Thomb: el rock de los ‘pájaros mágicos’

El grupo alcarreño, surgido a raíz de la afición de sus guitarristas por el baloncesto, ha publicado su primer LP con producción profesional y sonido de rock de los noventa. • El cuarteto ha apostado por el crowfunding para editar un trabajo con diez temas que el viernes presentaron en sociedad en el bar El Inquilino. • La banda lo estrena en directo el próximo 7 de junio en la tercera edición del Ke Kaña Festival.


Las canciones de Thomb hablan de seres solitarios perdidos en los laberintos de la ciudad o en agujeros negros, de retoños de 40 semanas que irradian luz, de átomos locos.  Son pequeñas historias. Como las que hay detrás de cada uno de los miembros de este grupo alcarreño que acaba de publicar su primer disco: el chaval que toca la batería y rebota de local en local de ensayo, un bajista que escondió sus capacidades vocales para no traicionar su pasión por el bajo o dos ‘tiarrones’ de casi dos metros unidos por el grunge y el baloncesto.

El principio de la historia es el final de la carrera de baloncesto de Diego Pérez, alero madrileño que defendió la camiseta del Rayet Guadalajara durante ocho temporadas. Con 35 años las molestias físicas no le permitían jugar cómodo sobre la cancha. El 21 de abril de 2010 se despedía "un guerrero que siempre estará con este equipo”, dijo en su última rueda de prensa, pero se abría otro camino: “colgué las botas pero descolgué la guitarra”, admite.

Alberto Sanz (presidente del incombustible Cineclub Alcarreño) era incondicional del Rayet y fan de Diego. La admiración aumentó cuando descubrió sus gustos musicales: nada de hip-hop, tecno ni reggaeton. Al carismático y completísimo alero morado le gustaba el grunge pero, sobre todo, Pearl Jam. Como a Alberto. 

En una fiesta del Rayet, ambos coinciden y se confiesan: los dos tocan la guitarra, los dos aman el rock. Meses después se reencuentran en el bar Ke Kaña y nace Thomb, un grupo que lograría una formación estable en dos años y que ahora acaba de autoproducirse su primer largo, ‘Mirror maze’, un álbum con diez temas que combinan rock duro y medios tiempos y que filtran la amplia influencia de sonidos de los noventa hasta lograr el suyo propio. Para llegar a tener el cd en las manos, han derrochado muchas ganas y han tenido que tirar de confianza, que para eso están los amigos. El 23 de mayo presentaron oficialmente el álbum a la prensa con una fiesta en el bar El Inquilino. El día 7 de junio lo estrenarán en directo en el III Festival Ke Kaña que organiza la Asociación cultural Super 8. 

En busca de la voz cantante

Lanzarse a esta aventura no fue fácil. Lo admiten humildemente. Tenían mucho que aprender y, además, necesitaban compañeros para cerrar el círculo. El grupo tomó forma definitiva con la llegada de Manu, tercero en discordia: un batería ‘vagabundo’, autodidacta, de Cifuentes, que tan pronto tocaba solo como con grupos y que acostumbraba a bajar a la zona de locales para ensayar en solitario. Animado por una amiga, un día llamó a la puerta del local en el que ensayaban Diego y Alberto: pasó, tocó y venció. En su caso no había afinidad musical pero “hubo muy buen feeling”. Algo que resulta natural con Manu, que responde casi siempre a cada frase con una sonrisa. 

El último en llegar fue el bajista Paco Bandrés, otro cifontino aunque afincado en Coslada. Tras estar “sufriendo” cinco años en un grupo de jazz, confiesa que se quedó en Thomb más por “afinidad personal que musical”. En junio de 2011 ya estaban todos.

La salida del teclista y del cantante les sumió en un “proceso de cambio” y lo más importante, les dejó sin voz: “Estábamos desesperados porque no encontrábamos a nadie”, recuerda Alberto. Pero el futuro vocalista estaba dentro: “alguien me dijo que a Paco le habían oído cantar en las fiestas de Cifuentes y que lo hacía bien”, señala Manu. Así que a pesar de las resistencias de Bandrés -“es muy complicado cantar y tocar el bajo, y además me exigía adaptar algunas líneas de bajo”, admite-, el último en llegar acabó por asumir la voz cantante. La prueba, casi casual, un día de ensayo, convenció a todos.

‘Mirror Maze’

La formación definitiva del grupo supuso también un cambio en el repertorio: dejaron a un lado las versiones y comenzaron a componer temas propios. A ocho manos, reconocen, aunque el primer chispazo lo suele aportar Diego con alguna estructura melódica, y con letras en inglés (no hubo mucho que debatir al respecto) escritas entre Alberto y Paco, casi siempre reflejando la áspera experiencia de la realidad: en sus textos, cargados de simbolismo, “hay más de cabreo que de indignación”. 

El resultado es visible en la selección de diez temas de ‘Mirror Maze’, donde arrancan con tres canciones de sonido grunge -imposible no acordarse de Nirvana en la pegadiza ‘Don´t hurt me instead’- para dar paso luego a la brutal ‘Brother’ y a renglón seguido, a dos temas más templados, 'Brother' y la bonita y delicada ‘Little great heart’, siguiendo por diferentes registros, siempre con un sonido muy trabajado y generoso en arreglos, hasta acabar con la elegante ‘Untold’ –carta de presentación- y el remate final, una píldora relajante titulada ‘Crazy atoms’. Diez canciones, no más. “Teníamos claro que un primer disco tenía que ser corto”, asegura Alberto.

“Con 38 años, tenemos la ilusión intacta”, remarca Diego. Este disco ha tirado de ganas y de la confianza de los colegas casi a partes iguales. De las ganas habla su forma de entender la música (también en directo: “tocamos como si tuviésemos 19 años, lo damos todo y acabamos destrozados”), pero también la profesionalidad con que intentan aprovechar las horas de ensayo y composición. Después de un EP anterior muy casero, Thomb quería buscar un largo con factura profesional y por eso acudieron al productor Diego Miranda, Sr Diéguez, compositor y bajista de El Gran Bonobo, que consiguió elevar el resultado: “Digamos que el disco estaba al 60%. Él ha puesto el 40% que le faltaba”, dice Diego. También tienen palabras de agradecimiento a David Acero, el técnico del estudio: “tranquilizaba mucho tenerle a nuestro lado, porque siempre hay momentos de crisis”. La andadura del trabajo ha llevado ocho meses de preproducción, grabación y postproducción.

Cien mecenas 

Pero además de ganas ha hecho falta inversión. De los 4.600 euros que ha costado el proyecto, una tercera parte la han puesto de su bolsillo, otra ha venido de lo ingresado por los conciertos (“todo lo que sacamos lo reinvertimos en el grupo”, explican) y otra parte ha llegado mediante una campaña de microfinanciación entre amigos -descartaron las plataformas conocidas porque no les convencían del todo- a la que respondieron 100 ‘CrowdTHOMBers’, que a cambio, han visto estampado su nombre en el libreto del disco que ya han recibido.

El apoyo también les ha llegado a través de familiares -Marta Pérez Valentín, la mujer de Diego, se ha encargado del diseño- y de más amigos, que han cedido las fotografías que ilustran las canciones, cuyas letras  han querido plasmar en castellano y en inglés. 

Y así hasta hoy, en que el trabajo continúa con una promoción que también cargan sobre sus hombros, con ganas, ante todo, de hacer lo que más disfrutan: presentar su disco en los escenarios. 

Thomb filtra cantidad de sonidos de toda una generación, la de quienes eran insultantemente jóvenes a principios de los noventa, cuando el ‘dream team’ se hartó a canastas en Barcelona y luego, en los bares, sonaba el grunge de Seatle, el trash de Metallica, el rock más dócil de los U2 y los primeros acordes del brit-pop. Estos cuatro alcarreños pueden presumir de ser fieles a sus ideales y verdaderamente independientes: se desmarcan de la mayoría que hoy suena a Vetusta Morla y reivindican su propio sonido, el de The Temple Of Magic Birds. Para que lo recuerden mejor: Thomb.


Thomb son Paco Bandrés (voz y bajo), Diego Pérez (guitarra eléctica, acústica y coros), Manu González (batería) y Alberto Sanz (guitarra eléctrica). Su primer disco es 'Mirror maze'.

Thomb: 'Untold'