Un conservatorio ‘andante, ma non troppo’

El Conservatorio Profesional de Guadalajara vive nuevos tiempos. Sus vientos soplan aires de renovación y sus cuerdas se afinan, dentro de las viejas paredes de este edificio que la Diputación habilitó en 1985 para crear enseñanzas oficiales de música, hasta entonces ausentes en la provincia. • Con muchas limitaciones presupuestarias y de espacio, el centro trata de suplir la falta de medios con voluntad de superación.  Una orquesta sinfónica, la consolidación de una gran Semana Cultural –se celebra estos días– o la colaboración con otras bandas son ejemplos de este ‘crescendo’.


No fue un nacimiento fácil el del Conservatorio de Guadalajara. Corría el año 1985 y la provincia carecía de enseñanzas regladas de Música. Los chicos de aquella generación que querían formarse entre pentagramas debían hacerlo en academias privadas, con más o menos fortuna, y luego tenían que acudir a Madrid o Zaragoza a convalidar sus progresos en centros oficiales donde se examinaban. Sin embargo, y en contra de lo habitual, fue una batalla política y partidista la que motivó el nacimiento de la institución. Por una vez la rivalidad entre PP y PSOE no sirvió para estropear algo, sino para impulsarlo.

Corrían los tiempos del ‘poder omnímodo’ de Francisco Tomey en el PP guadalajareño (entonces, todavía Alianza Popular). Un poder que se sustentaba esencialmente en su gestión de la Diputación. Con los gobiernos central, regional y municipal en manos socialistas, Tomey tenía verdadero empeño en hacer de la institución provincial una suerte de "contrapoder" al PSOE, impulsando desde ella recursos que la ciudad necesitaba, por más que no fueran de su competencia. Y precisamente así nació el Conservatorio, con un arrebato del ex presidente por apuntarse un tanto a costa de un recurso educativo que en teoría debería haber implementado, y no lo hizo, el Ministerio de Educación y Ciencia. Un asunto con el que Tomey volvió a dar muestras de su audacia política; esa misma perspicacia que le movió en su día para conseguir la llegada de la UNED, o a construir un polideportivo en pleno centro de la capital. 

Un parto tenso, pero rápido

La idea siguió un camino verdaderamente rápido en su gestación, con una velocidad en los trámites que asombra en los tiempos actuales. En marzo de 1985 se aprobaba el proyecto técnico, redactado por el propio arquitecto de la Diputación sin necesidad de concurso externo alguno. Y ese mismo mes, el Pleno de la institución adjudicaba las obras a la empresa ‘Cubiertas y Mzov’, por un montante de 182 millones de pesetas, poco más de un millón de los actuales euros. Se trataba de reformar unos edificios históricos de la Diputación, en pleno centro de la ciudad (en los que también se habilitó una Residencia de Estudiantes, la Escuela de Folklore o la sede de la Banda de Música), y que se bautizaron desde entonces como ‘Complejo Príncipe Felipe’.

Hubo algún escollo para la apertura del Conservatorio, por esa guerra política antes mencionada. Y es que la Diputación decidió, por su cuenta y riesgo, no sólo crear el nuevo centro musical, sino también llamarlo así, “conservatorio”, a pesar de que el MEC no había reconocido el carácter oficial de sus enseñanzas. De hecho, la Dirección Provincial del Ministerio llegó a redactar una nota pública de aclaración respecto a este asunto en octubre, cuando las obras estaban a punto de finalizar (duraron sólo siete meses), y Diputación había iniciado el proceso de matriculación.

El caso es que, tras muchos tiras y aflojas respecto a si lo que se abría era un “conservatorio de verdad”, o sólo otra “academia de música” aunque de carácter público, la sensatez se impuso. A finales de octubre del 85, Ministerio y Diputación llegaron al acuerdo que permitió al Conservatorio ser ‘reconocido’ como tal, iniciándose su andadura con todas las bendiciones ya en el mes de noviembre, y bajo la dirección de José María Barquín. El próximo año, por tanto, se celebrará su  trigésimo aniversario.

En un primer momento, el Conservatorio se abrió únicamente con estudios de ‘Grado Elemental’. Pocos años después, llegó el ‘Grado Profesional’. Y aunque en los inicios se habló de vocación de llegar a ‘Grado Superior’, los acontecimientos pusieron las cosas en su sitio, y este último escalón nunca llegó, ni se prevé que llegue en un futuro próximo. De hecho, no ha sido hasta este año cuando en Castilla-La Mancha ha abierto el primer ‘Superior’, concretamente en Albacete.

Nuevos tiempos

El devenir a lo largo de estas tres décadas ha transcurrido sin demasiados sobresaltos en el Conservatorio, centro que se rebautizó hace apenas tres años con su actual nombre de ‘Sebastián Durón’. Coincidió en el tiempo, prácticamente, con la llegada de un nuevo equipo directivo, ahora capitaneado por el músico Pascual Piqueras Cabanillas. Desde entonces, han comenzado a impulsarse multitud de iniciativas que tratan de hacer más visible al Conservatorio dentro del panorama cultural y social de Guadalajara.

Sin duda, la más llamativa de todas estas novedades es la reciente creación de la que es la primera orquesta sinfónica de la provincia, la Joven Orquesta de Guadalajara (JOGU), que se presentó en sociedad en diciembre en el Buero Vallejo, y que hace apenas unos días tuvo su gran bautismo de fuego con un concierto memorable, ofrecido en el Centro San José. “Con ella pretendemos poner un grado que faltaba en la formación de los alumnos”, explica el director del Conservatorio. “Guadalajara tiene bastantes deficiencias culturales, y una de las que notábamos aquí es que enseñábamos a los chavales, pero cuando acababan sus estudios se tenían que ir todos fuera a tocar, porque no hay un circuito de orquestas. En casi todas las provincias tienen sus orquestas jóvenes, por lo que consideramos que teníamos una estupenda cantera para formar la nuestra”, añade Piqueras.

Así, la JOGU empezó a formarse a comienzos del presente curso. Durante cuatro meses fue cogiendo tablas en base a continuos ensayos, los sábados por la mañana. Ya está casi todo el trabajo inicial terminado, aunque el objetivo final de aquí a un tiempo es crear una gran orquesta sinfónica con los llamados ‘vientos a tres’, e incluir percusión. “Esto está siendo más complicado, porque no tenemos la especialidad de Percusión en el Conservatorio”, explica Piqueras. En cuanto a cuerdas, de inicio funciona con 6 primeros violines, 5 segundos, 4 violas, 6 chelos y 2 contrabajos, pero en las últimas semanas se está incorporando cantera. “Al final seremos una orquesta de entre 45 y 50 músicos, con 10 violines primeros”, afirma el responsable de la JOGU, una Orquesta conformada por alumnos de 5º y 6º curso del Sebastián Durón y varios profesores del centro.

Para su funcionamiento legal, la Joven Orquesta se ha conformado como asociación cultural propia, regida por una directiva mixta en la que hay presencia de alumnos, profesores y padres. Su primer gran acuerdo ha sido la firma con la Fundación Siglo Futuro de un convenio por el que ofrecerán dos conciertos anuales. El primero ya se ha celebrado hace poco, el pasado 23 de marzo. El próximo será el 12 de abril, con un programa en colaboración con el nuevo ‘Coro Ciudad de Guadalajara’, otra formación musical que acaba de nacer, y que cuenta también con el impulso de la Dirección del Conservatorio Sebastián Durón, junto a la directora coral Elisa Gómez. “Este coro tiene voces del Conservatorio, y también de fuera. Queremos que, con la Orquesta, avancen como proyectos paralelos”, señala Piqueras.

Y es que tanto los coros como la JOGU son piezas básicas para la propia dinamización de la enseñanza musical. Como dice Piqueras, se trata de que estas formaciones sean un referente para los jóvenes que empiezan, chavales “que ya miran a nuestra orquesta como una motivación interna, porque quieren estar en ella. No vamos a ser la mejor orquesta del mundo, somos una orquesta de formación, pero de alto nivel”, corrobora.

Además del Coro Ciudad de Guadalajara y de la Joven Orquesta, otras formaciones complementarias van naciendo del impulso de este nuevo Equipo. “Desde que entré me marqué el objetivo de motivar al alumnado, dinamizando grupos y orquestas, también con alumnos de primeros cursos, como 3º y 4º. Ya tenemos también un Coro de niños del Grado Elemental, y otro con alumnos de Grado Profesional”, explica Piqueras.

Y otra de las sendas abiertas en esta nueva partitura del Conservatorio es un proyecto de colaboración con las diferentes bandas de música que se reparten por municipios de la provincia. En Guadalajara, explica Piqueras, hay una docena de ellas, en diferentes municipios, por lo que están comenzando a trabajar en una doble dirección: formando a algunos de sus componentes, y exportando a estas formaciones a los propios alumnos del centro. Lamentablemente, la enorme crisis que vive la Banda Provincial de Música está impidiendo que este tipo de contactos alcancen a la formación que tiene (o tenía) la Diputación, a pesar de ser esta la institución ‘madre’ del propio Conservatorio. “Con Diputación apenas tenemos contacto. Tuve uno en julio, pero no nos entendimos. No tenemos ninguna información de esa situación tan compleja que atraviesan. Y ya me gustaría que nuestros alumnos tocaran allí, pero no hay nada de nada”, se lamenta Piqueras. 

Dificultades

Y es que el nuevo impulso que vive el ‘Sebastián Durón’ no debe ocultar que la institución pasa también por dificultades, serias. De entrada, el Conservatorio de Guadalajara tiene una dotación de especialidades y profesorado que no se corresponde con su nivel de alumnado ni con la entidad de su provincia. “Somos el Conservatorio que menos profesorado tiene de toda Castilla-La Mancha, y el de menos especialidades. Yo sólo pido que nos pongan al nivel del siguiente conservatorio más pequeño, el de Almansa, que con 19.000 habitantes tiene más especialidades y profesores que nosotros”, se queja el  director.

En la actualidad, el centro cuenta con 350 alumnos, una cifra bastante amplia. Pero cada año, a comienzos de curso, se visibiliza una triste realidad: alrededor de 200 niños pretenden iniciar su formación musical reglada, pero la inmensa mayoría se queda sin poder hacerlo, porque las plazas en Primero se limitan a 35 o 40, según los años. “Entran muy pocos, y la razón es sencilla: no tenemos suficientes profesores para poder aceptar a más”, se lamenta Piqueras.

Es una realidad que tiene que ver, es obvio, con la situación económica. “Desde que llegué hace tres años nos han ido poco a poco quitando profesorado. Y si a un conservatorio pequeño le quitas recursos, lo ahogas”, denuncia el director, quien lamenta no poder desarrollar un proyecto formativo más amplio, con especialidades como Fagot, Trombón, Tuba o Percusión, ahora ausentes de Guadalajara. En lo positivo hay que reseñar, eso sí, que a comienzos del presente curso consiguieron dotación para incluir tres nuevos instrumentos: Trompeta, Trompa y Saxo, aunque de momento con profesores que sólo cubren un tercio de jornada. 

Así las cosas, en el Conservatorio de Guadalajara miran al futuro con una mezcla de esperanza y recelo. Tratando de superar, incluso, problemas de espacio en unas instalaciones que se han quedado pequeñas, y que todavía pertenecen a la Diputación, pese a que la gestión del centro se cedió a la Junta en la pasada legislatura. Esta situación bicéfala crea algunas complicaciones. “Es peliagudo, esto hay que revisarlo y clarificarlo. No puede ser que una de las aulas más grandes del edificio, que necesitamos, la use de continuo la Diputación”, dice el director, quien pide sin ambages un nuevo edificio en un futuro breve. Y Piqueras, claro, mira al nuevo Campus Universitario, que el Gobierno Regional ha anunciado que ampliará en el casco histórico de la capital. “Sería maravilloso que hicieran unas instalaciones propias en su interior. Quizá es el momento de llamar a la puerta, y me consta que es buen momento, porque hemos encontrado receptividad en conversaciones con la Junta”, dice.

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