Flamenco bombón

Niña Pastori ofreció un concierto anoche ante medio millar de personas en el Teatro Buero Vallejo. • Elegancia, flamenco y fusión, con cierto sabor latino, configuraron la actuación, que siguió un público entregado y cariñoso con la cantante. • Faltó ‘Tú me camelas’, pero no ‘Cai’, homenaje a su tierra, y regaló una fiesta flamenca final, donde bailó hasta el contrabajista.


Niña Pastori regaló un concierto elegante y de medio tempo, con fusiones y guiños a lo latino, cierto toque jazz   -gracias al maravilloso hacer al piano de José María Cortina-, homenaje a sus raíces –con bulerías- y fiesta flamenca final. Lo hizo ante 500 espectadores en un Teatro Buero Vallejo completamente entregado, al que asistió parte de su familia –su suegra y los primos de Guadalajara- asi como fans que corearon sus canciones y no paraban de piropearla. Desde guapa hasta ¡olé tú! Se sintió en familia, ya lo dijo ella. Y se notó.

El flamenco de Niña Pastori es una amalgama de estilos. No es el más puro –se pudo comprobar en la forma de cantar por bulerías canciones reconocidas del cancionero español como ‘La zarzamora’, ‘Ojos verdes’ o ‘Y sin embargo te quiero’– sino que transita más por la senda de la fusión y el flamenco melódico, que igual imprime en baladas que en rumbas. 

Abrió el concierto con elegancia. El foco blanco iluminó primero a uno de los protagonistas de la noche: el piano del maestro Cortina y acto seguido, hubo luz para Niña Pastori, con vestido vaporoso azul oscuro -que en la segunda parte de la actuación cambiaría por otro rosado-, pelo recogido y voz estremecedora: Ya no quiero ser... A lo largo de casi dos horas, hizo un recorrido por temas reconocidos de su trayectoria y presentó algunos de su último disco, ‘La orilla de mi pelo’, editado en mayo.  Se echó de menos 'Tú me camelas', que la dio a conocer, aunque el público pareció satisfecho porque concedió en el bis el tema que desde el patio de butacas solicitaba: 'Cai', un homenaje a su tierra. 

A las baladas –que canta entregada y con intensidad– se sucedieron temas de medio tiempo, como ‘Espinas’ o ‘Armadura’. Se dejó arropar en todo momento por las coristas Toñi y Sandra, con un protagonismo notable no sólo en coros y estribillos, sino al firmar las dos –a solas con el pianista– uno de los temas de la noche, ‘Si a veces hablo de ti’. En realidad, este protagonismo es sólo el ejemplo de lo que se vio sobre el escenario: una puesta en escena de calidad compartida por todos los músicos. La voz de Niña Pastori se dejaba mecer por el buen hacer de su marido Chaboli –percusiones y guitarra–, Carlos Carmona, a la guitarra; míster Cañas, al bajo y contrabajo eléctrico y el citado José María Cortina, al piano. Un buen equipo. 

Niña Pastori, que admitió “estar feliz de estar en vuestra tierra”, se dirigió en numerosas ocasiones al público para medir su grado de satisfacción. Les dio su momento de gloria con ‘Quiero que me beses’, donde la gaditana comenzó cantando solo con el piano y terminó compartiendo estribillo con los espectadores. A ellos regalaría una versión de la canción ‘Amores que matan’, del “maestro Joaquín Sabina”. 

Tras interpretar ‘Cuando te beso’, vino el adiós. El público se puso en pie y ellos respondieron al cariño con su ‘Cai’. Entonces Niña Pastori se acercó al foso y dijo: “esto no me gusta”, mensaje para “quien mande aquí… esto lo tenía que quitar”… la cantante, sincera, echó de menos más cercanía física del público. Y es que fiestas como la que regalaron al final, a capella, todos juntos, se degustan muchísimo mejor en las distancias cortas. 

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Fotos: E.C.