El Segontia Folk se queda sin billetes y casi sin rosquillas

La Musgaña agotaba entradas en la presentación de su último disco y el XXIX Certamen 'José Mª Canfrán' llenó el Pósito. • El público responde también en el espectáculo infantil y disfrutó con la Orquestina de la Abuela Pina en el baile-vermú. • 600 docenas de rosquillas se vendieron 'volando' la noche del encendido de la hoguera.


El Pósito, el teatro-auditorio de Sigüenza no dio más de sí en San Vicente. El XXIX Certamen José María Canfrán llenó la capacidad del espacio cultural más conocido de la Ciudad del Doncel y lo inundó con los sones de la dulzaina más tradicional. La Musgaña volvía a agotar las entradas del auditorio en la presentación de su nuevo trabajo, 'Si supiera que cantando…'. Con Birlybirloque, el Pósito se llenó de niños y en la víspera, la de la celebración del santo y el encendido de la tradicional hoguera, se vendieron en un periquete 600 docenas de rosquillas.

Ganó la dulzaina

Diferentes danzas, bailes de rueda, corridos se mezclaron en el 'XXIX Certamen de Dulzaina José María Canfrán' que abrió la programación musical de San Vicente. Como cada año, inauguraron esta muestra folclórica los 'Dulzaineros de Sigüenza', herederos del buen hacer de José Mª Canfrán. En la actualidad, el grupo musical lo integran Carlos Blasco, Juanjo Molina, David Serrano, Agustín Canfrán y José Antonio Arranz. Juntos siguen haciendo música a pie de calle por las localidades guadalajareñas que reclaman su presencia. Interpretaron unas Danzas de Molina y terminaron con un Pasacalles de Noviales (Soria).

Continuaron los 'Dulzaineros de la Cofradía de San Vicente', que proceden, fundamentalmente de la provincia de Segovia. El gaitero Alfredo Ramos, uno de los componentes, quiso destacar el "ambiente excepcional de este año en la fiesta de San Vicente de Sigüenza, empezando por la hoguera, en la que hubo una animación bárbara, con las calles llenas de gente y de música, que es lo bonito. Eso es lo que motiva a los gaiteros”. Abrieron repertorio con un baile de rueda, corrido, muy tradicional de la tierra de Segovia, recogido en el cancionero de Agapito Marazuela. Después, interpretaron una pieza curiosa, en la que Pablo Zamarrón, amigo personal de José María Canfrán, tocó una flauta hecha con cuerno de cabra, acompañado a la percusión  por sus compañeros con hueseras, para terminar con dos fandangos tradicionales interpretados con dulzaina, tamboril y bombo. “Son dos temas originarios de uno de los sesmos de la comunidad de la tierra de Segovia, que actualmente está en Madrid, cerca de la localidad de San Lorenzo de El Escorial, recopiladas por el maestro García Ramos”, explicaron.

'Tierra de Pinares 415' desglosó parte de su trabajo '415 los vértices de la esfera' siendo fieles a los patrones establecidos por la tradición a través de la selección de un repertorio basado en informantes de renombre como 'El Tío Tocino' y 'Mariano Contreras'. Pero, al igual que en su álbum, fueron un poco más allá, jugando con instrumentos como la guitarra y bajo eléctricos, y con armonías vertiginosas y arreglos sorprendentes. 

Los aragoneses 'Pasatrés' sorprendieron y encandilaron al público. Dos músicos con una amplia trayectoria en la música tradicional aragonesa, Jonás Gimeno y Diego Escolano, tomando como referencia sonora la formación de los gaiteros, interpretaron sobre el escenario de El Pósito músicas tradicionales de su tierra con dulzaina, gaita de boto, el chiflo, el salterio y distintas percusiones.

Juegos tradicionales y La Musgaña

La Plaza Mayor acogía el sábado por la mañana el 'bibitoque', con las tracas de petardos y el toro de fuego. De nuevo los 'Dulzaineros de la Cofradía', mezclados con los de 'La Travesaña' y los de 'Sigüenza', pegados a los soportales, se encargaron de la música. Los más osados se arrancaron a bailar. La ciudad, y los muchos visitantes que ha recibido este fin de semana, acudían al sonido de los petardos y los cohetes anunciadores, que se elevaban por encima de la Catedral. La Plaza se llenó de niños que recogían los caramelos que les iban arrojando los gigantes y cabezudos. El alguacil de Sigüenza, Juan Somolinos, salía, cada diez minutos, al centro del ágora, para efectuar el disparo de juegos japoneses. Al caer la tarde, los pirotécnicos Canfrán y Gómez Olalla, se convertían en las piernas y los brazos de los toros de fuego.

Y llegó uno de los momentos más esperados del fin de semana. El grupo de folk castellano 'La Musgaña' volvía, ahora en formación de quinteto, a tocar a la ciudad del Doncel. “Habíamos actuado en una ocasión anterior en el Parador”, recordó el bajista del grupo, junto a Jaime Muñoz  y Carlos Beceiro. El concierto fue presentado por el concejal de Turismo de Sigüenza, Oscar Hernando, que dio las gracias a la Asociación de Empresarios AES Sigüenza por apostar por un evento como este, “con vocación de continuidad, que reivindica los valores seguntinos, por lo que este Ayuntamiento siempre estará detrás, para colaborar”, dijo.

'La Musgaña' presentó en  Sigüenza un álbum muy especial titulado 'Si supiera que cantando', editado en el trigésimo aniversario del grupo. “El disco tiene algo de recopilatorio, puesto que repasa algunos de nuestros clásicos, combinados con temas inéditos. Todas son canciones cantadas, un proyecto nuevo ya que hasta ahora, lo que habíamos hecho era música instrumental, con colaboraciones puntuales a la voz”, valoraba Beceiro poco antes del concierto.

Sobre el escenario, los cinco músicos encandilaron al auditorio (300 personas, todo el aforo). Marta De la Aldea, con su voz personalísima, Antonio Toledo a la guitarra, con un swing excepcional, Sebastián Rubio, batería y percusión -también lo es de Radio Tarifa-, Jaime Muñoz  a los vientos y Carlos Beceiro al bajo, tocaron prácticamente por completo el nuevo disco, ante un público heterogéneo, que aplaudió cada una de sus interpretaciones.

Y con el retrato de Canfrán detrás, hilaron un tema tras otro, hasta meterse al público en el bolsillo. No faltaron las alusiones al querido compañero Quique Almendros, que no puede acompañarles ya en el escenario. Fue primero el público quien lo recordó con cariño. Depués los músicos le dedicaron uno de los temas e hicieron varias alusiones a su amigo. El concierto acabó con dos bises, y un agradecimiento por la apuesta del 'Segontia Folk', que mezcla la iniciativa pública con la privada.

Títeresy vermú con baile

La mañana del domingo ha comenzado con el espectáculo de la Compañía de Circo y Teatro Tiritirantes, presentando el espectáculo 'A su servicio', en un Pósito igualmente lleno, principalmente de niños. Para amenizar el vermú, el Segontia Folk ha programado además un concierto de la  Orquestina de la Abuela Pina, una formación que surgió hace tres años: “nos contrataron para hacer una corrida de toros, y pensamos que era poco tocar la dulzaina y el tamboril sólo, así que nos unimos a amigos que tocan saxofón, tuba y percusión, y preparamos unos arreglos para tocar las partituras de la banda en esta formación. Funcionó bien, y ahí quedó la idea. Al año siguiente nos pidieron que  amenizáramos  un baile de vermú en un festival de Cuéllar, de donde somos, y retomamos el proyecto. Preparamos un repertorio de bailables con esta misma formación, pero añadiéndole el clarinete", explicaba uno de sus integrantes, Alfredo Ramos.

Desde entonces, la Orquestina gusta mucho al público. Tocan piezas que datan desde el año 1915 hasta 1950, con la idea de recuperar el sonido de las antiguas formaciones que tocaban a pie de calle: "para ello hemos hecho un repertorio adecuado y muy divertido”, añadía Ramos. El origen de la Orquesta rinde homenaje a la abuela de tres de sus miembros, Agripina Benito, que cuenta con 100 años de edad y a la que le acompaña la salud. “Le gusta mucho que seamos músicos. En su vida ha disfrutado mucho con la dulzaina y la música en general, y siempre nos ha apoyado en todo. La abuela nació precisamente en 1915, por eso, nuestro repertorio hace un recorrido por los años que le ha tocado vivir a nuestra abuela, por la música tradicional del siglo XX. Hacemos la música que nuestra abuela ha escuchado y ha bailado, desde el sonido tradicional puro de dulzaina, hasta las orquestinas y luego lo más moderno”, señalaba.

El Segontia Folk ha cerrado este año con el concierto de Landeral. Soltxu R. Aguirresarobe, su percusionista y panderetista, explicó que el grupo “se ha juntado con el propósito de pasarlo bien y de hacérselo pasar bien a la gente y de dar a conocer la música cántabra”. Cantabria, por su ubicación, cuenta con una mezcla de ritmos heterogénea; “tenemos la gaita como en Asturias, la flauta de dos agujeros, acordeón, clarinete y la dulzaina, entre otros instrumentos”. El grupo pretende dar a conocer el folklore de una “provincia pequeña”, siempre bebiendo de la tradición, “que estudiamos cada uno desde nuestra musicalidad y disciplina”, y componiendo temas, “que siguen el patrón de los ritmos tradicionales de Cantabria”, aseguraron.

Landeral ha presentado en El Pósito su último disco, 'Subiu', “que es la forma en que los cántabros nos referimos a la acción de ponernos a cubierto, a buscar un refugio”, una palabra de allí, al igual que “landeral, que se refiere a un lugar donde hay muchas bellotas”. El grupo está muy satisfecho con el resultado de su trabajo, que han desplegado en directo con todas sus armonías y fuerza. Sobre iniciativas como el 'Segontia Folk', Soltxu ha dicho que "es magnífico que haya propuestas como ésta que desestacionalicen el folk del verano”.

La llama de San Vicente

Al son de la dulzaina se prendía el jueves la hoguera en la Plaza de San Vicente. Sobre las seis y media los dulzaineros subieron, tocando sus gaitas, por la calle Mayor hasta la Travesaña Alta. Pasaron por la Casa del Doncel y llegaron hasta la parroquia dedicada al santo. Allí, en la escalinata de piedra que da acceso a la iglesia románica, mezclados los gaiteros seguntinos y segovianos, todos dulzaineros de la Cofrafía de San Vicente, esperaron al párroco, Jesús Montejano. Mientras lo hacían, sonaba su música popular. Muchos fueron los que recordaron entonces a José María Canfrán, que junto a su redoblante, Carlos Blasco, retomaron el sonido de la dulzaina en Sigüenza. Ninguna otra música mejor para sentir la llama de San Vicente.

Sobre la siete de la tarde, el párroco acompañado por los dulzaineros, llegaba hasta el número seis de la Travesaña Alta, a la casa, con puerta de madera de doble hoja, en la que se venden las rosquillas del Santo. Según reza la tradición, el que debe ponerlas a la venta es la familia del hermano mayor saliente, Lorenzo Robisco. Montejano, seguido por los músicos, se encargó de rociarlas con el hisopo, derramando sobre ellas agua bendita.

A partir de ese momento, los seguntinos se ordenaban con paciencia en la Travesaña para comprarlas. Este año son obra del repostero Carlos Rupérez, de Pastelería Las Delicias. Se vendieron seiscientas docenas en un periquete. Con los beneficios se sufragan los gastos de la Cofradía del Santo, que integran en torno a 140 hermanos.

Para el hermano mayor saliente, Lorenzo Robisco, haber portado la insignia de la Cofradía “es un orgullo muy grande, porque es algo que sólo pasa una vez en la vida”. Robisco, que es cofrade desde que nació, afirmó que San Vicente “es la fiesta tradicional de Sigüenza, esencia pura de Castilla, y la mejor muestra de nuestras raíces religiosas e históricas”, al tiempo que reconoció sentir “una gran emoción” al escuchar a los gaiteros y recordar a Canfrán, porque “fue él quien empezó todo esto, que ahora continúa en el certamen que lleva su nombre y en el Segontia Folk”.

En la plaza de San Vicente lucía la pira, de casi tres metros de altura y realizada con troncos que arropaban a un pino de tamaño mediano, de cuyas ramas peladas colgaban naranjas y mandarinas. Dicen que son un homenaje al origen valenciano del patrón de Sigüenza. El encargado de prender la hoguera fue Enrique Mayor, uno de los hermanos cofrades. En pocos minutos, la temperatura, no especialmente baja el viernes en la ciudad, subía hasta hacer innecesaria la chaqueta. Las piedras de los edificios colindantes se teñían con el reflejo del amarillo y rojo de las llamas. Los niños, expectantes, se arremolinaban en torno a la hoguera. Esperaban el momento en el que los troncos se iban a convertían en carbón, para tiznarse con ellos las caras y tiznárselas de paso a los amigos.

Mientras, los Dulzaineros de la Cofradía apostados en la misma puerta de la Casa del Doncel, tocaban una pieza detrás de otra, acompañados por los tamborileros. Allí estaba la cantante y folklorista Vanesa Muela, que fue una de las primeras en animarse a bailar la jota, alrededor del fuego. Por fin cayó la hoguera, y los más valientes empezaron a saltarla. Se calcula que cerca de 1.500 personas participaron de la víspera de San Vicente.

Fotos: Ayto. Sigüenza.

Artículos Relacionados