Boo Boo Davis: Blues en el corazón

El Teatro Moderno registró algo más de media entrada para ver al enérgico bluesman del Mississipi, que firmó un concierto de hora y media de blues crudo y eléctrico. • Guadalajara se ha incluido dentro de su gira española, la primera que realiza en nuestro país.


A sus 72 años, el bluesman Boo Boo Davis es un derroche de energía y electricidad. Anoche, en el Teatro Moderno, que registró algo más de media entrada, lo demostró junto a sus compañeros de escenario, un virtuoso Jan Mittendorp a la guitarra que disfrutó y se lució con varios solos y un incansable Johnny Boy Gerritse a los palos, que llegó a perder una de las baquetas ante la intensidad de su percusión. Pero el jefe era Boo, agradecido en cada canción a las ladies, los gentlemans y por supuesto, a su Dios, su guía, al que él llamaba Dave mirando al cielo.

De alguien nacido en el corazón del Delta del famoso río Mississipi, con una infancia rodeado de gente que cantaba en los campos de algodón y escuchando a los grandes -John Lee Hooker o Elmore James, entre otros- no se podía esperar otra cosa: una voz fuerte, sincera y excelentemente trabajada a lo largo de los años, que se plasmaba en cada canción servida, donde iba alternando cantos y armónica, el instrumento que comenzó a tocar con cinco años. Fue un concierto de hora y media, bien medido, que alternó blues más lentos con piezas que incitaban a bailar -al menos, fue irrefrenable mover las manos y dar palmas en más de una ocasión- y que el público -en su mayoría, de mediana edad y fundamentalmente, hombres- disfrutó.

Davis, de gira por España por primera vez -hoy actúa en Ciudad Real- enfundido en unos vaqueros negros con riñonera negra a la cintura y camiseta de manga a corta de verde intenso, a juego con una gorra que impedía verle la mirada, fue mucho más crudo y clásico en directo en sus discos -faltaba un piano, un saxo quizás- en una actuación en la que apenas tuvo guiños con el público, salvo sus continuos agradecimientos y en la que se retiraba sólo para dejar protagonismo en los solos a sus compañeros y volvía a ocupar su butaca para sacar el blues que le corre por las venas. El blues que impregnó con su inconfundible sonoridad el Teatro Moderno, con su noveno disco bajo el brazo 'What kind of shit is this?' -el que su guitarrista no dudó en vender nada más terminar la última nota y llovieron los aplausos y la gente se ponía de pie, en una sensación ciertamente agridulce-. El blues eléctrico que llegó y dejó a todos con la sensación de que no era jueves y la fiesta debía continuar.

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