Todos con el jazz

El Moderno colgó el cartel de 'no hay entradas' en el arranque del ciclo de jazz, que se estrenó este jueves en este teatro. • Marc Miralta, Javier Colina y el pianista francés Trotignon ofrecieron hora y media de concierto, transitando por el flamenco, el son cubano, versiones de Porter y Parker y temas propios.


El Moderno colgó el cartel de 'no hay entradas' en el arraque del ciclo de jazz, que se estrenó en la noche del jueves en este teatro. Un gran acierto. No sólo por la infinita mejoría en el sonido sino porque el Moderno se antoja un espacio menos frío y más adecuado para escuchar este género. Como en sus mejores tiempos y después de un injusto letargo, el Moderno volvió anoche a ofrecer a los espectadores su mejor cara, demostrando que está hecho para estos pequeños y deliciosos placeres. Llámemosle jazz. O teatro. O sesiones golfas, como las que arrancan este sábado una hora antes de que empecemos a vivir la madrugada.

No era difícil sucumbir al encanto de la propuesta. Firmaban la noche el navarro Javier Colina, contrabajista poderoso y brillante; el batería Marc Miralta, uno de los bateristas con más renombre en el panorama jazzistico español y el genial pianista francés Baptiste Trotignon, improvisador y creativo, que se estrenaba en Guadalajara, tal y como explicó en una corta intervención en español e inglés.

Ofrecieron juntos un concierto de hora y media, con bis incluido ante la insistencia del público, una actuación que pasó en un suspiro con ocho composiciones en las que fundieron el jazz con el flamenco, el son cubano y el saber tropical además de versionar piezas standard de jazz de Cole Porter, con quien abrieron o Charlie Parker, el elegido para cerrar la noche y que convirtieron en rumba.

Estos artesanos del jazz demostraron también su buen hacer como compositores, ya que sonaron temas del propio Miralta y de Trotignon, que en la recta final del concierto tocó en solitario la delicada 'Split'. Los bravos vinieron pronto y no era para menos. El gran Colina abrazó y rasgó su instrumento como si fuera una guitarra flamenca, como si fuera un 'tres' cubano, aunque grave. Como le daba la gana, sin miedo, conocedor de las infinitas posibilidades del contrabajo, que no fue mero acompañamiento sino un actor más junto al amplificado piano y la potente batería de Miralta. Todos regalaron solos y todos estaban "tan entusiasmados tocando..." -así lo confesó el baterista al final, agradeciendo la presencia del público"-, antes de iniciar esa cover rumbera de Parker llamada 'Moose the mooche'.

 

 

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