El difícil arte de tocar el piano a cuatro manos

Bernadetta Razzt y Brenno Ambrosini actuaron este fin de semana en El Pósito de Sigüenza con un repertorio que incluyó a Debussy, Clementi o Wagner. • Los intérpretes, que el lunes actuaron también en Guadalajara, revelan aquí las complejidades de compartir teclado con otro pianista.


Los pianistas Bernadetta Raatz y Brenno Ambrosini interpretaron en la tarde del sábado en el Auditorio de El Pósito de Sigüenza un concierto a cuatro manos en el que incluyeron obras escritas originalmente para ser tocadas a cuatro manos. Sobre el mismo teclado, Bernadetta tocaba los agudos, mientras que Brenno hacía lo propio con graves y pedales.

Formar dúo con otro pianista tiene una dificultad extrema. Es mucho más fácil hacer pareja con cualquier otro instrumento, como la voz o el violín, por dos cuestiones. La primera es el ataque del sonido. El piano suena cuando, impulsado por la tecla, el martillo golpea la cuerda, por lo que el origen del sonido es preciso, dejando al descubierto cualquier fallo de coordinación”, explicaba Raatz. La segunda dificultad es física: “Sólo hay un teclado para dos cuerpos. Los pianistas debemos encontrar el espacio para las cuatro manos”, añade la pianista polaca, a lo que hay que añadir que el vuelo de los dedos ajenos “puede despistar el curso de los propios”, prosigue.

Según Raatz, hay pianistas magníficos que, bien por incompatibilidad física, bien por tener conceptos musicales diferentes, no pueden tocar juntos. “Cruzan las manos de manera descoordinada, se estorban y las piezas no salen. También pasa que, por mucho que ensayen, no tienen el mismo tempo en el ataque de sonido”, valora. Por todas estas razones, los conciertos de piano a cuatro manos no son frecuentes. “Además, algunos musicólogos desprecian el género porque surgió en el siglo XIX, como divertimento de la alta sociedad o de las cortes europeas”, explica la polaca.

Máxima compenetracion

Aunque todas las obras que interpretaron este sábado están escritas para ser tocadas en este formato, “hay que improvisar, porque el autor no dice en su partitura que parte toca cada uno, depende de muchos factores, como el tamaño de las manos o la longitud de los brazos de los intérpretes”, sigue Raatz. Por eso es fundamental el ensayo. “Brenno y yo compartimos la misma técnica pianística y concepción del piano, y eso facilita las cosas”, sigue.

Raatz y Ambrosinni comenzaron con M. Clementi (Sonata en Do mayor Op. 14 nº 1). “Se supone que es la más fácil, la tocan los niños del conservatorio mientras se forman, pero hay tan pocas notas y es tan limpia, que no admite errores. Si algo no funciona, estás desnudo”, dice Ambrosini. La primera parte del concierto terminó con Franz Schubert (Fantasía en fa menor D. 940), “una obra muy conocida y de una dificultad extrema ya en sí misma, que aumenta interpretada a cuatro manos; en este caso, mientras tocamos cruzamos muchas veces las manos e incluso compartimos la melodía, uno toca la primera nota y el otro la recoge”, explica Raatz.

Tras el descanso, en la II Parte, el dúo comenzó con los “Six Épigraphes Antiques”  de Claude Debussy, “uno de los impresionistas de la música”, valora Raatz. Como tal, la última parte de la pieza la compone el espectador en su cabeza. “La interpretación tiene que parecer libre, hay búsqueda de sonido y juego de pedal o, lo que es lo mismo, llevar a la música el concepto de esa pintura, con lo que tiene una parte improvisada, que si no estás en la misma línea que tu compañero, no sale”, valora Raatz.  En una de las piezas de Debussy, la pareja cambió el guión inicial, por coordinación, de manera que Brenno tocó la parte de Bernadetta, y viceversa.

El concierto terminó con la Ouvertura de “Tannhäuser”, “una obra que mucha gente piensa que es una adaptación, cuando no lo es, es una obra original de Wagner para tocar a cuatro manos”, dice Raatz. “Es una obra espectacular, con muchas notas que recorren el teclado completo en segundos, con lo que en este caso, el principal problema es la dificultad física. Cuando la toca una orquesta, parece que se va a caer el auditorio, nosotros tenemos que hacer que parezca que vamos a romper el piano”, termina Raatz.

El concierto es el segundo que convoca en el año 2015 la Asociación Bell´Arte Europa. En el comienzo de esta semana lo interpretaron en el Auditorio de Guadalajara. Esta misma semana lo harán en Salamanca, y el jueves, en el Auditorio Nacional de Madrid. En el inicio del concierto, como siempre hace, Raatz mencionó a todos los patrocinadores de Bell'Arte Europa, uno de los cuáles es el Ayuntamiento de Sigüenza.