Delicias musicales para digerir la crisis

La cantante portugesa Mísia presentó anoche en el escenario del Buero ante cerca de 200 espectadores su último trabajo: Delicatessen Café Concierto. • Acompañada por el pianista italiano Fabrizio Romano, regaló un puñado de canciones vintage de grandes intérpretes, excelentes poetas y países que ama, como Edith Piaf, La Lupe, Miguel Hernández o Nápoles. • El público respondió con aplausos, bravos y se puso de pie en el tema final, un impresionante 'Les mots d´amour', de la Piaf.


Nada mejor que la música para combatir el desengaño, la tristeza o digerir mejor esta crisis que para algunos es verdaderamente agónica. Excelente, ya, si la música se convierte en entrante, postre o plato principal para acallar metafóricamente estómagos. La cantante portuguesa Mísia sirvió anoche sobre el escenario del Buero Vallejo un menú compuesto por delicados bocados, poderosos platos musicales que se deshacían en su garganta mientras alimentaban corazones y mentes.

Los ha incluido en su disco 'Delikatessen Cafe Concierto', una "cena vintage" concebida para aplacar el hambre en tiempos de crisis. Porque lo suyo es la música, aunque la primera imagen que le venga a la cabeza sea la de un memorable Charles Chaplin relamiendo los cordones de sus zapatos como si fueran espaguettis en 'La quimera del oro'. 

Mísia, aunque con humor también, prefiere los destellos. En sus zapatos con tacones, el rojo de sus labios; su vestimenta, con estética algo gótica y su garganta. Prefiere envolver la triste realidad con sonrisas, ironía, poesía y destellos de voz versátil. Un menú delicatessen compuesto de cha-cha-cha, canción francesa, fados, boleros y canciones napolitanas, que suceden de manera impulsiva, caótica a veces, "como es mi forma de comer".

Primero, regaló un fado; luego canson française, y entonces, vino un postre: 'Estación de Rossío', que cantara Juanita Cuenca, bolerista española de los años 40 y 50. De nuevo, otro fado: 'Rato infinito', con letra de Tiago Torres da Silva.

Quizás Mísia no se ponga el delantal en este proyecto -"no soy la cocinera", dijo, en alusión a un artículo de La Vanguardia que la había calificado días antes como "la cocinera catalana de fados", tras su concierto en El Molino de Barcelona- pero no quita el ojo de los fogones donde se cuece cada melodía.

Como compañero de viaje -en el disco y en el escenario-, el maestro napolitano Fabrizio Romano, habitual y reconocido concertista de música clásica que "no me necesita para nada", dijo la cantante nacida en Oporto. "Su presencia en el proyecto ha sido un privilegio". Romano fue cómplice experto interpretando el simpático 'Cha-cha-cha em Lisboa' y maestro en los arreglos, incluso siguiendo a Mísia, cuando esta improvisaba o cambiaba de ritmo en el bolero como 'Contigo aprendí', en algunos tramos, cabaretero.

Se puso el sombrero para interpretar 'Agua que no has de beber', confesando sus múltiples vidas: "a veces soy mitad Manuel de Oliveira y otras, mitad Almodóvar", íntima admitiendo que combate la tristeza con su propia receta: poner a La Lupe en el youtube cantando el bolero 'Esas lágrimas son pocas', que anoche la lusa interpretó con sentimiento.

Uno de los momentos álgidos de su actuación fue la versión de la fantástica poesía 'Nanas de la cebolla', de Miguel Hernández y que musicalizó Alberto Cortez. Mísia más que acunar, martilleó conciencias convirtiendo la oda en canción protesta, "dedicada a los niños que sólo comen una vez al día, en el colegio, como ocurre en Portugal", dijo. Hubo bravos entre el público. Cuando Mísia canta con el alma, mira a la Luna. "Maravilloso Miguel Hernández, qué gran poeta". Impresionante actuación la suya. 
En este café concierto, Mísia no dejó a un lado sus incursiones cinematográficas. Rescató 'Era de mayo', de su participación en el film sobre música napolitana, dirigido por su John Turturro y 'Amor y anarquía', film del 73, nominada en Cannes, con música de Nino Mota. 

De su amado Astor Piazzola, uno de los tres compositores favoritos de Mísia, eligió la fantástica 'Yo soy María', tema tango que la cantante interpretó en la ópera 'María de Buenos Aires', un prólogo exquisito para finalizar con el último plato de la noche. 'Le mots d´amour', de Edith Piaf, le permitió recordar que si la francesa "hubiera nacido en Portugal hubiera sido fadista, como Billy Holiday", y piropear a la Amália Rodrigues, "la más grande, la más contemporánea".

La última delicatessen fue emocional y fantástica. Logró levantar al público de las sillas y escuchar "bravos" continuos. De regalo, Mísia otorgó un único bis que quizás supo a poco pero ciertamente, la selección gourmet 'Delikatessen Café Concierto' ya había nutrido el alma para rato.

 

 

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