Los latidos de la tierra

José Antonio Alonso celebró el sábado por la noche sus 25 años sobre los escenarios con un lleno en los Jardines del Infantado. • El cantautor y etnógrafo repasó su repertorio desde ‘Tierra de silencio’ y salió en dos ocasiones para los bises, reclamado por el público.  Abundaron las canciones de autor, aunque hubo folklore serrano, una canción inédita y una jota rayana para acabar.


A José Antonio Alonso hace ya mucho tiempo que las canciones le salen de las ascuas de la hoguera de San Juan, de los dichos de las sabias gentes de los pueblos, de la lluvia y el sol que mudan el paisaje serrano en cada época del año o simplemente de los alegres efluvios del vino que sirve la tía tabernera hasta ese momento de la noche o de la mañana en que se cruzan las dos luces del alba.

El cantautor, tan de Robledo de Corpes como de La Riba de Saelices y de casi todos los rincones de la provincia, celebró el sábado los 25 años transcurridos desde la publicación de ‘Tierra de silencio’, un disco que inauguró la trayectoria de un artista que le ha puesto letra de amores, protestas y esperanzas a la música de los pueblos, sobre todo a las jotas serranas, y que ha labrado una carrera como los campesinos abren los surcos en la tierra.

Abrió el concierto con temas lentos, ‘Tuyo’ y la preciosa historia de ‘La sirena de la mar’, para seguir después con ‘Madre tierra’ y continuar con la canción que da título a otro de sus trabajos, ‘El país de los líquenes azules’, en el tramo de más honda reivindicación del paisaje rural. Si cantar es la mejor forma de levantar la voz sin resultar estridente, Alonso mantuvo su actitud durante toda la sesión, esta vez con más canciones de autor que folklore popular: ‘Tierra de silencio’, por supuesto, ‘Mi ciudad’ o, entre otras, la divertida ‘Hacen falta perricas’, un noticiario en clave musical.

Por momentos, la percusión que acompañaba al cantante marcaba el pulso de los corazones como si fuesen los latidos de la tierra a los que aludía ya Alonso hace un cuarto de siglo. Sigue el mozo tan lozano como antaño aunque peine canas y coleccione un repertorio amplio de canciones, algunas de las cuales también tornan los recuerdos festivos de ayer en las nostalgias del presente. Tal vez ayudaron en ello las exquisiteces musicales de la banda: Iván Martín, en el piano; Rafael Yela en los instrumentos de cuerda y voces; y José Ignacio Dean en la percusión y viento.

Todos ellos se ganaron en el último tramo la complicidad del público y sus palmas, con un paréntesis para la presentación de ‘Violetas’, una canción de arreglos preciosistas que estará incluida en el próximo álbum en el que ya está enfrascado Alonso, dedicado a los villancicos de la provincia. Las alegres ‘El tambor de San Antón’ y ‘La tía tabernera’, todo un clásico del repertorio, culminaron una hora y cuarto de concierto en el que el público reclamó la salida de los músicos en dos ocasiones para los bises, una de ellas con el himno creado en la batalla contra el cementerio nuclear, la Jota del Tío Emeterio, y, la última para la ‘Jota rayana’, del disco ‘A la luz del crepúsculo’. Canciones, todas ellas, que a lo largo de este tiempo han logrado llenar todos los silencios de esta tierra.