Melendi, el 'profe' guerrero

El cantante asturiano reunió a más de 5.000 espectadores en el concierto que ofreció la noche del sábado en las fiestas de Cabanillas. • Durante cerca de dos horas y media desgranó en directo su disco 'Un alumno más', aunque no faltaron éxitos como 'Caminando por la vida', 'Lágrimas desordenadas' o 'Calle La Pantomima'.


Melendi no es un alumno más. Es el pupilo aventajado de la clase, el profesor guapo por el que todas suspiran. En Cabanillas, anoche, en el concierto grande de sus fiestas, lo demostró con un concierto generoso, de casi dos horas y media, sin bises, con una puesta de escena de gran potencia lumínica, audiovisual y sonora. Sus fans -más de 5.000, según fuentes municipales- quisieron estar junto a su 'maestro' preferido, ese guerrero que 'engaña' con sus tatuajes -"no os dejéis llevar por esta apariencia", dijo- pero que debajo de su piel esconde un 'poeta' agridulce y cierto poso filosófico y doctrinal, aunque quiera ser Sabina o Robe Iniesta y estos sean de otro planeta, situado a millones de años luz. Da igual. Sus fieles seguidores se saben al dedillo sus canciones, se emocionan y lloran sus historias cantadas, narradas, que Ramón Melendi tizna de cercanía y realidad "para pintar las vidas de color y ternura".

Melendi cantó anoche, sobre todo, al amor, aunque supo distribuir bien sus grandes éxitos, esos que todos esperaban: 'Barbie de extrarradio', 'Calle la Pantomima', que llegó a la media hora de concierto y 'Caminando por la vida', que cantó acto seguido.

La actuación fue un camino por los estilos musicales que han hilado la carrera del asturiano desde que se diera a conocer en 2003 con 'Sin noticias de Holanda'. Aquel muchacho con rastas ha crecido, también como artista, tras más de una década en los escenarios. De la rumba al rock, con una cesión, en los últimos trabajos, a la instrumentación y los arreglos orquestales.

Abrió pasados unos minutos de la medianoche, con 'Tú de Elvis yo de Marilyn', el noveno tema de su último disco, que desgranó prácticamente al completo sobre el escenario. Con las luces apagadas, esperaba sentado en su sillón orejero a que las luces brillaran sobre el amplio set y dar la sorpresa, salir a la pizarra y darlo todo: "¡vamos! ¡vamos!", decía mientras se autobiografiaba con 'De pequeño fue el coco'. Agradecido por la complicidad del público -hubo quienes le pidieron vía pancarta que hiciera sus sueños realidad desde las primeras filas y quienes, de la emoción, soltaron alguna lágrima-, confesó ese 'Primer beso' algo contradictorio que vivió "con un dolor de mil demonios" y pronto cantó 'Septiembre', la historia de amor entre una profesora y un alumno -guiño a su profe de inglés, Luisi- y 'Colgado de la vecina', "a riesgo de que creáis que soy un enfermito", dijo simpático.

Anoche Melendi midió sus palabras y cantó más. "Si me enrollo mucho me lo decís", llegó a decir incluso. Sinceramente, se agradeció. El concierto de anoche superó la actuación que ofreció en la capital alcarreña en 2013 donde abusó de monólogos. El asturiano firmó en Cabanillas una actuación equilibrada en canciones y embellecida además por la voz en los coros de la cantante de Orihuela, Esmeralda Grao -un acierto-.

En su repertorio, incluyó varios medios tiempos y baladas, con momentos intensos, como la bonita 'El amor es un arte', el 'dramón' operístico de 'Saraluna' o 'Con sólo una sonrisa', que cantó a dos voces con Grao. Con este tema puso punto y aparte al concierto, pasada la una de la madrugada. Tocaba cambio de vestuario y amenizaron su ausencia con un video en la que la banda aparecía versionando en castellano 'La Historia Interminable'.

Cambió entonces la camisa blanca por otra negra y decoró sus vaqueros con tirantes caídos. Hubo lágrimas desordenadas, homenaje a sus seguidores -guerreros-, psicoanálisis -la religión de los idiotas-, jardines con enanitos y algunas canastas de baloncesto -algunas más afortunadas que otras-, que sirvieron para presentar la banda a ritmo de la banda sonora de Rocky Balboa.

La recta final la firmó con la historia de amor de 'La Promesa', canción compuesta a su amigo Pablo, que una noche de copas le preguntó, triste, por no encontrar a su media naranja: "¿somos impares, Ramón? Si no lo somos ¿por qué nadie me compra?" y se despidió con 'Tocado y hundido'. A las 2.22 de la madrugada, Melendi puso el grito en el cielo con su guitarrero manual de felicidad: 'Y de repente, desperté'..."Que no todos los sueños sean durmiendo, que no todas las despedidas sean amargas, que absolutamente todas las guerras sean en la cama". Y se fue. Así. Sin bises. Y todos después, con la lección bien aprendida.

Fotos: E.C.

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