El Barrio, canciones contra el viento

Noche de flamenquito, noche ventosa y friolera para las canciones cálidas de El Barrio, que reunió la noche del viernes a  2.000 espectadores en la plaza de toros, donde recaló con su gira ‘Hijo del Levante’. • Durante dos horas, desgranó su último disco y algunos de sus temas más conocidos como ‘Orgullo barriero’ o ‘Pa´Madrid’.


Noche ventosa y friolera para las canciones cálidas de El Barrio, que anoche hizo parada en la plaza de toros de Guadalajara con su gira ‘Hijo del Levante’. Unas 2.000 personas, según fuentes de Protección Civil, acudieron a esta cita con el gaditano, enmarcada también dentro de la programación de Qvixote 2015. Muchas de ellas con sombrero negro, el mismo que el de Cádiz no se quitó durante las dos horas de concierto y que se ponía a la venta a las puertas del coso de las Cruces junto a camisetas y otros objetos de merchandising del cantante. Ese sombrero que es mucho más que un símbolo y que forma parte de la ‘religión’ de los barrieros, que tienen “alma blanca como la espuma y son bohemios y soñadores”.

Antes de esta fiesta comunal de rock andaluz pero sobre todo, flamenquito, hay quien apuraba una cerveza en los bares cercanos, ya con el sombrero puesto. Otros hacían cola por las tres puertas de la plaza y a la que se accedía según el coste de las entradas: 33 euros –para los sentados en los tendidos y parte del ruedo- y 44, para los que disfrutaron del concierto bajo el mismísimo escenario.

Pasaban siete minutos de las diez de la noche cuando se hizo la luz y batería y percusión hicieron una demostración de fuerza rítmica antes de que toda la banda saliera envuelta en los aplausos del respetable. El Barrio arrancó con ‘He vuelto’, primer tema que abre su último disco y que resulta toda una declaración de intenciones: “he vuelto, ahora toca caminito de guitarras y sombreros… han pasado tres añitos, he sacado mis pendientes, mis camisas, mis vaqueros”.  

Alegrías, fracasos, y aire de Levante se conjuraron anoche en un concierto correcto, con un sonido mejorable -el viento no ayudaba- y donde el cantautor sirvió en directo muchos temas de su nuevo trabajo, aliñado con algunas canciones de discos antiguos. Se arrancó pronto por bulerías, quizás para entrar en calor –“no me digáis que los de Guadalajara tenéis frío… tenemos que hacer por entrar en calor”, dijo- y la interacción con el público fue continua, preocupado por que la fiesta no decayese: “¿cómo están los tendidos y el ruedo?”, preguntó.  El público respondía siempre a sus ‘tientos’ y a sus ecos de ‘eo, eo’ “el grito de guerra para saber si estáis despiertos o no”, confesó.   

Con ‘Mi amor’ y ‘Angel Malherido’ la gente se puso a bailar en el ruedo y hasta en la cola de los baños portátiles; olía a Cádiz y corría cerveza en lugar de rebujitos. El ritmo siguió con la flamenquita ‘En la calle del amor’, ese pequeño guiño a la rumbita sabrosa que es ‘Quiéreme’ -muy Peret- y ya enfilando la última media hora de concierto llegó  ‘Sr. Zapatones’, dedicada a los niños. Para ello, invitó a subir a una pequeña al escenario, con la que compartió micrófono en algunas estrofas.

Para las doce menos cuarto reservó su single más conocido, ‘Pa´Madrid’ -con la plaza cantando a coro-, que quiso unir con el alegre himno ‘Orgullo', una rumba perfecta para terminar contento, una especie de ‘código ético’ también que describe a esa especie "distinta", que se siente orgullosa de ser barriera. La banda se despidió minutos antes de la medianoche pero ante la insistencia, El Barrio volvió para deleitar con un único bis, ya con el viento soplando fuerte y el frío haciendo mella en el cuerpo. “Me voy satisfecho, orgulloso”, se sinceró al público, "a los que hacéis posible que podamos vivir de la música", a los suyos, a quienes había dedicado ya casi una veintena de cartas de amor. 

Fotos: E.C.