Todas las músicas del mundo

La música africana de Sahikheldin y Habasa fue el concierto estelar de la programación de Segontia Folk. • La ciudad de Sigüenza ha disfrutado de músicas tradicionales de todo el mundo.  Cómo hacer música con instrumentos de cocina o música para niños, algunas de las originales propuestas del festival recién nacido.


Sigüenza se ha convertido este fin de semana, enmarcado en las fiestas de San Vicente, en un cóctel de músicas de todo el mundo, con conciertos y talleres. El sábado acogió el grueso de la programación, con la actuación estelar de por la tarde con melodías africanas, pero también con música para niños. Sonidos de todo el planeta que arrancaban con el festival de dulzainas, en una cita recién nacida que ofrece una fusión de sonidos de folk para festejar a San Vicente.

Fusión de músicas africanas y mediterráneas

La tarde del sábado acogía uno de los mejores conciertos del festival, el que interpretaban los multi-instrumentistas Wafir Shaikheldin, sudanés, y Carlos Bueno, español, y la cantante etíope con la voz de los mil matices, Sara Habasa. De la mano de sus melodías, con sólo cerrar los ojos, los espectadores fueron transportados hasta Africa y la fusión de culturas, creencias y tradiciones que hay en Etiopía y Sudán, acercadas hasta occidente por las aportaciones de Carlos Bueno, con su música mediterránea.

Ante el público seguntino fueron presentados por Vanesa Muela como el grupo de primera línea en el mundo del folk actual que son, con una trayectoria de más de 25 años a sus espaldas. “Nos van a mostrar cómo es la tradición sonora abisinia, procedente del origen de la humanidad”, dijo.

Los tres habían llegado a las seis de la tarde desde Granada, donde tocaron ayer, “justo cuando se estaba poniendo el sol sobre la ciudad”, recordaba ayer Wafir, por lo que pudieron apreciar nada más llegar “la belleza” de  Sigüenza”, añadía.

“Etiopía sólo es conocida por sus hambrunas, nuestra música recuerda otras cosas, el cruce de la cultura cristiana con el germen de la cultura musulmana, y su confluencia con la tradición africana y asiática que también hay en el país. Tratamos de dar a conocer esta fusión con los pocos medios de que disponemos”, definía el sudanés ayer en un castellano casi tan rico como sus ritmos.

Sara Habasa canta desde que tenía cuatro años. Empezó haciéndolo en las iglesias ortodoxas de su país natal. “La cultura etíope tiene cinco provincias con una tradición distinta en cada una de ellas, la voz de Sara y los ambientes tímbricos que creamos Carlos y yo, recuerdan aquellas culturas”, explicó Wafir.

Del acordeón árabe a la viola

El sudanés domina, sobre todo, el acordeón y el laúd árabe; y también los bongos sudaneses, con tres tambores en lugar de los dos habituales, y el saz, y la viola, y el rabab, y los bendires, panderos, castañuelas (karakeb) metálicas y muchas otras percusiones. Desde su llegada a España, hace ya más de una década, no ha hecho otra cosa que enfrentarse a las músicas más diversas en las áreas más inexploradas.

Han contado con él el grupo de música antigua de Eduardo Paniagua, el asturiano Hevia, los castellanos de La Musgaña, el flamenco Joaquín Ruíz, los senegaleses Djanbutu Thiossane, Radio Tarifa o las Amistades Peligrosas, sin olvidar las colaboraciones con Rasha, su hermana, y con La Banda Negra, con la que compartió, de principio a fin, toda su andadura. “Y también con Los Chunguitos”, recordaba Vanesa Muela en la presentación del concierto.

El concierto fue prologado por el alcalde de Sigüenza, José Manuel Latre, que felicitó a los empresarios por la organización del festival y confirmó el apoyo del Ayuntamiento a la iniciativa.

La Carraca engatusa a los pequeños

El grupo vallisoletano La Carraca dio la vuelta como un calcetín al Auditorio de El Pósito el sábado por la mañana. Tan serio en otras ocasiones, cuando alberga conciertos de música clásica, Eugenio Rodríguez ‘El chino, Jaime Lafuente ‘El primo’, Arturo Manzano ‘El arlequín’ y Alberto Requejo al saxo, Chuchi Marcos al bajo y Julio García a la batería  han hecho que niños y mayores seguntinos bailaran hasta por los pasillos al son de la música infantil y tradicional. La entraba rondaba las doscientas personas.

El grupo La Carraca nació en el año 1981. Ha recibido infinidad de premios a lo largo de los años que llevan sobre un escenario, “o actuando en calles y plazas”, puntualiza Lafuente. En todo este tiempo han recorrido toda España y buena parte de Europa con sus sones para niños. Un cuento del grupo, ‘La oveja 343’, fue premiado por la UE. Los castellano-leoneses también han recibido en alguna ocasión el reconocimiento al mejor disco español de música infantil tradicional. Cada una de sus actuaciones tiene cuatro pilares: la chispa, el baile, los disfraces y la música en directo.

Lafuente explicaba esta mañana después del concierto el origen de La Carraca: “Empezamos porque varios músicos del mundo del folk nos dimos cuenta que los niños no cantaban ya las canciones que nosotros escuchamos cuando lo fuimos. Si había padres que se las enseñaban, pero no era lo habitual. Así que nos dijimos: Vamos a intentarlo y a ver qué pasa, y lo que han pasado han sido 32 años”.

Siete discos y un amplio repertorio

El repertorio del grupo, como demostró en Sigüenza, es variopinto y de muy distinta procedencia. “Por un lado cantamos lo que nosotros ya sabíamos de cuando éramos niños. Y por otro el cancionero del que hemos hecho acopio en todos estos años con temas de procedencia francesa, brasileña, rusa e incluso africana”, dice Lafuente.

En su opinión, canciones como ‘La chata Merengüela’ o ‘El corro de la patata’  son eternas. “Dentro de cien años seguirán gustando igual que hoy porque nacen del comportamiento del niño”, opina ‘El primo’. El problema, según el vallisoletano, es que “los adultos les quitando dos o tres años a los niños de disfrute de la vida, porque en realidad, no hace falta que maduren tan rápido”, dice.

Con siete discos en el mercado, “creemos que es mejor grabarlos cuando los temas ya están rodados”, prosigue, porque “nos dábamos cuenta tarde que no habíamos aprovechado la potencialidad de las canciones cuando las tocábamos en directo”. Consecuentemente, la filosofía de La Carraca en este sentido ha cambiado. “Ahora lo hacemos al revés. Cuando tenemos un número suficiente de canciones que hemos probado una y mil veces en los conciertos, nos metemos en el estudio. No tenemos prisa”, afirma. El próximo llegará en un año y medio.

Por último, La Carraca alababa la iniciativa seguntina de reivindicar turísticamente su patrón, San Vicente, partiendo del folklore. “Sigüenza nos ha acogido estupendamente. Nos alegra mucho que la ciudad apueste por un festival como éste, de músicas tradicionales, y lo haga en invierno. La tendencia es a organizarlo todo en verano, pero con frío también se pueden hacer cosas, como se está demostrando en estos días”, terminaba Jaime.

Taller de música con instrumentos de cocina

También el sábado, la percusionista Vanesa Muela mostraba en la ciudad cómo hacer música tradicional con los utensilios de cocina, una original manera de refrescar y grabar en la memoria de los alumnos sones de otros tiempos. Ella misma definía el taller como “una pequeña introducción al mundo de la percusión tradicional con instrumentos de cocina, en la que hemos aprendido a tocar el carajillo carrasclás, las cucharas y los toques de amasar pan”.  Vanesa repasó con los alumnos lo que se hacía antiguamente en las casas cuando se amasaba el pan para extender la masa y juntar los ingredientes y con qué ritmos y qué canciones se cantaban.

Tocados por ella, de dos cucharas espalda con espalda, un almirez o el carajillo, que es una jarra de barro con badajo de palo, salieron ritmos inverosímiles, que acompañados por su voz llena de matices se convirtieron, según el instrumento de cocina elegido en jotas, fandangos, seguidillas, corridos, rondas, ligeros, agarraos, rumbas, charros o charradas. Con ellos en la mano, tocando y cantando, juntos o por separado, los alumnos han repasado la música tradicional española, pero principalmente castellano leonesa.

“La idea del curso es familiarizar al alumnado con los ritmos y canciones que han acompañado la vida de nuestros antepasados, descubriéndoles las posibilidades sonoras de los elementos cotidianos que están en nuestras cocinas, porque con todos ellos se puede hacer música”, terminaba Vanesa.

El domingo era Ignacio Amo Usanos, un seguntino antiguo miembro del grupo alcarreño Arándano, quien tomaba el relevo de los talleres, en este caso con uno de instrumentos tradicionales. Precisamente este hombre ha sido varios años el encargado de llevar a cabo el taller de construcción de instrumentos en la escuela de Folklore de la Diputación de Guadalajara.