Pasión contenida

El trío leonés Café Quijano ofreció anoche un concierto ante 900 espectadores en el Buero Vallejo. •  Durante dos horas, desgranaron íntegramente su último disco ‘Orígenes: el bolero’ y apenas incluyeron hits.•  El público se mantuvo tímido durante toda la actuación,  hasta que sonó su gran éxito ‘Lola’.


Y a la hora… sonó ‘Lola’ y nada volvió a ser como antes. El bolero, como el fado portugués, tiene estas cosas. El público siente sus emociones para adentro y apenas contagia a quien tiene en la butaca de al lado. Así ocurrió anoche, en la primera hora de concierto que los hermanos Quijano ofrecieron en el Teatro Buero Vallejo con motivo de la presentación de su último álbum ‘Orígenes: el bolero’, con el que vuelven a los escenarios tras ocho años de descanso.

Café Quijano contó y cantó “dramas”, como predijo Manuel, el hermano mayor, al inicio de su actuación. Cerca de veinte historias llenas de añoranzas, culpas, desengaños, recuerdos, amores que fueron y ya no volverán, momentos que pudieron ser y no fueron, besos escondidos que añoraron darse, mentiras, desamor… Así sonaron ‘Qué será de mí….’ (cuando ya no estés), ‘Sé que vuelvo a volver’, ‘Y mientras tanto’ o ‘No tienes corazón’ –con cierto toque a sirtaki griego-. 

Brilló la puesta en escena –semejante a un plató de cine-, apoyada en un gran trabajo de iluminación. Acertada también fue la formación acústica que se vio sobre el escenario: a las dos guitarras y el contrabajo eléctrico de los hermanos se unieron la percusión del cubano Fernando Fabián –el mismo que estuvo en los inicios de la formación- y el chelo de Pelayo Tahoces. 

Café Quijano ha dejado atrás su carácter más rock-latino para volver, así dijeron, a sus orígenes, a cantar boleros, que en realidad, es lo que siempre les ha apetecido. Sonaron muy ‘Panchos’ –a quienes admiran-, aunque con el empaste inequívoco de sus voces. Fueron delicados, nostálgicos, planos en ocasiones aunque a su armonía vocal no se le pueden poner peros. Medida, cuidada, susurrante en ocasiones. El público, dijo Manuel, escuchaba “demasiado educado” el repertorio. Tampoco es que el concierto invitara a la fiesta. 

La invitación sirvió, sin embargo, para que algunas voces de entre el patio de butacas –había mucha mezcla de generaciones, aunque la edad media superara los 40- empezaran a soltarse y a pedir los hits de siempre, aunque sin éxito. Sonaron únicamente ‘Lola’ –no podía faltar-, ‘Desde Brasil’ y, al final, en homenaje a su padre, ‘La Taberna del Buda’, del disco homónimo grabado en 2001; rescataron también un bolero de 2003, ‘No tienes corazón’, cantado con Sabina en su álbum ‘Qué grande es esto del amor’. 

La voz cantante la llevó Manuel, no sólo porque aporte la voz principal al trío sino por ser el encargado de las introducciones  en cada una de las canciones –en ‘Lola’ demasiado larga, casi tediosa-. El público rió sus monólogos. Pese a la seriedad con que fueron dichos, en toda historia de amor, también puede haber líos de faldas, suegros ficticios y eso no escapa a la risa. El objeto de las bromas fue Raúl, el hermano más pequeño del trío, el ‘rompecorazones’.

El público fue de menos a más. La versión nada cubana de ‘Lola’ les insufló un poco de ánimo y logró que corearan la canción al ritmo de palmas. Aplausos que se sucedieron con el bolerazo ‘Qué será de mí’… y empezaron los piropos: “guapos”, “viva la madre que os parió”…. A la hora y media de concierto se despidieron antes del bis previsto –el público animó-. 

Entonces, llovieron las peticiones. Abrumados, Manuel tuvo que poner orden. Pese a las promesas, el repertorio se quedó escaso. Los Quijano de anoche no son los Quijano de siempre. Se fueron porque su vida era “una vorágine tremenda” y ahora, se han puesto pajarita y visten de gala. Lo demostraron al final con el bolero ‘No, no soy yo’ –una de las mejores canciones del disco y que Manuel confesó, les hizo llorar durante los ensayos de la gira- y con el final –a ritmo de bachata y salsa- que sellaron con ‘Prometo’, la canción más alegre de su último disco. 

El público quería más pero se rindió ante su grupo querido. Y en pie, les besaron con aplausos.

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