El órgano que resucitó hace 20 años

Dejó de tocarse, como ocurrió con otros de su tipo, en iglesias en el siglo XIX, entre otras cosas porque no quedó nadie que supiera hacerlo. Hoy, el órgano de Morillejo, recuperado por el Ayuntamiento de Trillo, se conserva en perfecto estado de funcionamiento. •  Este sábado fue protagonista en el concierto que ofrecieron el organista y musicólogo Luis Mazorra y el guitarrista Astur Kirichian. Ambos homenajearon entre otros a Salvador Bacarisse, en el 50 aniversario de su muerte, y al Padre Antonio Soler.


En el  interior de la Iglesia Parroquial de Morillejo, como un tesoro escondido, se conserva en perfecto estado de funcionamiento un órgano de tubos del siglo XVII. El celo de los morillejanos ha mantenido vivo este magnífico instrumento, que aún en pleno siglo XXI desgarra notas “especialmente apropiadas para el repertorio de los siglos XVII y XVIII”, explica el músico y musicólogo, Luis Mazorra.  

El órgano de Morillejo es uno de los pocos que existen en la provincia conservados en estado óptimo. Reúne buena parte de las características propias de la construcción instrumental de la época. No es un órgano grande y es técnicamente limitado en algunos aspectos, pero es muy generoso en otros, “siempre en función de las obras a interpretar”, explica Mazorra. El teclado es conocido en el argot como “de octava corta”, lo que quiere decir que ciertas teclas, habituales de la mano izquierda, no están. “En aquella época era algo normal, que ahorraba la construcción de tubos bajos grandes”, puntualiza el organista. 

Sólo tiene un teclado, dividido en dos ámbitos tímbricos. Desde el Do central del teclado hacia la izquierda tiene unos registros y desde esta nota hacia la derecha tiene otros que pueden, o no, coincidir con los anteriores. “Esta característica permite hacer acompañamiento y solista con un solo teclado. Es ingenioso. La construcción buscaba la mayor cantidad de prestaciones con el mínimo de recursos”, añade.

El órgano se construyó en el siglo XVII, en pleno Barroco, y, al igual que la expresiva imaginería característica de la época, pretendía impactar y representar el triunfo de la Contrarreforma. Se pusieron de moda en principio en las Catedrales, pero poco a poco los pueblos que podían permitírselo también los fueron adquiriendo.

La fachada de este órgano es más bien rústica. Tiene una trompetería española horizontal, que se añadió en el siglo XVIII para dar mayor grandiosidad que permite la interpretación de obras de cierta brillantez de las musicalmente conocidas como “del mundo de la batalla” o que aprovechan al máximo las posibilidades del sonido de esta trompetería horizontal tan propia de los órganos españoles.

Los bajos del ejemplar de Morillejo “no tienen contras”, describe Mazorra, es decir, notas que se tocan con el pie. “Por el contrario tiene otras características distintas y especiales como el tambor, un dispositivo que consigue una vibración grave que imita el sonido de la percusión”. Los demás son registros convencionales. En opinión de Mazorra, la característica que lo define sería quizá la “nobleza sincera” de su sonido.  

Estos órganos dejaron de tocarse en numerosas iglesias en el siglo XIX, entre otras cosas porque no quedó nadie que supiera hacerlo. Tras leves intervalos de luz, en el año 1993, y a instancias de Máximo García, alcalde de Morillejo en ese momento, y del párroco Santiago Jiménez, fue restaurado por el Ayuntamiento de Trillo. 

“Gallardía y embeleso” en el concierto de órgano de Morillejo

La Iglesia Parroquial de Morillejo se llenaba de espectadores este sábado para disfrutar del concierto del Dúo Ráfaga, compuesto por el organista y musicólogo Luis Mazorra y el guitarrista Astur Kirichian, que homenajearon entre otros a Salvador Bacarisse, en el 50 aniversario de su muerte, y al Padre Antonio Soler. 

Bajo el título de ‘Gallardía y embeleso’, el concierto mostró “el carácter español en la música clásica de nuestro país, pero desde una óptica diferente” en cada una de las tres partes en las que dividió el recital, apunta Mazorra. “He querido resaltar su lado más batallador y novelesco, mezclándolo con el más encantador o sugestivo, que también lo tiene”. 

Mazorra había seleccionado una efeméride para llenar de contenido el concierto. En esta ocasión fue el cincuenta aniversario de la muerte del músico y compositor español Salvador Bacarisse (Madrid,1898-París,1963), que formó parte del grupo de los ocho, paralelo en música a la Generación del 27. 

En el inicio del recital, exclusivamente de órgano, Mazorra interpretó nueve Sonatas del Padre Antonio Soler (Olot,1729-San Lorenzo del Escorial,1783), repartidas en tres grupos de tres y trenzadas con dos obras más, seleccionadas, además de por su valía musical, por ser adecuadas para extraer del instrumento las mejores notas de su trompetería, una Batalla de José de Torres y Vergara (México, 1661-1727) y las “Gallardas de primer tono” de Juan Bautista Cabanilles (Algemesí, 1644-Valencia, 1712), que daban título al concierto. 

En la segunda parte del concierto, solo guitarra, Kirichian volvió a admirar a los morillejanos. El libanés interpretó tres obras. En primer lugar “La gata y el belitre”, del maestro catalán Francisco Casanovas, un tema popular armonizado. Diametralmente opuesta fue la segunda pieza, “Las cantigas de Santa María” atribuidas al rey Alfonso X el Sabio (Toledo 1221, Sevilla 1284). “Tiene su encanto recordarlas, por el misterio que las envuelve. Entonces la música no se escribía fehacientemente, como se hizo a partir del siglo XVI, lo que significa que en cada interpretación el músico puede añadir mucho de su cosecha”, explica Mazorra.

La última pieza de guitarra enlazaba con la efeméride del cincuenta aniversario de la muerte de Bacarisse. El guitarrista interpretó “Passepied II”, dando así pie a la parte final del recital en la que organista y guitarrista tocaron juntos una selección del “Concertino para guitarra y orquesta”, compuesto por el homenajeado. “Al igual que al maestro Rodrigo, tiene muchas obras, pero se le recuerda por muy pocas, y especialmente por ésta, con la que se ha dicho que trataba de emular el mismísimo Concierto de Aranjuez”, indica el organista. 

El dúo cerró el concierto con “Introducción y fandango”, de Luigi Boccherini (Toscana, 1729-Madrid, 1805) compuesta por un italiano, “pero plenamente española”. Acompañando a los morillejanos, y a su alcalde pedáneo, Teodoro Benito, estuvieron en el concierto el alcalde de Trillo, Francisco Moreno, y la concejala de Cultura, Mayte Blanco, entre otros miembros de la corporación municipal. 

 

 

 

Artículos Relacionados