Vargas: “Hoy sería impensable que triunfasen Led Zeppelin y Pink Floyd”

Javier Vargas, que actúa este viernes con Raimundo Amador en su espectáculo conjunto ‘Noches de blues y flamenco’, promete un concierto de tres horas con un tercer acto conjunto.  “Hemos logrado una fusión muy guapa, que podría ir a más si hubiese más oportunidades en el futuro”. • “La gente está aburrida de tanta máquina y tanta electrónica, vuelve a músicas más auténticas y sentidas”.  “Hay músicos con mucho talento que las pasan putas para salir adelante; la piratería ha puesto la cosa muy chunga”.


Atiende desde Ibiza, parada de su gira con Raimundo Amador, ‘Noches de blues y flamenco’, que desembarca en su ecuador en el teatro Buero Vallejo de Guadalajara, este viernes. Javier Vargas (Madrid, 1958) es un chamán que toca la guitarra, un tipo de enorme espiritualidad sobre el escenario pero que jamás abandona unos modales tímidos con los que parece pedir disculpas cuando da un paso adelante para apoderarse de los focos en pleno solo de guitarra. Todo lo contrario que Raimundo, un hechicero gitano y extrovertido cuyos espectáculos culminan en tablaos fiesteros con toda la familia taconeando y dando palmas.

Ambos son dos de los guitarristas españoles más aclamados, han compartido escenario con guitarristas de la talla de Gary Moore, Santana, Paco de Lucía o B.B.King y son pioneros en la fusión del blues con otros géneros como el flamenco. Desde sus inicios, Raimundo con Camarón en ‘La leyenda del tiempo’, con Kiko Veneno en el grupo Veneno o con su banda en los ya legendarios Pata Negra, y Javier Vargas con Miguel Ríos o la Orquesta Mondragón, hasta estos nuevos tiempos, ya con dos repertorios plenamente consolidados que arrastran un buen puñado de fieles por donde van, estos músicos han contribuido a que el blues hecho en España se gane un respeto en todo el mundo. Y así, estos blueses aflamencados y latinos se abren paso por nuevos territorios, de ‘Madrid to Memphis’, o en ‘La esquina de las Vegas’.

Este viernes, sobre el escenario, el duelo de guitarras enfrenta ‘Medio hombre y medio guitarra’ con otro tanto de lo mismo, a Raimundo y Vargas y a Vargas y Raimundo: ‘Ay que gustito pa’mis orejas’ y ‘Chill out (Sácalo)’, ‘Sangre española’ y ‘Bolleré’, blues y flamenco, flamenco y blues… y son cubano, rock y jazz… o, dicho de otro modo, una actuación apoteósica en tres bloques: Vargas, Raimundo y Raimundo&Vargas. Así lo promete Javier al teléfono.

 

Raimundo y Vargas, Vargas y Raimundo. ¿De qué se trata?

Es un repaso por temas de mi carrera, con blues y algunos discos míos; Raimundo hace otro tanto, de su carrera con Veneno y Pata Negra y luego en solitario su rock, blues, flamenco y latino… y al final tocamos los dos juntos. Ese es el gran momento. Tratamos de ensamblar nuestros estilos y funciona. Había tocado con Raimundo en situaciones puntuales, pero nunca había hecho una gira con él. Va a durar hasta abril. No sé si habrá más, pero me está gustando mucho y seguro que cuando se acabe me habrá sabido a poco.

Son tres conciertos en uno…

Sí. Y dura casi tres horas.

¡Eso resulta poco habitual en los últimos tiempos! Las películas cada vez duran más y los conciertos, en cambio, menos.

En mi caso, si una banda me gusta, aguanto tres horas muy bien… esos conciertos de tres y cuatro horas los han hecho siempre las bandas míticas o también, más tarde, Bruce Springsteen. A mí me encanta tocar y sobre un escenario el tiempo se me pasa sin darme cuenta. Si hay conexión con el público, perfecto. Es lo mejor de nuestra carrera: celebrar con ellos lo que es la música, que la gente sea receptora de lo que llevas dentro.

¿Han logrado un sonido inconfundible de fusión, un estilo Vargas&Amador?

Sí. En el álbum ‘Flamenco blues experience’ ya colaboró Raimundo Amador conmigo e hicimos algunos temas juntos… allí por ejemplo ya se veía ese sonido conjunto. Para mí, la fusión  que hemos logrado es algo muy grande y muy guapo, hay una energía y una magia magnéticas… ¡Y lo que podría llegar a ser! Si hubiese posibilidad, esta fusión podría ir a mucho más.

¿Es difícil que haya continuidad?

Cada uno tiene su carrera. Yo tengo ya planificadas dos giras, acabo de terminar un álbum con otros artistas y empiezo a mezclar para sacarlo después del verano… me voy de gira a Alemania… tengo mil cosas y él también va a preparar un nuevo álbum. ¿Nos volveremos a juntar? No lo sé… tendría que surgir tal vez un productor… pero quizá quien nos vea esta vez esté viendo en realidad algo único, que no vuelva a ocurrir.

¿El repertorio conjunto tiene canciones nuevas o sólo versiones?

Hay de lo uno y de lo otro. Hemos fusionado muchísimo y hay mucha variedad. Además de flamenco y blues hay otros sonidos… Y se verán muchas formas de tocar la guitarra, él con todos los palos que maneja y yo con una banda muy guapa, la Buddy Guys Legend, la misma con la que grabé ‘Madrid-Chicago Live’. Hay rollo cubano, flamenco, fusión, blues… ¡hay que verlo!

Dijo una vez B.B.King que era difícil seguir a Raimundo. ¿Lo corrobora?

No he visto los conciertos que hicieron juntos. Una vez toqué con B.B.King y con él, que se vino porque nos invitaron los Alman Brothers en Barcelona. Es verdad que Raimundo es un torbellino… Hay veces que dices: ‘dejo de seguirle, me voy a limitar a acompañar’. A mí, en todo caso, me gusta más tocar para la banda, crear un sonido conjunto y sacar lo que llevan los músicos del grupo dentro.

¿Ha quedado relegado el blues más que nunca a círculos marginales?

Hay emisoras y locales que programan blues, pero siempre ha sido música marginada por las grandes emisoras y los círculos comerciales, salvo algunos nombres como Gary Moore. Pero nunca se sabe, las cosas cambian, la gente se aburre ya de tanta máquina y tanta electrónica y vuelve a una música más auténtica, con más sentimiento, la música que nos ha llevado a muchos a ser lo que somos. Una banda tocando es otra cosa, no es lo mismo que un señor en su casa mezclando y añadiendo sonido de saxo. Por otro lado, también hay bandas jóvenes…

…¿y por qué no se oyen? ¿Gozan de oportunidades?

Hay muchos, músicos canadienses, mucho en Europa, sellos con un buen catálogo de gente nueva de Alemania o Inglaterra… y muchachas de 17 años que tocan muy bien… pero no llega a los medios comerciales y por eso parece que no existen.

Hay que ir a buscar esos sonidos, en otras épocas se encontraba porque era dominante.

Claro, en los setenta lo oías al entrar en cualquier bar. También los medios de comunicación prestaban más atención. Ahora hay gente haciendo música fantástica pero no todo el mundo los conoce. Tal vez Raimundo y yo, más él todavía que yo, hemos tenido un empujón comercial en España muy fuerte. Eso sí, yo nunca he hecho algo comercial para entrar en las emisoras. Prefiero hacer lo que me gusta con todas las consecuencias en vez de algo que llegue más pero que me aburra. Soy más bien un corredor de fondo.

No todos pueden hacer lo mismo.

No, claro. Las multinacionales siempre van a querer que hagas el camino fácil y que tu tema venda rápidamente. Pero a ese público realmente no le interesa lo que hagas tú.

Después de una trayectoria tan dilatada, ¿le quedan cosas nuevas por probar?

¡Desde luego! Acabo de hacer un álbum y tengo otro que es más profundo, dos proyectos muy diferentes, uno más moderno… Todavía hay muchas cosas por probar.

Como compositor, ¿cree que hay pocos grupos actuales que destaquen por la creatividad de sus composiciones?

Los cincuenta, sesenta y setenta fueron la época dorada de la composición en blues, rock, rythm’n’blues… Ahora hay cosas interesantes, pero no es igual. Las discográficas entonces respaldaban mucho a los grupos. Actualmente la piratería está haciendo daño. La gente se baja la música gratis, no apoya a los artistas y como el negocio no gana, no apoya a nadie.

¿Y antes sí?

No es lo mismo que una compañía te deje un tiempo componiendo en los estudios con un productor y con técnicos con talento… era una forma de apostar por una carrera. Ahora el que quiere hacer algo diferente tiene que producirlo él mismo. Ahora mismo sería impensable que triunfasen bandas como Génesis, Led Zeppelin o Pink Floyd.

Sin embargo, aquellas bandas también generaron mucho dinero. ‘The dark side of the moon’ ha sido el disco que más tiempo ha estado entre los más vendidos.

Sí, claro, la gente los compraba. Este disco ha vendido 140 millones de copias. Y las compañías daban un tiempo al grupo para que hiciese un disco con las composiciones de ‘The Wall’, álbumes geniales en los que se trabajaba muy duro. Las discográficas ganaban dinero, no son hermanas de la caridad, pero tenían las arcas llenas. Eso ya no pasa. Ya no se respetan los derechos de autor y no se puede trabajar gratis.

¿Se puede ser optimista con la revolución de la difusión de la música en Internet? ¿tal vez llegar a más públicos?

A algunos grupos nuevos les permite darse a conocer. Pero tienes las dos caras: tener millones de descargas en Spotify sirve para que haya más gente que escuche tu música y acuda a tus conciertos, pero por otro lado no genera dividendos para la compañía y los músicos, aunque escuchen mi música 20.000 veces por Internet. La única posibilidad que ofrece esta situación es mantener un gran poder convocatoria en las actuaciones. Pero así las compañías se ven obligadas a cerrar el chiringuito.

Si no hay negocio no hay discos.

Eso es. Y nada más. Sólo salen cosas muy comerciales que tengan claro que pueden funcionar un poco, pero con otros tipos de música resulta difícil darle una salida. Sobrevive quien tiene una carrera y el público que lo ha aceptado por suerte y por trabajo. Pero hay gente muy buena, con mucho talento, que las está pasando muy putas para salir adelante. Si queremos que esto siga existiendo, hay que apoyar la música y a los músicos.

Usted ha conseguido un ‘buen amigo’ para el cartel. Figurar con Raimundo es un seguro.

¡Claro! Estamos llenando en casi todos los conciertos, teatros de mil y más localidades. Y yo he tenido la suerte de haber comenzado en otra época, tener ya mis seguidores y, aunque no puedes bajar la guardia, voy funcionando a base de trabajar duro. Hago lo que me gusta, aunque la cosa está muy chunga y te obliga a trabajar el doble. Por eso también quiero aplaudir a ese público que acude siempre a mis conciertos y que me apoya.

¿Ofrece más satisfacción ver que hay un número más o menos discreto pero muy fiel de seguidores al cabo de tantos años, que no te abandonarán pasado mañana?

Eso es alucinante. Es un sacrificio que hacen y debemos reconocerlo. En esta gira incluso llenamos el día que jugaron el Real Madrid y el Barcelona.

¡Pero esos clásicos los hemos visto ya muchas veces! A Vargas y Raimundo juntos, no…

¡En eso tienes razón! (Risas). La gira acaba en abril y, a partir de ahí, ya veremos qué pasa.