Noche de rock y complicidad en el Ke Kaña

La IV edición del Festival Ke Kaña reunió a cerca de 300 personas en el Espacio Tyce con un menú musical que inauguró Complejo de Electra y se alargó hasta pasadas las tres de la madrugada con los gallegos Novedades Carminha.


El rock oscuro, ruidoso, veloz, complaciente, enigmático, irreverente y divertido lo inundó todo anoche en el Tyce en el Festival Ke Keña, una cita musical con identidad propia que en su cuarta edición reunió a cerca de 300 personas. Fueron casi seis horas ininterrumpidas de música que arrancaron con Complejo de Electra. Jugaban en casa y eso explica que hubiera un número más que respetable de espectadores cuando cerca de las diez sonó la fuerza de ‘Guiño’, uno de los once temas que integran ‘Antidisney’, primer álbum autoproducido de esta banda -con miembros de Guadalajara y Madrid- que el próximo sábado presenta su debut discográfico en la Sala Caracol madrileña. Su concierto fue bien medido, con composiciones cuidadas, alternando temas más rock con baladas y apretando el acelerador con piezas destinadas a bailar como ‘Puntos ciegos’. Con la voz de Dani Iraberri como uno de los claros puntales del grupo, Complejo de Electra rebosó corazón y mucha más energía de la que desprenden en su disco. Entregaron hasta un tema nuevo, ‘Sr. Peel’, y se despidieron con una tralla final que desembocó en ‘Cara B’.

Que tomen de su propia medicina: Pues sí, qué bien les sienta el mal. Tanto o más que a Klandestinos, que no dejaron tregua al personal y arrancaban desde el reservado de la primera planta con su reconocible aire de big band interpretando ‘Ritmo del garaje’, de Loquillo. Pareciera que el reloj se hubiera atrasado unas cuantas horas y fuera tiempo de vermú. En corro, en mitad de la sala -con un pequeño de no más de cinco años muy bailón y los de Jargemeister haciendo fotos con su polaroid-, la charanga hiló una tras otra versiones reconocibles de ‘Billie Jean’ –con una sonoridad digna de cualquier banda sonora de James Bond-, ‘Thriller’ o ‘Heal the world’, de Michael Jackson. Y también se atrevió con ‘Californication’, de los Red Hot Chili Peppers; ‘Una noche sin ti’, de los Burning; ‘Don´t stop me now’, de Queen y la simpática ‘Como yo te amo’, que inmortalizaran Rocío Jurado y Raphael. Se hizo corto.

Mientras hacían mutis hacia el backstage, Correos ya estaba sobre el escenario preparado para presentar ‘Seres’, su último disco. Parafraseando el título de uno de sus álbumes, la banda de Donosti no es lo que parece. Está más cerca de ser una especie de Dr. Jeckyll & Mr. Hyde, capaz de diseñar canciones pop rock efectivas como ‘Rubicón’ o la deliciosa ‘El fin del mundo’ e hilar después trallazos oscuros y veloces como ‘No creas las promesas’.

El cuarteto donostiarra, que pisará buena parte de los festivales indies del país y que volverá a Guadalajara en septiembre para el Gigante, desprende una energía pop con arreglos electrónicos que va transformándose en rock y que puede acabar reencarnándose en punki. Singles que sonaron anoche como ‘Todo el mundo necesita un corazón’ (dedicada a Lina Morgan, dijeron) o la bonita ‘Pánico’ (que bien podrían haber firmado Supersubmarina) definen mejor su último trabajo discográfico y revelan a un grupo de placentera digestión que nada tiene que ver cuando dejan manar una catarata de canciones potentes, irónicas e irreverentes que anoche finalizaron con la guinda de las guindas: ‘Snobs’ -con escupitajos incluidos-. Correos destruye pero también vuelve a nacer dando -lo avisaron- lo máximo en cada concierto. Damos fe.

PD.- Casi al término, el concierto se vio interrumpido por tener que cambiar una pieza de la batería y de forma improvisada, Fermín Bouza, el vocalista, se arrancó con ‘Blowing in the wind’, de Dylan, que animó a todos a corear.

Con la banda madrileña Havalina, cabeza de cartel de esta cuarta edición, llegó el éxtasis. Sonidos duros, oscuros, stoner rock servido en castellano por Manuel Cabezalí, que supo pisar el acelerador con sus cinco guitarras y los temas de ‘Islas de cemento’, álbum basado en el poemario ‘Manual para conductores borrachos’, de su hermano, J.J. Cabezalí. Olmos centenarios, cementerios de coches, lluvia, cristales rotos sobre asfalto mojado y relojes de pulsera con la esfera rota se sucedieron durante hora larga de sonido rock -a veces, altísimo- sofisticado y gotas de metal, muy cerca de las dos de la madrugada. Con ellos, buena parte del público botó, sudó, se desencajó y liberó tensiones. Cabezalí agradeció estar en el Ke Kaña -como secundaron todos los grupos- y aplaudió también a la organización, la asociación cultural Super 8, “porque se lo han currado mucho”. Y añadimos: por el control para que no se alargara excesivamente el festival –lo de cumplir horarios siempre es un reto en un evento así-, por cuidar tan bien los detalles -bocata y cerveza para la prensa- y por la propuesta: una muestra más del poder del asociacionismo local.

Antes de cerrar la cuarta edición del festival aún faltaba la divertida travesura de los gallegos Novedades Carminha, que se estrenaban en Guadalajara. Trajeron bajo el brazo su garage-pop pegadizo, con dosis punk, el mismo que imprimen en su tercer trabajo -‘Juventud infinita’- y que les define tan bien.

Aunque tocaron algunos temas de ‘Jódete y baila’, su anterior disco como ‘Pesetas’ o ‘Amor rural’, que dedicaron con referencia incluida a la Alcarria, su actuación se fue hilando básicamente con los temas de su nuevo álbum, lleno de preguntas nada filosóficas, gamberrradas y letras simpáticas (“desde que eres indie te noto apagada, tú antes molabas”), referencias sensuales y sexuales y estribillos inteligentemente elegidos, pegadizos, elaborados a base de guitarreos y hechos para el baile, como ese rollo mod que se marcaron con ‘Et moi, et moi, et moi’ o el de rock-surf de ‘La fiesta tropical’, uno de los últimos caramelos que sirvieron antes de dedicar uno expresamente “a las chicas de Guadalajara”, ya en el bis. Con su ‘Antigua pero Moderna’ rubricaron una actuación que logró que la gente se fuera con una sonrisa. Y eso, después de seis horas de música, no tiene precio.