Jeff Lorber Fusion, los magos del jazz

El teclista de Pensilvania firmó la noche del jueves el segundo de los conciertos del ciclo Jazz en el Moderno, con todas las entradas vendidas y hora y media de apoteósico smooth jazz. • Los constantes aplausos del respetable describieron un actuación donde brillaron además de Lorber, el saxofonista Eric Marienthal, el batería Gary Novak y el bajista Jimmy Haslip.


Tras abrir el miércoles la 28ª edición del Festival de Jazz de Badajoz, Jeff Lorber dejó a todos estupefactos en el Teatro Moderno de Guadalajara. Se volvieron a agotar entradas con la segunda propuesta del ciclo de jazz, un viaje por el smooth jazz y por el jazz fusion que lideró el teclista estadounidense junto a sus músicos de Fusion, músicos soberbios comoel inagotable batería Gary Novak y el saxofonista californiano Eric Marienthal, al que nunca pareciera que se le agotara el aire -exmiembros de la Chick Corea Elektric Band- y el bajista Jimmy Haslip (cofundador de la banda The Yellowjackets), que se marcó solos de infarto.

Los aplausos del público se sucedieron a cada paso, a cada solo de estos músicos a los que parecía manarles el jazz por todos los poros. Como si se lo bebieran. Como si fuera plastilina. Y los 200 espectadores disfrutaron de cada momento.

Lorber, nominado a sendos Grammys en la categoría de Mejor Álbum Instrumental Pop y de Mejor Interpretación Instrumental R&B, está considerado como un pionero del jazz contemporáneo. Desde 1977 'viaja' con Fusion. Aquel año editaron su primer trabajo, de título homónimo. En 2015, han editado 'Step it up', canción que incluyeron anoche en el repertorio junto a nuevas composiciones como 'Soul party' o 'Up on this'.

Este mago del teclado lideró grandes momentos durante la hora y media de actuación que se marcaron. Lorber, a dos manos, regalaba destellos con una mano en el teclado y con la otra, en el piano de cola mientras se medía en una simpática 'guerra' instrumental con Marienthal y su saxo tenor. En alguna ocasión, ha confesado que no sabe cantar muy bien y que la música es el vehículo que le permite expresar sus emociones. Anoche pasó. Sentado ante un teclado que fue un auténtico arcoiris de sonidos, Lorber consiguió que las estrellas sonaran al brillar, que brotara tímidamente el soul y se viviera una experiencia melódica con inspirados solos, una sensación fresca y armónica con la que ellos se sintieron a gusto y el público se deleitaba.

Se volvió a disfrutar de un magnífico sonido, en una noche donde además de jazz hubo mucho funky, algo de rhythm and blues, pop y un leve guiño final a la bossa nova, que apareció en el único bis que prodigaron. El tiempo corrió como la pólvora mientras se sucedía la demostración talentosa y sofisticada de estos cuatro instrumentistas norteamericanos, cuya presencia en Guadalajara se antoja, desde luego, un lujo difícilmente irrepetible.


Artículos Relacionados