La vuelta al mundo en gaita

Carlos Nuñez presentó anoche su álbum Discover transformándolo en una gran fiesta, recorriendo países y culturas en torno a la gaita, en su concierto 100 de esta gira. • El vigués llenó el Teatro Buero Vallejo y contó con la colaboración de la banda de gaitas del Corredor del Henares y el grupo de samba batukada Alegría, de Alcalá. • El concierto, de dos horas, terminó con el escenario lleno de espectadores bailando 'Aires de Pontevedra' y 'An Dro'.


Erase una vez un gaitero, érase también una gaita. Lo demás, miles de historias engarzadas a lo largo de dos horas, que se convirtieron en una apabullante fiesta celta cuando quizás, lo que pedía el entorno -el Teatro Buero Vallejo- era un concierto más sobrio. La presentación de 'Discover', con el auditorio prácticamente lleno, resultó una verdadera celebración en torno a la música celta y a los instrumentos que, como la ocarina, la flauta, la propia gaita o la zanfona, insuflan espíritu a ese sonido embriagador y viajero que es capaz de transportar a otras culturas.

Porque anoche se trataba de escuchar, sí, pero también de descubrir. El último álbum del vigués, 'Discover', un doble álbum que encierra algunos de sus himnos más conocidos, fue una especie de 'Mil y una noches' que permitió recorrer mundo a lomos de una gaita, en lugar de una alfombra mágica. A Canadá, a Irlanda, a Brasil, a Cuba, a Bretaña, a Galicia...

Podría parecer que llovía en Santiago cuando los primeros acordes de una gaita lejana se confundían con el oleaje del mar. La bruma aparecía por el lado izquierdo del escenario y las luces empezaron a apagarse. Entró al rato Xurxo, hermano de Carlos, brazo en alto y ocupando su lugar dirigiendo las percusiones de manera admirable. Xurxo se ha vuelto más comedido con los años, pero más diestro mostrando que para la percusión basta su talento y dos conchas muy bien avenidas.

Desde las islas Cíes, Pancho Álvarez, se encargó de las guitarras y la viola, y del violín, el canadiense Jon Pilatzke, actual violinista de The Chieftains y experto en el baile tradicional. Pilatzke estuvo soberbio, aportando el lado más guasón, simpático y un tanto canalla. Además de sus grandes solos al violín, regaló un zapateado impresionante con Xurxo a los palos en una especie de 'guerra' sonora divertida. Ha sido un fichaje perfecto para esta gira aportando un plus importantísimo a la puesta de escena de Nuñez, siempre más espiritual y sentimental que teatral.

Cantó, tocó en calcetines, bailó -por un momento, nos trasladamos al camarote del Titanic donde Leo y sus amigos disfrutan de una fiesta irlandesa, cuando sonó la fantástica 'Cotton-Eyed Joe'- y fue el vagón de cabeza en esa especie de tren de espectadores que recorrió los pasillos del Buero al final del concierto. 

Como suele hacer Nuñez en sus actuaciones, hubo invitados. La escuela de samba Porto Alegría y el grupo A Derradeira, asociación de gaiteros, ambos ubicados en Alcalá de Henares. Invitados "prácticamente espontáneos", dijo el vigués, que acompañaron en varias interpretaciones de la noche dando mayor colorido sonoro a la actuación.

El concierto 100 de esta gira arrancó con 'Amanecer', mezcla de música celta, clásica y new age, con Sergio Bautista a la gaita, como invitado. El barco ya había zarpado e invitaba a seguir rumbo a Inglaterra, donde la música celta "se puso de moda en 1700", contó Nuñez, regalando 'The football march', una píldora estupenda para combatir la melancolía inglesa. De allí, volvió a Mondoñedo, 'las high-lands' escocesas, para interpretar 'Villancico para la Navidad de 1829' y de Lugo a México, con otro villancico, que databa de 1600.

Cuando ya entrado el siglo XX se pusieron de moda las vacaciones y apareció el termalismo y las aguas curativas, hubo turistas que llegaron a España ansiosos de conocer tal milagro. Entre esos turistas, estuvo Maurice Ravel que, según dijo Nuñez, se inspiró en un bolero escuchado en Aragon para crear, después, el conocido 'Bolero de Ravel', del que el vigués ofreció una versión 'agaitada', que cosechó el aplauso generalizado. El viaje por el mundo intercéltico recorrió también Irlanda, Cánada y Brasil, donde hizo parada recordando al escritor Paulo Coelho. A la bonita 'Camiño de Santiago' le siguió la emocionante marcha 'Entrelazado de Allariz' y la carioca 'Feira de Mangiao'.


La parada para conocer la música castellana contó con Carlos Beceiro, uno de los fundadores del grupo La Musgaña. Dio a conocer algunos aspectos desconocidos de la zanfona, instrumento con el que interpretó 'Entradilla de Segovia'. Pero hubo también homenaje a los Chieftains -no podía ser de otra forma- y a la Virgen de Guadalupe a base de rianxeira.

Carlos Nuñez, tremendamente generoso con los músicos, sin ocupar papel protagonista, se iba convirtiendo en un excelente cuentista, una especie de 'Flautista de Hamelin', que no tuvo que hipnotizar a nadie para lograr la entrega. El público estaba encantado de antemano en este ritual de rituales. La prueba fue el caluroso aplauso después de cada interpretación y sobre todo, la parada en Bretaña, cuando tocó 'St Patrick's An Dro' e invitó a subir a bailar al escenario a los espectadores que lo desearan.

Comenzó así una fiesta final -baile en corro-, con batukada, gaitas y todos los instrumentos tocando a la vez, en una fusión magnética que firmó, sin duda, el momento del concierto. Pero después de tanto trotar por el mundo, había que volver a casa, con la deliciosa 'Aires de Pontevedra' y el sonido pegadizo que Nuñez ha puesto a la 'Vuelta a España' este año. Después de todo, me pregunto como Nuñez anoche: ¿serían los celtas más felices que nosotros?

Fotos: R.M.

 

 

 

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