Zhenya Strigalev, la jungla del jazz

El sexteto Smiling Organizm, que lidera el saxofonista y compositor ruso afincado en Reino Unido Zhenya Strigalev, ofreció en la noche del jueves el segundo concierto del ciclo Jazz en el Tyce. • De nuevo, se agotaron las entradas. • La actuación, de hora y cuarto, sirvió para disfrutar de las variopintas estructuras rítmicas del saxofonista ruso que bebe de una amplia gama de estilos. 


"Me gusta ser libre pero uso el lenguaje adecuado". La frase, del propio Zhenya Strigalev, define a la perfección lo que se pudo ver anoche en el escenario del Espacio Tyce, lleno de nuevo en la segunda sesión de jazz del ciclo de noviembre, para escuchar a este joven saxofonista ruso de 34 años afincado en el Reino Unido, que se acompañó de la Smiling Organizm, el nombre de bautismo de su actual proyecto musical, rico en matices, tejido con estructuras rítmicas variadas y sólidas y una amplia gama de estilos que van del groove al funk, del soul al pop, del bebop al post-bop, del swing al free jazz… siempre sin salirse de la senda 'mainstream’ donde se mueve con absoluta libertad e inteligencia creativa. 

Pareciera que anoche asistiéramos a una jam session continua. Pero no. Es que la música de Strigalev es una fiesta de notas y de ritmos, que usa a su antojo para firmar piezas largas donde predomina el bass, funde su saxofón con la trompeta y no deja de lado prácticamente ningún estilo.

Strigalev practica el free jazz, siendo muy imaginativo en las composiciones de este proyecto completamente coral donde se rodea de grandes músicos –“mis impresionantes y asombrosos músicos”, los presentó-. Esto es: el bajista eléctrico Foley (lo fue de Miles Davis durante tres años)  -huidizo, siempre tocando de espaldas al público y con la capucha de su sudadera puesta o bien, escondido cuando no tocaba-, el contrabajista hindú Harish Raghavan; el poderoso batería Gregory Hutchinson, el pianista británico Liam Noble y el trompetista cubano Carlos Sarduy, que deleitó con solos y en formato dúo con Zhenya. No faltaron guiños a su país, como ‘Fletcher’ ni melodías aterciopeladas –ya en la recta final sonó ese ‘nocturno sensitivo’-, ni el tema pop-jazz ‘Anchovies’.  

Enriquecido como músico en la escena jazz de Londres y Nueva York Zhenya fue elegido, con tan sólo 17 años, mejor saxofonista de jazz de su ciudad natal, San Petersburgo. Se sincera y dice que siempre le ha fascinado el jazz y creció escuchando y aprendiendo de Charlie Parker, Sonny Rollins y Coltrane y que cree ciegamente en la fusión de talentos, en mostrar sus emociones para que otros –su proyecto es de formación rotatoria- las desarrollen. 

Esos sentimientos tan coloridos pasaron como un suspiro, en apenas hora y cuarto y supo a poco. Recibió los aplausos tibios de un público que sólo pareció apreciar algunos solos por parte del trompeta y el propio Zhenya y que pareció arrepentirse al final, cuando el compositor e intérprete dio las gracias por haber venido y todos se fueron. Una gran mayoría optó por levantarse entonces mientras hubo quien pidió un bis entre aplausos y silbidos insistentes. Al final, Zhenya salió junto al batería para marcarse la despedida. Lo hicieron con mucho swing, claqué a los palos de Gregory Hutchinson -un verdadero mago con las baquetas- y Zhenya dejando el alma; y a la postre, una sonrisa y un abrazo entre ambos antes de desaparecer tras la cortina roja. 

Fotos: E.C.

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