“Somos menos cantarines que nuestros abuelos”

Mamó desde la cuna las canciones que su madre cantaba en su casa natal de Robledo de Corpes y terminó cantando. José Antonio Alonso, celebra los 25 años de la edición de su primer álbum ‘Tierra de silencio’ y otros tantos como cantautor, cuando el folk era una música con discurso reivindicativo difícil de airear. • Amigo de Labordeta, de Luis Pastor, asegura que “ahora hay también motivos” para la denuncia pero que parece “que nos hemos acostumbrado” a cosas que no deberían verse “como algo normal”. •  Este sábado actúa en los Jardines del Infantado, dentro del ciclo ‘Las Noches son para el Verano’, del Patronato de Cultura.


Siente “vértigo” cuando mira hacia atrás. Son 25 años y muchas vivencias. Hay mucha memoria en este poeta que se alegra cuando le llaman arqueólogo, mucha tradición en este cantautor y etnógrafo de profesión, que nació en Robledo de Corpes y se define como “un catacaldos que hace muchas cosas”. Hace un cuarto de siglo, José Antonio Alonso editó el álbum ‘Tierra de silencio’ en unos tiempos Guadalajara no era un lugar donde fuera fácil expresarse. Este sábado (22.30 horas) lo recuerda con un concierto conmemorativo en los Jardines del Infantado, donde asegura “habrá alguna sorpresa” pero sobre todo “estarán muchos amigos”.

En esta entrevista, habla de sus discos pero también de la memoria, de la necesidad de no olvidarse de las tradiciones, de su importancia, de las gentes, generaciones pasadas que tarareaban versos, sanjuaneros y estribillos heredados en todas partes, en sus tareas diarias y en tiempos revueltos. Abuelos y padres con los que, en cierta forma, confiesa una deuda: traspasar a las generaciones futuras los versos que ellos cuidaron con mimo. 

25 años de ‘Tierra de silencio’. Uno mira hacia atrás y ¿qué siente?

Da vértigo darte cuenta que todo esto pasa. Aquel disco fue un disco de la canción de autor pero venía un poco con retraso en relación a la que había en general en la Península. Soy un poquitín más joven que esos cantautores de los que yo, evidentemente, bebí y a los que les debo la inspiración y la forma de hacer las cosas: Labordeta, La Bullonera, Pablo Guerrero, Luis Pastor, Paco Ibáñez, gente que para mí eran maestros y espejos donde mirarme y lo siguen siendo.

¿Qué recuerdos tiene de la grabación?

Como en casi todos los discos, hay temas tradicionales y temas míos. Fue una gran suerte porque el productor Pedro Vaquero, tenía una gran sensibilidad y el técnico, Juan Miguel Cobos, era uno de los mejores en España. De hecho, cuando entré al estudio de grabación ví la gente que había grabado: Miguel Ríos, Serrat... aquello fue descubrir un mundo. Ahora hay mucha gente que controla pero entonces no… había que irse a Madrid.

Esa 'Tierra de silencio' es realmente Guadalajara ¿por qué la definió así?

Tenía la impresión en aquel momento de que era un lugar en el que no se podían decir demasiadas cosas, sobre todo, no se podía reivindicar, no era una provincia en la que se alzara un poco la voz y se denunciaran cosas. 

Identifica el folk con una cierta transgresión, con la canción protesta, pero ¿cree que las cosas han cambiado?

En aquellos momentos, formaba más parte del ambiente. Era normal que salieran cantautores por todos los sitios. Ahora es otro momento sociológico. Hay motivos –entonces también, estábamos en la Transición-, pero ahora es como si nos hubiéramos acostumbrado a que pasen cosas en la vida que desde luego no tendrían por qué pasar y se ven como algo normal.

¿Por ejemplo?

Convivimos con la corrupción, la lucha por la supervivencia… Miro todo esto con un asombro tremendo, me imagino que como muchísima gente que dirá: ¿cómo puede ser esto? Me da muchísima pena que hayamos caído en algunas costumbres: andar por la vida a codazos, ver que hay situaciones injustas, que no hay mecanismos para defenderse de todo ello… ¿cómo estamos así después de tanto esfuerzo? Recuerdo la canción de Labordeta 'Habrá un día en que todos…' y (suspira) pero bueno, también Labordeta tiene otra canción que se llama ‘Banderas rotas’ que es un poco la canción de una cierta decepción de las cosas. 

Labordeta, Luis Pastor e, incluso, Mester de Juglaría… ¿qué han aportado al panorama musical?

Las canciones de Labordeta las tengo como una melodía que me va acompañando por las calles. Es una de las personas que más me ha influido en la vida. Le conocí personalmente como a Luis Pastor. Creo que un poco de lo que somos se lo debemos a la gente. Sin subirles al altar de lo sagrado, esta gente ha sido capaz de que muchas personas nos identifiquemos con lo que hacen, de sumar sinergias, energías y eso es muy importante porque la vida es mucho más fácil acompañada de canciones que sin ellas.  

Después de cuatro discos y 25 años de carrera ¿qué siente que ha aportado a la música?

Donde me movía, la idea que había era que había que estar un poco sensible a lo que dijera el pueblo y que teníamos que saber acompañarlo en su camino. Yo he intentado eso. Si lo he conseguido o no, no lo sé, a veces sí he tenido la sensación de ir de la mano de la gente, de estar con ellos y eso es una sensación bonita, preciosa y también complicada porque me considero muy humano y no siempre estás a la altura.  

Para llegar a este ‘Tierra de silencio’ hay que bucear en sus raíces. ¿En su casa ya había contacto con la música tradicional castellana? 

Mi madre es como una especie de mujer libro, una persona muy sabia que no fue a la universidad pero era de esas mujeres que había en los pueblos que cantaba. Cantaba cuando llegaba el momento de las mozas de Pascua, se sabía muchísimos romances, de hecho mucha parte del repertorio que yo tengo se lo debo a ella porque me lo ha ido contando y además, cantaba continuamente, haciendo las camas… recuerdo que me gustaba oir la radio que es lo que teníamos. Cuando tuve posibilidad de acceder a la música fue un poco más tarde. El coro de la parroquia fue otro sitio, ahí cantábamos a Bob Dylan y hacíamos nuestras versiones (risas)… y luego el contacto con Luis Pastor, Joaquin Diaz, Nuevo Mester… a Guadalajara llegó un cura vendiendo canciones de Luis Pastor, el disco ‘Fidelidad’, para nosotros aquello era… ahí empezó todo y luego, en grupos y hasta ahora.

Ha hecho referencia a Dylan. ¿Qué discos escuchaba en su casa: los Rollings, los Beatles...?

Sí, sí, sí… pero no había demasiada música inglesa porque enseguida empecé a devorar la música folk… recuerdo que me iba a Madrid o en Guadalajara, en el mercadillo, y todo lo que podía comprar… también había algo de folclore francés pero poquita cosa. 

¿De qué fuentes bebe para luego escribir libros, canciones, artículos y comisariar exposiciones?

La gente que ha venido antes y que ha escrito cosas y vas cogiendo de aquí, de allí, y sobre todo, lo que te enseña la gente de los pueblos porque tenemos auténticos sabios. Llega un momento en que vas uniendo unos cables con otros y es como si fuera un puzzle que va encajando. Eso te da una sensación muy bonita, saber simplemente por saber. Si luego lo puedes contar a los demás porque hay cosas que puedes aportar pues… 

¿Recuerda la primera canción que escribió?

Antes de escribir canciones, escribía poesías, que es lo que he hecho durante mucho tiempo aunque no tenga publicado nada. De hecho, hay algunas veces que pienso que ha llegado el momento de empezar a cerrar algunas cosas, y dedicarme a escribir simplemente. Antes de comprar discos, compraba libros de poesía. Recuerdo que con 13 o 14 años escribía mis primeras poesías y alguna hasta medio la recuerdo pero no es para ponerla en ningún marco precisamente (risas). 

De profesión es etnógrafo de la Diputación Provincial ¿No se siente un poco arqueólogo?

Muchísimo. 

¿Cuál ha sido el hallazgo más curioso, el más raro, el más inesperado?

Lo de la palabra de arqueólogo me encanta porque ha sido uno de mis sueños, aunque terminé estudiando Historia. Con los profesionales del Museo Provincial, con los que he compartido alguna experiencia, me he encontrado como pez en el agua porque nos complementamos muy bien. En el Museo he encontrado ejemplares como los albogues, que no era algo muy conocido; también he encontrado informaciones como que la gaita de fuelle se tocaba también en Guadalajara, pero sobre todo, me llama mucho la atención el mundo de las creencias, la religión popular. Ahí hay una base muy primitiva donde puedes encontrar la explicación de muchas cuestiones de la cultura popular. 

¿Cuánto esfuerzo se hace por recuperar la cultura en Guadalajara respecto a otras provincias?

Tengo la sensación de que Guadalajara es uno de los sitios de la región donde más se ha trabajado en este sentido. Si te vas a Aragón, que ahora mismo hay una movida entre la juventud y el folclore, pues te gustaría que las cosas fueran un poco mejor.

¿Qué aporta la tradición a la modernidad?

Depende. Hay gente que la desprecia, pero es algo necesario porque nos ayuda a situarnos, nos gusta tener referentes y raíces. Además, sirve como cemento para unirnos unos a otros y en ese sentido, no está mal que las personas veamos que estamos en un sitio que tiene una historia, que la tierra está ahí, que la naturaleza nos ha condicionado la forma de vivir, que la historia nos ha condicionado nuestra forma de ser y que si vamos avanzando no nos vendrá mal contar con cosas que nos unen para caminar al lado de los otros que caminan al mismo tiempo que nosotros. 

Dirigirá el Centro de la Cultura Tradicional en Atienza ¿cuántas piezas ha donado?

Hemos cedido unas 850 piezas. Hay una parte significativa también que son piezas de la propia Diputación, de los fondos. Lo que ocurre es que una cosa son los fondos del Museo y otra, lo que se va a exponer. 

Paralelamente, está preparando el quinto álbum de estudio… 

El quinto álbum irá sobre villancicos de Guadalajara. La Navidad era uno de los momentos en que más se cantaba en Guadalajara. Tengo que decir que hay una cosa que ha cambiado y para mal: no somos tan cantarines como eran nuestros abuelos. Se cantaba en todo momento incluso en los momentos más duros del trabajo. 

Hemos heredado un patrimonio inmaterial. Los auténticos protagonistas de la cultura son gente anónima como mi madre que no aparece demasiado en los sitios pero que tuvo la sensibilidad de coger ese patrimonio, de cuidarlo y de pasártelo y de ponerlo en tus manos de una forma absolutamente gratuita.