La sesión más golfa de Ara Malikian

El violinista e Yllana llenan la Casa de la Cultura de Azuqueca y ponen al auditorio en pie con su ‘Pagagnini’ en el inicio de la Muestra Espiga de Oro. • La función, muy representada, resulta una reivindicación de la música como divertimento que mezcla virtuosismo, coreografías y humor gestual.  Intervenciones urbanas de artistas locales y un pasacalles circense previo a la actuación ambientaron este arranque de la XXX edición, que continúa los tres próximos fines de semana.


La música como puro divertimento. ‘Pagagnini’, la representadísima obra de Ara Malikian y la compañía de teatro Yllana, llegó este sábado a Azuqueca para abrir la XXX Muestra Espiga de Oro y puso en pie al respetable, después de ofrecerle una descarga de virtuosismo, gamberrismo y payasadas. Tan emocionante como desternillante. El cuarteto se hace cargo de un programa atípico, no apto para puristas, que podría resumirse en una variación constante sobre un mismo tema: el humor.

La función arranca con unos acordes del chelo, que camina por el pasillo central del patio de butacas hacia el escenario. Le siguen al violín sus compañeros, el último de ellos el de Malikian, el desarrapado músico de moda. En los primeros compases, todo se ajusta al dictado de la ‘Fantasía’ de Pablo Sarasate. Una vez sobre el escenario, en cambio, la partitura comienza a inspirar saltos y guiños sorprendentes. Así será durante hora y media: cualquier nota suelta se presta a la broma, cualquier gesto puede tener un doble sentido. Las cuerdas vibran traviesas y los músicos se dejan llevar por arrebatos pasionales e irrefrenables canalladas. Cuando se da la vuelta al instrumento, aflora un mundo de posibilidades.

Hay momentos delirantes, como el baile con taconeo y castañuela del chelista en una evolución de ‘La vida breve’ de Falla, el gag del móvil en el que los músicos de Malikian aprovechan las ausencias del escenario del jefe para convertir la sutil pieza clásica en un acelerado ‘country’ o la metamorfosis del cuarteto de cámara en un conjunto de blues con un remate soul a coro.

De Bizet y Pachelbel a unos compases de flamenco, una versión de ‘With or with out you’ de U2 o una romántica canción francesa que susurra un enamorado violinista a una ‘voluntaria’ del público que ha participado en un gag, la sesión corre frenética entre escorzos, coreografías logradísimas y saltos gimnásticos, sin apenas pausa entre carcajada y carcajada, hasta conducir a la apoteosis final en la que Malikian literalmente se desmelena. Su violín es capaz de meter el turbo y pasar de cero a cien como un bólido de competición, de modo que en un pestañeo impulsa al espectador de la delicadeza más conmovedora a una cabalgada arrolladora.

No vamos a descubrir aquí nada nuevo: el violinista libanés de origen armenio es un músico poco adaptado a los cánones, nutrido de muy variadas tradiciones, que en los últimos tiempos ha asumido la misión de acercar a todos los públicos la música clásica con formatos entretenidos y nada ortodoxos. Así lo hace en televisión y en sus montajes para el directo (este año también hemos podido ver 'Los divinos' en Guadalajara). Pero seguramente de entre todos sus trabajos sea este ‘Pagagnini’ el más ambicioso en su extravagancia y en su delirio tremendo. En pocas ocasiones se ha sacado tanto partido al divertidísimo reverso de lo clásico como en este aclamado montaje. Es su sesión más golfa. Y no le sobra ni una estrofa. Bravo, pues.


CIRCO Y ARTE PARA INICIAR LA XXX EDICIÓN

La función de Malikian e Yllana dio comienzo a una XXX edición de la Espiga de Oro, un año más con sólo cuatro representaciones –los rigores presupuestarios se imponen– y con una reivindicación de la cultura que va más allá de los escenarios. Así ocurre con las intervenciones urbanas de los artistas locales que ya lucen en las calles: a las puertas de la Casa de la Cultura, una escultura de Rubén Bellot Moreno invita a los paseantes a sentarse cara a cara para mirarse a través de un teatrillo y utilizar como punto de encuentro este ‘escenario para el diálogo’. A unos pasos de allí, frente al Consistorio, varios árboles tienen adosada una ‘mirada’ alternativa al espacio urbano en la otra propuesta del mismo artista, que invita a mirar a través de un nuevo encuadre (con forma de teatro, también, o de televisión) y redescubrir así la ciudad.

Fotos: R.M.

La otra obra que ha convencido al jurado, de Eduardo Hernández del Cal y que puede verse ya en el paseo de las Acacias despliega ante los ojos del caminante una serie de frases de árbol a árbol, como si fuesen entresacadas de un guión teatral, para que el transeúnte las declame en este ‘Hilo teatral’.

Antes de la primera obra del ciclo, tres artistas de CircoSentidos y Cirkus Tancia realizaron un pasacalles circense desde la ermita de San Isidro hasta la propia Casa de la Cultura con parada en varias plazas. La comitiva, que se trasladaba en diferentes artefactos con ruedas (cualquier parecido con una bicicleta convencional era mera coincidencia) exhibió humor, acrobacias y malabares, en un fantástico aperitivo para la primera sesión teatral.

Fotos: R.M.

Además, cabe recordar que la casa de la Cultura acoge una exposición con los treinta carteles anunciadores de cada una de las ediciones celebradas en Azuqueca desde 1984.

‘Las rameras de Shakespeare’ de Arden Producciones toma el relevo en el escenario a Malikian el sábado que viene (20:00 horas) , con una obra ambientada cuatro años después de la muerte del universal dramaturgo británico. ‘Autorretrato de un joven capitalista español’, monólogo del actor Alberto San Juan, y la videoperformance ‘Zoomwooz’ completan el cartel de esta edición.

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