Fito y Fitipaldis: un directo que nunca defrauda

Tras el éxito de la primera parte de la gira ‘Huyendo conmigo de mí’ por España y América, Fito Cabrales y sus Fitipaldis han vuelto a tirarse a la carretera en un second round que este sábado hizo escala en Guadalajara, con un concierto de casi dos horas y media, en unas pistas de atletismo prácticamente llenas.


Las pistas de la Fuente de la Niña estaban como hacía tiempo no las veíamos. Los más puntuales ya habían tomado posiciones en el concierto de Los Zigarros, teloneros de la gira, que con su rock clásico hicieron cantar a los que conocían sus canciones y bailar a todos los que saben lo que es el rock and roll. Mientras tanto, los más rezagados hacían cola fuera para disfrutar de uno de los mejores directos de este país. Todos sabían a lo que iban. Por eso estaban allí.

Un enorme escenario ponía de relieve el caché de la banda. A los laterales, dos grandes pantallas que agradecieron los seguidores de las últimas filas; en el centro, otra sobre la que se proyectaría el espectacular montaje visual que nos tenían preparado.

La banda no se hizo de rogar. A las 23:05 salieron de sus tumbas los rockeros que nunca mueren. En la pantalla, la imagen de un cementerio, como recién salido de un cuadro de Friedrich, y los esqueletos que se hicieron carne con los primeros acordes de ‘Viene y va’. Empezaba el concierto.

El tema de apertura arrancó el primero de los muchos aplausos que se escucharon en las casi dos horas y media de concierto. El público se entregó desde el primer momento cantando todas y cada una de las canciones del repertorio, incluso cuando no se sabían la letra. Fito Cabrales y los suyos supieron meterse en el bolsillo a su gente empezando el concierto con algunos de sus temas más conocidos como ‘Por la boca vive el pez’. El bilbaíno, parco en palabras, saludó a Guadalajara e invitó a cantar a todos los presentes que, obedientemente, aceptaron sin dilación.

Sonó entonces ‘Lo que sobra de mí’ y su “bom…bom…bom”,  canción con la que presentaron su último álbum, ‘Huyendo conmigo de mí’. Un disco que, sin arriesgarse, ha calado entre los seguidores de la banda. Y es que el último trabajo de Fito y Fitipaldis es una continuación de lo anterior pero con ese toque de “perro viejo” que empieza a preguntarse por el paso de tiempo y por lo que pudo haber sido, pero que ahora, y más que nunca, se enorgullece de hacer lo que realmente le viene en gana. Como hacen los buenos rockeros.

Entre la espada y la pared’, primer single de este disco, dio paso a otras tan conocidas como ‘Me acordé de ti’ o ‘Cerca de las vías’. La banda supo contentar a todos: a los más aplicados con las canciones de ahora; a los nostálgicos con los temas de siempre; a los románticos con sus baladas; y a los rockeros, con sus guitarras.

Más de dos horas

Tras casi una hora de concierto, todos perdimos el miedo con ‘Corazón oxidado’, el embaucador hombre rojo que nos cantaba desde la pantalla y la guitarra de Carlos Raya. Esta canción marcó un punto de inflexión y algunos tuvieron que tirarse a la barra para recobrar fuerzas (aunque sin vino). Todavía quedaba mucho concierto por delante. 

Garabatos’ y ‘Quiero beber hasta perder el control’ precedieron a una tanda de nuevas canciones entre las que sonaron ‘Pájaros disecados’ y ‘Nada de nada’. Entonces Fito y su banda quisieron hacer un regalo a su público: un saludo desde Alcantarilla, donde habían estado días antes. Ahora le tocaba a Guadalajara saludar a los próximos, los de Ponferrada, y fue en ese momento, mientras grababan desde el escenario, cuando los espectadores se percataron de que detrás de ellos siempre había alguien más.

Tras esta parada, volvieron a sus instrumentos y se lanzaron con temas  como ‘Tarde o temprano’ y, el siempre bien recibido, ‘Soldadito marinero’ con el que salieron a la superficie mecheros, móviles grabando y manos entrelazadas. Fito Cabrales se desgañitó con “después de un invierno malo, una mala primavera” pero sin levantar los pies del suelo, más pausado y sensiblero que años atrás, pero con las mismas ganas de siempre.

El espectáculo continuó con las guitarras y el saxo de los grandes clásicos, y el piano que enterneció al público con ‘Nos ocupamos del mar’, uno de los momentos más mágicos de la noche en la que los melancólicos suspiraban, las parejas se abrazaban… y los amigos también.

El concierto tocaba su fin. La banda se fue, pero todos sabían que iban a volver. Reaparecieron con ganas, con ‘La casa por el tejado’ y, aunque se empeñaron en cantarnos ‘Acabo de llegar’, lo cierto es que se iban. Lo hicieron con un enorme “gracias” y la respuesta de miles de manos que aplaudieron un directo que nunca defrauda.

Fotos: E.C.