Los ‘secretos’ de la Movida Alcarreña

Este jueves Los Secretos homenajean a su batería alcarreño Pedro A. Díaz, muerto en accidente de tráfico hace treinta años. • Como en Madrid, la ciudad también tuvo sus templos juveniles - el Chaplin-, y sus figuras musicales, como este batería, el bajista de Los Pistones y grupos locales como Scooter, Antifaces y Los Zetas. • El vínculo de Los Secretos, que combina alegrías y sinsabores, asoma permanentemente en esta mirada al pasado.


Pocos saben que los ritmos del estribillo más conocido de Los Secretos comenzaron a fraguarse en el colegio Salesianos. Allí, codo con codo, un pupitre junto al otro, dos escolares que soñaban con tocar la batería, Jesús Ropero y Pedro Antonio Díaz, simulaban los compases que más tarde se dejarían escuchar en el estribillo de ‘Déjame’ y algunas otras canciones del grupo de los hermanos Urquijo.

Ambos músicos vivieron años más tarde la Movida. Pedro Antonio Díaz llegó incluso a formar parte del grupo en 1980, hasta su muerte en un accidente de tráfico en mayo de 1984. Años después, cuando su colega Jesús escucha la batería de aquellas primeras canciones, rememora los primeros escarceos musicales de 5º y 6º curso. 

La banda madrileña contaría con más colaboradores arriacenses, tocó en la ciudad durante varios momentos de aquel apogeo juvenil y se ha convertido, con el paso del tiempo, en el grupo de popularidad nacional que más vinculación ha tenido con la ‘Movida Alcarreña’.

Porque ‘la Movida Alcarreña’ existió. 

Aunque el polo de atracción indudable de los primeros ochenta fuese un Madrid liberado de las ataduras de la dictadura que encontró en la música una de las fuentes más torrenciales para desinhibirse, aquí en la Alcarria, a apenas cincuenta kilómetros de distancia, se respiraba un ambiente muy similar. Si la música estuviese hecha de luz en vez de sonido, se diría que se estaban viviendo los años del paso al color desde el blanco y negro. 

Nombres propios

El desembarco de Pedro Antonio Díaz en Los Secretos y, por las mismas fechas, del bajista Juan Luis Ambite en Los Pistones fue el detonante de la movida en la pequeña ciudad. También el seguntino Alberto Pérez aparecía por aquellos años junto a dos genios y figuras, Joaquín Sabina y Javier Krahe, en La Mandrágora. Fueron los tres nombres propios de un movimiento musical mucho más amplio, que también aquí fue generoso en nombres y sonidos, que levantó sus santuarios y que tuvo su bautismo de fuego en un concierto en Salesianos que en 1982 reunió a varios grupos en una actuación a beneficio de los damnificados de una catástrofe en Levante.

“A partir de ahí comenzó todo”, comenta José de Lucas, miembro de algunos de aquellos grupos como Scooter y 40 Grados y que actualmente mantiene un proyecto fiel a aquel sonido, Estudio 80, y prepara un libro sobre la Movida en Guadalajara.

“Si en Madrid se tiene como inicio de la Movida el concierto en homenaje a Canito en la Escuela de Caminos, aquí fue éste en Salesianos”, asegura. Actuaron los “pioneros”, como los llama: Scooter, Loza...

Relación intensa con Madrid

A partir de entonces, comienzan a brotar proyectos musicales y la fluida relación con Madrid resulta imparable, en ambos sentidos. Para Raúl Herranz, fundador de Escarcha junto a Pedro A. Díaz, este fue “el puente” principal; aunque, a su juicio, en Guadalajara hubo muchos artistas que incluso se adelantaron a la explosión que vivió la capital española: “la movida madrileña fue en democracia y la nuestra en la dictadura: la muerte de Franco nos pilló [se refiere a Escarcha] casi tocando en un barco; nosotros empezamos con 16 años, en el 72-73 y anteriormente ya hubo algunos grupos como Sensación 4”. 

En cualquier caso, hubo “trasvase”, como dice Herranz. Lo reafirma a su vez De Lucas: “Había mucha relación con la Movida Madrileña; en primer lugar, por la cercanía a Madrid, pero también porque los músicos de aquí íbamos a sus locales para vivir lo que estaba sucediendo”, relata el músico de Scooter y 40 Grados, que en bares míticos de la época conoció a artistas como Antonio Vega y compañía, de Nacha Pop.

Si la música y la estética de esta generación rompía con los moldes en capitales como Madrid, lo que sucedía en Guadalajara era “muy sorprendente: imagínate que un matrimonio pasase entonces por La Concordia y viese a sesenta o setenta chavales con esos pelos, esos pendientes…”, se sonríe ahora.

La relación entre los chavales alcarreños con los grupos de Madrid era de total vecindad: “Había mucha gente de Guada allí, por ejemplo en los míticos locales de ensayo de Tablada, 25, en Tetúán, donde estaban Pedro, Ambite, Luigi, Díaz Señor, los Valero de Musical Express… había mucha relación, pero no sólo con el pop”, recuerda Ropero, exbatería de Azimut.

Los garitos de referencia

Si hubo un templo de la Movida Alcarreña fue el Chaplin, que programaba actuaciones. Su recuerdo
sobrevive en todas las remembranzas de la época. Y si hubo un camarero que estuvo al pie de cañón en los bares de referencia fue El Maño, fallecido el pasado mes de marzo. Su hijo, Jacinto Solanas, recuerda ahora que el hostelero llegó desde Madrid “para servir ‘combinados’, ‘cubalibres’ y demás tipos de bebidas espirituosas y se instaló”. De día trabajaba en La Murciana, pasó también por el Hogar Extremeño o la bolera, pero “las noches se cerraban en El Chaplin”. Y “cuando la música y juerga vibraban, teníamos actuaciones de Sabina, de Tamariz… de Alaska en La Concordia…”, rememora Solanas, entonces un niño: “Con cuatro años no conocí la movida alcarreña, pero sé que fue la novia de mi padre”.

El Chaplin, situado en la calle Alvar Fáñez de Minaya, en pleno centro, fue uno de los principales locales de la vida nocturna de los ochenta, como también lo fue el Money, que abrió el bajista Ambite en la Cuesta del Matadero, o El Compás, en las proximidades del colegio de los Maristas. En unos y otros convivían poperos con punkis –en Guadalajara despuntó el grupo Apártate Ke Piso Mierda– y los moods, una tribu urbana muy nutrida en la ciudad.

La canción ‘Niño mimado’ compuesta por Enrique Urquijo y Pedro A. Díaz hace referencia a otro alcarreño, Susi Pastor, que regentaba precisamente uno de estos locales de referencia, el Bambú, en la plaza de San Esteban. La anécdota vuelve a remarcar, una vez más, los vínculos entre la Movida a uno y otro lado del Corredor del Henares.

“Locales había: en la calle Museo, una sala de fiestas que luego fue una bolera; pero también en los pueblos grandes, salas de baile; en Cabanillas era en el cine, en Yunquera, en Marchamalo… y en verano, terrazas al aire libre… Nos gustaba mucho tocar a todos en la piscina municipal”, recuerda Herranz. Y, una vez más, saltándose la frontera con Madrid: “También tocábamos en Arganda, Torrelaguna…y había grupos de Alcalá que venían aquí igual que nosotros íbamos allí. Recuerdo un grupo muy bueno, Los Chapecos, que metieron un bajista americano y encima cantaban en inglés de maravilla”.

Algunos conciertos memorables

Resulta imposible abarcar toda la ‘movida’ en unas líneas. En su blog Guada Música Radio, Chiqui Valero ha recordado también algunas anécdotas, como que Los Zetas pudo ser el primer grupo arriacense “en lanzar un single en vinilo”, con dos temas -Gente corriente’ y ‘Monasterio’-, que fueron “un auténtico bombazo entre la gente de principio de los ochenta”.

Pero la nómina de grupos parece infinita: Antifaces, Scooter, Los Zetas, Escarcha, 40 Grados, Rodesia, Azimut, Los Espaciales, Los Vampiros, Cooperativa Alcarreña de Música, Las manos, Melof y los duendes, Xucar, La Traición, The Serie, Los Decadentes, Futuros Clásicos, Asunto Tornasol... ¿Había algún joven sin grupo, por entonces, en Guadalajara?

Entre lo que tocaban, hubo de todo. En primer lugar se estilaban las orquestas para verbenas. Luego fueron apareciendo grupos con un sello propio y con un espíritu similar al madrileño.

“La música que se hacía entonces consistía en imitar las canciones que hacían otros grupos como los Rolling, los Beatles, Creedance Clearwater Revival o Chuck Berry, grupos de la época, rock más duro... La palabra clave era: ‘este grupo clava a...’ Eso es lo que se estilaba y el grupo era tanto mejor cuanto mejor imitara la canción y más se pareciera al disco”, explica Herranz, que cree que sólo en algunos casos se llegaba a componer.

Gracias precisamente a figuras como la del propio Pedro Antonio Díaz, la Movida Madrileña también viajó hasta la provinciana Guadalajara. Los Secretos actuaron en dos ocasiones, en la Plaza de Diputación y en el Mercado de Abastos, a veces acompañados de otros artistas como Cadillac, Los Pistones o Alaska.

Hay un concierto que José de Lucas sitúa como hito de la música en directo de la Movida Alcarreña: la actuación de Radio Futura en la plaza de toros en 1987, con dos grupos alcarreños de teloneros: los Zetas y Scooter. Entonces “no era nada habitual” ver a grupos alcarreños tocando con grupos que sonaban tanto como Radio Futura”, explica. Habría también, un año después, una actuación muy recordada, la de Alarma –grupo de Manolo Tena– en la que de nuevo participaron estos dos grupos y los azudenses Maese Patelín.

Durante toda la década de los ochenta la Movida se consolidó y ya en los años noventa continuó de una forma tal vez menos arrebatadora pero más sólida con grupos como Asunto Tornasol, Los Decadentes o Futuros Clásicos y la celebración de un festival, Guadapop.

Actuación de Los Secretos, con Pedro A. Díaz a la batería y cantando '¿Qué puedo hacer yo?'. 1981.

La muerte de Pedro Antonio Díaz

Uno de los pasajes más negros de la Movida Alcarreña y de ‘la maldición’ de Los Secretos se vivió hace ahora treinta años, cuando el baterista Pedro Antonio Díaz fallecía en un accidente de tráfico en la N-II, el 12 de mayo de 1984. Había sustituido precisamente a Canito, muerto en idénticas circunstancias en la Nochevieja que alumbró el año 1980. El alcarreño le sustituyó en primavera. Los hermanos Urquijo buscaban un batería y “Pedro estaba en una forma espléndida: creo que lo leyó en un anuncio, llegó allí y los arrolló con una fuerza especial”.

Quien así lo contaba en un reportaje de El Decano de noviembre de 1999 era José Luis Serrano, ‘Luigi’, otra figura que ha pasado desapercibida pero que afianza la leyenda de la movida alcarreña y su vínculo con Los Secretos. Este teclista alcarreño también trabajó con los Urquijo, primero como músico contratado y más tarde como miembro de pleno derecho de la banda. Abandonó tras la muerte de su amigo Pedro Antonio Díaz.

En el texto, firmado por el periodista Fernando Rojo en 1999, se recuerdan otros vínculos de la banda con la Alcarria, ahondando incluso en la ‘maldición’ conjunta: otro batería arriacense, Javier Molina ‘el topo’ moriría también sobre el asfalto y había llegado a tocar durante un verano con Los Secretos.

La vinculación seguiría pasada ya la fiebre de la Movida con conciertos más convencionales como el del Polideportivo Municipal en la presentación de ‘La calle del olvido’ y, ya en los noventa, con cinco actuaciones de pequeño formato de Enrique en Disco Pi, The End y El Cívico. Eran los años del proyecto más personal del mediano de los Urquijo, Los Problemas, por el que de nuevo circuló sangre alcarreña con la acordeonista Begoña Larrañaga. La actual componente de Orquesta Pinha dejó aquí melodías inolvidables como la música de ‘Por el bulevar de los sueños rotos’.

Esta intensa relación entre el grupo y la ciudad, que durante años ha entremezclado alegrías y amarguras, se prolonga todavía hoy. Los Secretos homenajean este jueves a su viejo compañero, muerto hace treinta años. Y la sala donde lo harán, en el Tyce, llevará para siempre el nombre de Pedro Antonio Díaz.


Para saber más… 

√ Blog de Radio Arrebato: charla con Jesús Ropero en el programa Briandando.

 Blog de Chiqui Valero. 

 Reportaje ‘Los secretos: la huella alcarreña de un grupo maldito’, revista El Decano, 26 de noviembre de 1999.