Violín y piano, emoción y razón a dúo en El Pósito

El dúo Karolina Michalska (violín) y Jesús Pinillos (piano) interpretaron en El Pósito un repertorio basado en el “contraste” de emoción y razón con músicas entre el XVIII y el XX de compositores como Maurice Ravel o Mozart.  


Sigüenza acogió el sábado uno de los duetos más característicos de la clásica, violín y piano. Sonaron en El Pósito de la mano de la violinista polaca Karolina Michalska y el pianista Jesús Pinillos”, un “contraste de emoción y razón” a través de piezas “compuestas en el siglo XVIII y XX”, explicó la intérprete de Poznań. Violín y piano formaban dúo habitualmente en el siglo XIX. Explica esto el amplio repertorio que existe con ambos instrumentos. Lo demostró Michalska junto al tinerfeño Pinillos, compañeros durante varios años en el Conservatorio de Salamanca pero que se estrenaban en Sigüenza como pareja en el escenario. Juntos interpretaron obras del Clasicismo, Romanticismo y siglo XX, además de tres sonatas en sol mayor y una obra muy virtuosa para violín.

El concierto, prologado por la pianista Bernadetta Raatz, presidenta de Bell´Arte Europa y afincada en Sigüenza, se inició con ‘Sonata para piano y violín KV 301 de Mozart’, “una partitura con un idioma musical muy claro y bien formulado”, afirmaba la concertista. Continuó con la “emocional y expresiva” ‘Sonata para violín y piano’, de Maurice Ravel y con la ‘Sonata para violín y piano de J. Brahms’ que, admitieron “nos trae de vuelta a la tradición alemana, en este caso del siglo XIX”. El concierto se cerró con la obra ‘Caprice d'après l'Etude en forme de Valse’, del violinista belga Eugene Ysaÿe, con arreglos de Camille Saint-Saëns. “Nuestra idea ha sido la de contraponer dos estilos, frío y calor, emoción y razón”, explicaba la violinista.   

Michalska remarcó la tranquilidad, monumentalidad y los alrededores de Sigüenza, una localidad, admitió, que “esconde joyas naturales y arquitectónicas que voy descubriendo poco a poco”.  La polaca terminó sus estudios musicales en Poznań y viajó a España para ampliarlos en la prestigiosa Escuela Reina Sofía.  Su compañero al piano, Jesús Pinillos, formado en España y Estados Unidos, coincidía en su apreciación sobre la ciudad: “Me parece un tesoro de lugar”.