La nave de los locos aterriza en Trillo

Loquillo, uno de los rockeros más veteranos y venerados del panorama rock español actúa este sábado en las fiestas de la localidad alcarreña. • Presenta 'La nave de los locos', el disco con el que se ha reencontrado con el compositor de sus temas clásicos de los ochenta, Sabino Méndez. El artista, con más de treinta años sobre los escenarios, está combinando en su actual gira canciones nuevas, temas clásicos como 'Cadillac solitario', 'Rock and roll star' y 'El rompeolas' y algunas versiones.


Los trogloditas de ayer viajan hoy en nave y aterrizan en Trillo en la actuación estelar de las fiestas de la Virgen del Campo. Loquillo actúa a medianoche del sábado al domingo en la explanada de la calle Jardines. Sobre el escenario se elevarán, desafiantes y chulescos, dos metros de altura, tres décadas de repertorio, un puñado de canciones inolvidables y un espíritu libre sin pelos en la lengua. Porque José María Sanz Beltrán, Loquillo, no sólo es una de las voces más reconocibles del panorama nacional, sino un rockero que se ha creado un personaje que no deja nunca indiferente: tal vez un cordero con piel de lobo en el que el paso del tiempo no ha desfigurado su perfil más arrogante.

Hace casi un año que está en el mercado el último disco de Loquillo: 'La nave de los locos', que se coló entre los tres discos más vendidos en su primera semana a la venta en octubre de 2012: era un disco muy esperado por los incondicionales del músico nacido en Barcelona, porque contiene varios temas firmados por Sabino Méndez, quien fuera autor de algunos de los clásicos más entonados del cantante. Ambos han recuperado así una relación que en su día no estuvo exenta de tiranteces y que había cesado en 1988 tras la publicación de 'Morir en primavera'. El mítico directo 'A por ellos, que son pocos y cobardes', que vendió más de 400.000 copias, está repleto de temas compuestos por Sabino.

Diez nuevas canciones viejas

El reencuentro no ha servido, en cambio, un disco hecho a imitación de aquellos años pasados. Es cierto que el sonido rescata el rock más clásico, pero con diez canciones producidas por Jaime Stinos que presentan un sonido fresco y arrebatador y que, a pesar de haber sido ya grabadas anteriormente, descartadas para antiguos álbumes o escritas hace años, han quedado unificadas con el estilo inconfundible de Loquillo.

"No queríamos hacer un disco nostálgico, eso habría sido terrible. Quería un álbum de rock total", decía el cantante en una entrevista en La Razón. "Ha sido un disco muy sencillo de grabar, porque en estos temas hay un ADN común. Creo que en ninguno he empleado más de 14 minutos".

Las letras, incluso las escritas hace veinte años, también parecen aludir a los tiempos que corren, con un caótico desfile de personajes que se acumulan en las canciones y que arrastran su tragedia social y que, tal vez por eso, parecieran ser también muñequitos amontonados de un cuadro del Bosco como aquel del que toma el título el disco.

Temas clásicos y temas nuevos

Con el mismo tupé que en los ochenta pero con muchas más canas, Loquillo, genio y gran figura de los escenarios, repasará un repertorio en el que no falta nunca 'Cadillac solitario', pero que cuenta con hits como 'El rompeolas', 'Ritmo de garaje', 'La mataré', 'Rock and roll star' o 'Todo el mundo ama a Isabel'. Esta vez sonarán con los nuevos temas que presenta en sociedad, entre ellos el cínico 'Contento' o el que da nombre al disco, aunque últimamente también ha incorporado al directo un par de versiones de Burning y Bowie.

Por cierto, no habrá Trogloditas en la banda de Loquillo sobre el escenario: el último de los miembros fundadores que aún quedaba era Josep Simón, que abandonó en 2007 y se llevó, también así, los derechos sobre el nombre del grupo. Sí estarán otros habituales músicos del Loco como Igor Paskual y Jiame Stinus.

Tras los flirteos con otro tipo de sonidos y su amor por los poetas, y después de un anterior disco recopilatorio de tres décadas de carrera, Loquillo llega para presentar un nuevo trabajo con los aires chulescos de quien ha hecho de la necesidad de mirar a todos por encima del hombro una virtud interpretativa. Aunque luego, cuando relaja, deja a veces la oportunidad de descubrir en una pillada a un enorme niño emocionado con lo que hace. Pero eso, claro, es cuando se baja de la Harley. O del Cadillac, que en realidad era un Seat Seiscientos.

Habría merecido la pena poder charlar con Loquillo antes de este concierto y que ustedes lo leyeran, pero no ha sido posible. Se ve que el periodista no está a la altura del artista. Ni con tupé, ni sin tupé.