Graduados en pop británico

La banda Ocean Colour Scene cumple con oficio y repertorio en la presentación de ‘Painting’, el concierto estrella de la Semana de la Música. • Hubo guiños beatle, mod y rock melódico en una sesión en la que desgranaron sus clásicos ‘The Circle’, ‘It’s my shadow’, ‘Riverboat song’ y las sensacionales ‘Hundred mile hight city’ y ‘Profit in peace’.  La banda de Birmingham se quedó lejos de llenar el Buero Vallejo.


A Ocean Colour Scene se le queda corta la etiqueta del brit-pop. Esta banda hunde y extiende unas profundas raíces musicales en los años setenta y despliega un paisaje sonoro repleto de matices y sensaciones. También en directo. Lo comprobó (quién lo iba a decir) el público guadalajareño en el Buero Vallejo, donde la banda de Birmingham desembarcó este jueves con su gira ‘Painting’, un trabajo interesante sin llegar a la calidad de sus discos míticos, pero por el que vuelven a transitar por territorios beatle, mod y hasta country.

El grupo británico llenó dos tercios del patio de butacas y completó en Guadalajara un concierto muy medido y con mucho oficio, donde combinó los medios tiempos, en los que encuentran su sonido más característico, con las canciones más rockeras (se cayó el teatro con ‘Hundred mile hight city’), del mismo modo que supieron alternar las nuevas composiciones de ‘Painting’ con los éxitos de toda la vida, especialmente de sus dos grandes álbumes de finales de los noventa: Moseley Shoals y Marchin’Already. Como las grandes bandas, OCS tiene ya repertorio de sobra, aunque incomprensiblemente quedaron fuera clásicos como ‘Better day’, ‘Get blown away’ o ‘Debris Road’.

Abrió el single que da nombre a su último álbum, bromeó en la primera pausa el cantante Simon Fowler pidiendo ver mejor al público, se hizo la luz en el patio de butacas y de nuevo volvió a su guitarra acústica, de la que casi no se separó en hora y media de concierto (otras veces se ha animado más con la pandereta) para descargar temas obligados como ‘The circle’ y  ‘You’ve got it bad’. El público correspondió siempre a la exigencia de palmas de la banda.

Cuando se ponen melódicos, los OCS te mecen y te transportan a un mundo ideal. Lo hacen siempre. Pero a quienes les vieran por vez primera, seguramente les sorprendiese la potencia del directo, acostumbrados a la delicadeza de sus trabajos de estudio. No sacrifican en vivo los arreglos ni la elegancia, pero suben el voltaje y tiran de su repertorio más explosivo. Con eso les basta, aunque por momentos se hubiese agradecido que fingiesen, al menos, un poco más de entusiasmo.

Lo hicieron en algún momento como cuando, alcanzado el ecuador de la cita, el vocalista dejó de lado la guitarra acústica: se preveía desmadre. La descarga la anunciaron los primeros e inconfundibles acordes de ‘Riverboat song’. El clímax continuó con la muy aplaudida (con razón) ‘Profit in peace’, himno pacifista coreado por el público y sensacional en el directo, todo un guiño a John Lennon. La muy rockera ‘Goodbye old town’, la sensacional ‘If God made everyone’ (esta vez el guiño fue claro a The Who) o ‘Travellers tune’ cerraron una primera parte con un segundo tramo más intenso.

Los bises

Volvió de los camerinos Simon Fowler en solitario, con su guitarra acústica, para bordar la única balada que concedieron, la hermosa canción de la película Robin Hood con un remate final de 'Live forever' de Oasis. El público se puso en pie para aplaudirle. Si este vocalista en vez de la sencillez pasmosa que siempre muestra tuviese las pintas y el ego de su amigo Gallagher, de Richard Ashcroft o de Lenny Kravitz, posiblemente sería un ídolo a la altura. Tampoco el guitarrista Steve Cradock se esconde y algunos de los mejores momentos del concierto coincidieron con sus tímidos desmelenes.

Volvió la banda y siguió la fiesta con los éxitos inolvidables ‘It’s My Shadow’ con final reggae y ‘The Day We Caught The Train’. Y se acabó. Quizá algo alicaídos para ser la traca final.

El público se puso en pie para aplaudir y cantar el cumpleaños feliz a Fowler, alguien se atrevió a pedir otra más, pero estos educados chicos graduados en pop en un ‘college’ inglés recordaron que su gira española sigue y pidieron perdón por tener que irse pronto a dormir. Como unos buenos muchachos. Resignado, uno se marchó recordando esos noventa que empiezan a ser tan viejos como jóvenes éramos nosotros entonces, cuando los medios resucitaban el eterno debate entre Beatles y Stones con Oasis y Blur. Sin desmerecer, siempre hubo una tercera vía: The Who, The Kinks o, en este caso, rendidos a la delicadeza de Ocean Colour Scene.