Mercé, Enrique Morente... y el propio José Menese Scott, en varias ocasiones.

Este año -el pasado no pudo venir finalmente por enfermedad- tocaba homenajar a este sevillano de La Puebla de Cazalla que se ha mantenido fiel, ortodoxo y purista, a pesar de haber sido tentado con la fusión que sí defendió y practicó Morente, por ejemplo, y de que eso le haya costado que las discográficas le hayan dado la espalda y no publique nada nuevo desde hace once años -lo último fue 'A mis soledades voy, de mis soledades vengo' (2005), inspirado en poemas del Siglo de Oro-.

El se rasga por dentro, "uno tiene que sufrir", ha defendido en alguna entrevista. Y eso sigue haciendo, aunque con la mesura que da el haber superado medio siglo sobre los escenarios. Anoche fue capaz de emocionar con la nana flamenca con la que decidió abrir su actuación y alegró el corazón cantando por tientos rodeado de Carrión y a las palmas, de Marta y Loli Heredia. Salvo algún oasis, firmó una actuación en la que el sevillano subía de grado a cada cante que daba. 

Tras hora y veinte de actuación, muy aplaudida por los espectadores, tomaron el relevo los jóvenes alumnos del Real Conservatorio Larreal de Madrid, dieciséis profesionales que deleitaron con tres números diferentes y donde mezclaron clásico y contemporáneo. 

Ofrecieron números de estupendas coreografías -preciosistas y arriesgadas-, con un vestuario cuidadísimo y una brillantez general. Excavaron en la tierra y ansiaron el cielo en un primer espectáculo que bien pudiera haber firmado un Lorca contemporáneo, con un guiño inequívoco y un homenaje al folclore, al canto popular; después, un dúo firmó un número más clásico, aderezado con las castañuelas de él y la maravillosa gracilidad de ella y finalmente, una última actuación más española y clásica de todo el ballet, con colores goyescos en las faldas, ella, y elegancia en el uniforme, ellos; y un sinfin de giros, de miradas, de pases... un ejercicio visual que en conjunto, fue un viaje al centro de la tierra lleno de belleza.

Artículos Relacionados