“Hace 20 años un gaitero español en USA era un marciano”

El gaitero Carlos Núñez, que actúa el sábado 28 en Guadalajara con su gira de Navidad junto al ‘chieftain’ Jon Pilatzke, habla de la tradición y el futuro de la música celta, revela algunas sorpresas en las que ya trabaja y comenta aspectos de su espectáculo. • “Cuando toco la gaita con los ojos cerrados, sueño y viajo con el público; cuando abro los ojos, sale el Jimi Hendrix de la gaita”.


Carlos Núñez (Vigo, 1971)  es a un mismo tiempo gaitero, investigador y druida. Desde muy joven fue acogido como un diamante en bruto por los míticos Chieftains del simpático Paddy Molonie. Poco después, todavía joven gaitero instalado en Nueva York, fue bautizado por la prensa musical como “el Jimi Hendrix de la gaita”. Por entonces, en un magnífico reportaje de su paisano Manuel Rivas, se confesaba “un trovador de la aldea del mundo, un gallego errante”. Y no se ha traicionado en todo este tiempo. El músico gallego reivindica las fuerzas sagradas de la naturaleza, como el chamán de la tribu que convoca en torno a las leyendas. Pero a la vez ha puesto como nadie su gaita en lugares insospechados y alejados de los circuitos tradicionales celtas, como quien pone una pica en Flandes tras otra. Y así, el niño que se desmayó cuando con ocho años sopló por primera vez una gaita, recorre ahora el mundo con la fuerza de un vendaval y aún tiene la ambición de atraerse los vientos de todas las músicas para practicar su particular alquimia musical: flamenco, bossa nova, son cubano, melodías árabes, pop, rock, música medieval. En pequeñas salas de concierto o en escenarios tan populares como el de la Ryder Cup o el Jubileo en Roma, ante medio millar de espectadores o frente a dos millones.

En el año en que ha puesto música a la sintonía de La Vuelta Ciclista, ha sacado al mercado uno de sus discos más internacionales, ‘Discover’, con título en inglés y que recopila los éxitos de sus colaboraciones con artistas de talla mundial como Sinéad O’Connor, Compay Segundo, Carmen Linares, Vicente Amigo, Carlinhos Brown, Luz Casal o Ryuichi Sakamoto. Nos atiende por teléfono desde Galicia en el arranque de una gira navideña en la que tiene como invitado al actual violinista y bailarín de los míticos Chieftains, Jon Pilatzke, y que les está llevando por escenarios de todo el país hasta final de año. El día 28 recalan en Guadalajara, después de tocar en la víspera en su ciudad, Vigo.

 

Actúa el día 28 de diciembre en Guadalajara. No es una inocentada, ¿verdad?

¡Caramba qué interesante! ¡No había caído! Es una fecha ideal para inventar nuevos mitos. Esto me recuerda que Manuel Fraga me dijo una vez cuando era presidente de Galicia: ‘Amigo Núñez, no está demostrada científicamente la existencia de la música celta’. Y yo le contesté: ‘Pero presidente, tampoco está demostrado que el Apóstol esté enterrado en Santiago’. Y entonces me dijo: ‘Bueno, es cierto, pero lo importante de los mitos es que funcionen’... y se río. Pues eso mismo podemos decir ahora.

Tenemos una buena oportunidad entonces en Guadalajara para dar vida a nuevos mitos y convocar a la magia…

Correcto. Hace poco me han presentado a Paulo Coelho en Santiago y estuvimos hablando de sueños comunes, como hacer algún concierto juntos en el que él sea el druida, por ejemplo con la queimada, y que a partir de ahí hagamos más cosas, que tal vez invitemos a su amigo guitarrista de los Scorpions…

…Y ahí ya se ha liado.

Hay que soñar.

También en ‘Discover’, su último disco, hay esa inclinación por soñar, por mezclar y fusionar… el propio título sugiere la exploración de sonidos.

Eso es. Esta gira de navidad que hacemos ahora es la culminación de todo un año con unos cien conciertos, presentando ‘Discover’, hecho para el público internacional y para captar nuevos públicos, por ejemplo norteamericanos que no sepan quién es Carlos Núñez o sepan poco de la música celta…

Si es que queda alguien sin saber quién es usted: llama la atención la cantidad de conciertos, unos 50, que ha protagonizado en Estados Unidos este otoño…

Yo aterricé allí con sólo 23 añitos, hace ya veinte, y fui sembrando… ahora llega el resultado de todo ese trabajo; pero también ocurre que ahora el público americano está preparado para ver a un ‘piper from Spain’… cuando llegué, en cambio, era totalmente marciano. Para Paco de Lucía con su guitarra flamenca, sí estaban preparados, pero para esto otro, no. Sólo ahora las nuevas generaciones han logrado descubrir que nuestra música tiene mucha vida y mucho ritmo y es un puente hacia Latinoamerica. Les vuelve locos, por ejemplo, escuchar esta música celta con ecos de Brasil. El año que viene daremos otros 50 conciertos sólo en Estados Unidos.

¿Esta recopilación de grandes éxitos de duetos y colaboraciones con otros músicos puede ser el modo de seguir engatusándolos?

Nos preguntamos si lo conseguiríamos con el primer disco, si lo lograríamos con el segundo de música celta y flamenco, si sería con el de las bandas sonoras o con el de Brasil… pero cualquiera de ellos ofrece visiones parciales. Por eso pensamos mejor en una antología que permitiese que quienes se acerquen a nosotros descubran los diferentes rincones y mundos que hemos ido abriendo en estos quince años. No ha sido fácil. Por ejemplo, cuando empecé, el hecho de grabar con irlandeses o escoceses resultaba incluso novedoso para un gallego o para cualquier español… hasta que al fin se ha establecido como una normalidad dentro de la música celta.

Pero ahí hay un lenguaje común entre irlandeses, escoceses y gallegos, el musical… parece hasta cierto punto lógico; parecen más exóticas otras experiencias que ha llevado a cabo.

Hoy sí vemos como normal aquellas colaboraciones con Irlanda o Escocia, pero cuando yo llegué hace veinte años a Estados Unidos no lo era tanto. Y menos aún verse rodeado de rockeros como me pasó cuando por vez primera en Nueva York me subí al escenario con los Chieftains en el cincuenta aniversario de Roger Daltrey y estaban los Who [de los que aquel era vocalista], Spin Doctor, Sinéad O’Connor o Perl Jarm. Aquello era marciano. Pero luego se fue estableciendo y ha acabado por ser normal. Me he obligado a abrir nuevas vías: hemos puesto a grandes artistas flamencos a tocar música celta y ha sido muy enriquecedor para ambas partes; luego nos hemos ido a Latinoamerica y hemos encontrado que los españoles y portugueses llevaron allí hace mucho la gaita, hasta el punto de que fue el primer instrumento en llegar a Brasil desde el viejo mundo… hubo mezcla con música indígena, africana…

El mestizaje musical no es nuevo, por tanto…

Es la demostración de que ya entonces éramos los maestros de la mezcla. Y esa es nuestra varita mágica. La frase más repetida en la última gira por Estados Unidos ha sido “cómo es posible que pongáis a todo el mundo junto”. Y pensamos: mexicanos, cubanos, escoceses, irlandeses… un americano alucina con eso, pero nosotros en España conocemos las músicas, la psicología, los puntos de unión con la música latinoamericana y a la vez con la escocesa. Esa es la varita mágica que une norte y sur, Atlántico y Mediterráneo.

Se da, de hecho, dentro de la propia Península: el diálogo entre el flamenco y la música celta, tan próximos y tan lejanos a la vez, sería un buen ejemplo.

Este campo de juego que han sido siempre España y también Portugal ha tenido sobre todo dos equipos liderados por la gaita, en el norte, y la guitarra, en el sur. El norte era y es el Atlántico, el mundo de la tradición oral, las leyendas, el Románico, los misterios, las meigas, la brujería, lo inconcreto e irracional… El Mediterráneo es la guitarra, el mundo grecorromano, las ciencias, la escritura… esos dos mundos vivieron una lucha por la supervivencia durante siglos y se traspasó a América… también allí. Aparentemente ganó la guitarra. Pero la gaita es misteriosa y ha sobrevivido en los rincones más insospechados y la hemos resucitado aquí… un resurgir en todo el mundo de un instrumento que lleva con nosotros más de mil años. Y sucede ahora en que los escoceses ya reconocen que la gaita les vino desde la antigua Gallaecia, y no al revés.

Siempre se pensó lo contrario.

Se dijo que era al revés, pero ahora hay incluso quien dice que hasta las faldas escocesas han venido de aquí, aunque eso a mí ya me parece demasiado, no lo sé. En todo caso, resulta fantástico el momento que vivimos. Hasta los años setenta, en la música celta mandaba Irlanda, pero ahora tenemos ese mundo escocés e irlandés en Estados Unidos y Canadá y nosotros aportamos el puente con toda Latinoamerica. Ahí está surgiendo una energía musical que está produciendo cosas fantásticas.

Y el interés de Estados Unidos abrirá muchas opciones artísticas y de mercado…

Antes siempre se hablaba de la música celta como del ‘Atlantic corridor’, un sueño en común de un país único más allá de lenguas y fronteras con escoceses, bretones, irlandeses, gallegos, galeses… pero ahora ese corredor Norte-Sur se está desplazando en otro Este-Oeste, algo que ya pasó hace cien años, cuando en Titanic vemos a todos los irlandeses que se iban a América y los nuestros, igual. Ahora se está repitiendo el ciclo. Acabo de venir de Miami: hay una avalancha de españoles allí, convencidos de que es el nuevo Madrid. Ese es el nuevo centro neurálgico del mundo latino. Todo esto acaba influenciando al arte y percibo una energía que nos llega de este movimiento. Prueba de ello, la producción ‘Heartbeat of Home’ en la que acabamos de participar, un espectáculo de Broadway uniendo música irlandesa y latina. Suena a música celta creada en Miami.

Lleva toda la vida mezclando sonidos… ¿hay algo a lo que le tenga especialmente ganas y no haya hecho aún?

Cada disco me lleva diez años de sueños y tres de grabación. Tengo como saquitos donde voy metiendo ideas, con procesos de investigación largos… y luego los tres años de trabajo.

Entonces pregunto ya qué podemos esperar dentro de una década…

Bueno… hay muchos saquitos. Cuando trabajé con Amenábar me dí cuenta que a la gente del cine le pasa lo mismo.

Amanábar dice que primero graba la película en su cabeza.

¡Eso es! Ellos tienen muchas películas en la recámara… algunas maduran y les llega el momento. Ese es también mi sistema. Procuro no descubrirlo hasta que sale el disco. Ahora, voy a soltar una novedad: los conciertos que hicimos de esta gira en Inglaterra fueron con músicos de música antigua, barroca de Londres… Hacia el 1700 esta ciudad era el centro de la música celta, se puso de moda y se inventó una nueva gaita, la ‘pastoral pipes’, pensada para ser tocada ante aristócratas… y para tocar ópera. Pero desapareció. Ahora me acaban de reconstruir una nueva y tiene un sonido increíble. La tocaré por vez primera en esta gira.

¿Cambia mucho tocar en un teatro más recogido? Esta gira de Navidad también es en espacios cerrados…

Ganas en calidad de sonido sin perder nada de energía. A menudo me han dicho que soy capaz de tocar igual ante 500 personas que en un estadio. Y es curioso, porque en realidad, al actuar, el espacio es el que tienes en tu cabeza. Y para mí sólo hay dos formas de tocar: con los ojos abiertos y con los ojos cerrados. Con los ojos cerrados es una magia, un sueño y un sonido para viajar con el público; y cuando los abro… ¡pónganse a temblar porque sale el Jimi Hendrix de la gaita! [Risas].

La gaita hoy está sirviendo para reivindicar lo local en un mundo global, un pensamiento muy de actualidad.

La gente está de vuelta de los topicazos, los latinoamericanos están también hartos de que digamos: México, mariachis; Brasil, samba; Colombia, ballenato; Buenos Aires, tango… Como empieza a haber un relanzamiento de todas las regiones latinoamericanas, surgen también las músicas de otras regiones de estos mismos países, y algunas incluso reivindican su parecido con la música celta. A un mexicano ahora le encanta que un irlandés se emocione con sus huapangos.

Y a la música celta de Galicia o Asturias le está ocurriendo un tanto de lo mismo…

Sí, porque además se suma a un fenómeno también muy actual con la vuelta a cierto minimalismo. Sin darme cuenta, he descubierto que éramos unos ‘indies’, porque hemos descubierto fórmulas y hemos inventado instrumentos. En mi grupo somos inventores de instrumentos: todos están llenos de trucos, por la necesidad que imponía una gira… y así por ejemplo teníamos una guitarra que la última cuerda estaba procesada en forma de que tuviéramos allí mismo el bajo, tocado por el mismo músico… o los tambores tradicionales de mi hermano [Xurxo Núñez]…

…quién, por cierto, para quien aún no les haya visto, es todo un espectáculo sobre el escenario con su percusión…

Lo es. Pero es que es una suerte tener la superbanda que tenemos.

En esta gira hay un invitado especial: Jon Pilatzke.

Sí, es el violinista de los Chieftains. Es una bomba porque se educó con ellos, como me pasó a mí, de hecho nos conocimos hace ya diez años, por lo que tiene la sabiduría de quienes son como los Rolling Stones de la música celta, pero a la vez tiene juventud… el rock le sale por los poros, tiene esa energía en un gran músico celta. Sólo tiene un defecto...

¿Cuál?

Su gran parecido con Robert Redford de joven. Nos roba al público femenino. (Risas)

Se lleva todas las atenciones… 

Todas. Y los demás estamos muy celosos. Pero es un buen chico y se lo perdonamos.