Poveda, tocando el alma

El cantaor Miguel Poveda levanta al público del Buero Vallejo con su 'Concierto íntimo', un paseo emocional por la copla, el flamenco y la poesía de Miguel Hernández, Lorca o Ángel González. • El teatro municipal registró un aforo prácticamente lleno. • La guitarra de Chicuelo y el piano de Alberto Amargós magnificaron el espectáculo, de dos horas y media, que revela a un Poveda con estilo propio y a un artista completo.


Quería tocarnos el alma, dijo. Igual que el público le había tocado la suya con la ovación inicial. La voz de Miguel Poveda lloró de pena, de rabia, de sentimiento y de alegría, según cantaba por bulerías, malagueñas, cantes mineros, copla o poesía, anoche en el Buero. Su 'Concierto íntimo' -casi agotó entradas- fue un viaje por la senda tan amplia que su voz permite junto a los maestros Juan Gómez 'Chicuelo' a la guitarra y Alberto Amargós al piano. Fue fácil dejarse llevar, primero por los maravillosos versos de 'Para la libertad' de Miguel Hernández, toda una declaración de intenciones que Poveda cantó en el disco homenaje al poeta de Orihuela, del que esa noche se cumplían 72 años de su muerte en la cárcel de Alicante.

Poveda no sólo cantó por Hernández, también lo hizo por Lorca, por Ángel González, un prólogo enriquecedor que prosiguió por su base, el flamenco, y terminó con la copla -sus coplas del querer-, un "abanico de mis pasiones, de mis querencias musicales", que presentó hace tres años en el Buero.

El público se abrochó los cinturones para emprender entonces un viaje por el mundo de las emociones navegando por el barrio de Triana, por Cádiz, Málaga, Extremadura, Sevilla y Murcia. Arrancó con fiesta -tirititrantrantran y '¡Qué disparate!'-, se desabrochó el nudo de la corbata con malagueñas y sevillanas y homenajeó a sus raíces paternas con una murciana -no en vano, Poveda se dio a conocer en el Festival Internacional de Cante de las Minas de La Unión, donde ganó la prestigiosa Lámpara Minera-. Volvió a Triana, al final, para recordar a dos pioneros: Lole y Manuel.

Chicuelo y Amargós deleitaron antes de la última parte del concierto con una fusión preciosa y vestido para la ocasión, Poveda reapareció coplero. Primero con el recuerdo a Carmen Amaya ('La senda del viento'), después improvisando, regalando trocitos de la pasional 'El último minuto' y 'Ojos verdes'. Fue su particular homenaje, dijo, a grandes letristas del género como Quiroga, Solano, Rafael de León o el guadalajareño Ochaíta; también, a grandes voces como Marifé de Triana, la Piquer o Rocío Jurado.

Bajó al patio de butacas para tocar más el alma a su público con 'Y sin embargo te quiero' y enfiló hacia el epílogo de su espectáculo, pidiendo un aplauso para quienes, afirmó, les dieron alas para moverse libre: Camarón, Paco de Lucía, Morente...

Durante dos horas y media, Poveda demostró su amplitud de registros, su amor por lo tradicional, por las letras que comunican y cuentan historias, con un estilo propio que incluye sinergias con otros cantantes, como demostró el aperitivo que brindó de su nueva aventura musical junto al cantautor canario Pedro Guerra. 'Bebiéndome la dulce primavera' sigue sonando a Poveda, en su lado más renovador.

Se fue contento, así lo confesó a un público que no paraba de aplaudir para que regresara al escenario. Brindó 'Tres puñales', a lo largo del patio de butacas, terminando sentado, en la grada superior del teatro, y la bonita 'Alfileres de colores'. En la ovación final, enorme, el público se puso en pie y Poveda, agradecido, recogió un ramo de flores, dio las gracias al personal del teatro y al sonido. Y se fue. Dejando al personal con el alma llena.