“Hay que seguir haciendo periodismo por las víctimas”

El reportero Mikel Ayestaran recibió ayer el Premio Internacional de Periodismo de manos de sus organizadores. • En un coloquio con sus colegas Nacho Cardero y Sergio Martín, recomendó a los jóvenes “coger la pasta del máster y viajar”.


Los sacerdotes de 'la tribu' están cambiando. Ya no son esos machotes desarraigados y solitarios que se marchaban a la guerra sin billete de vuelta y que por las noches, después de dictar la crónica por teléfono a Madrid, empapaban en whisky las heroicidades de la jornada. Ahora son tipos afables y familiares –cada vez hay más mujeres– que cuando envían la pieza al periódico por mail se ponen a trabajar en un perfil de Twitter con –pongamos el caso- 78.000 followers.

Mikel Ayestaran, que ayer recibió el V Premio Internacional de Periodismo Manu Leguineche, no encaja en los moldes de los míticos reporteros de guerra. En Brihuega contó que la ‘tribu’, en efecto, está cambiando, pero que la misión del periodismo sigue siendo la de siempre: contar unas guerras que son “la misma mierda de siempre, con las mismas víctimas”. No hay diferencia entre el Vietnam al que llegó Manu Leguineche y la Siria actual. Los misiles y las balas se dirigen a los mismos, disparen marines, yihadistas o soldados de Israel. “Cambian las formas, pero la esencia es la misma y los que mueren son los mismos”, insistió el reportero vasco afincado en Jerusalén.

Por todas esas víctimas hay que seguir trabajando, peleando con los editores en las redacciones”, dijo ya con el galardón en sus manos, en el escenario de una iglesia de San Miguel de Brihuega reconvertida en salón de actos y con numerosos elementos del decorado, casi fetiches, de la casa de Manu Leguineche, quien vivió en este jardín de la Alcarria y presta su prestigioso nombre al premio que cada año organizan Diputación, la Universidad de Alcalá, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y el Ayuntamiento de Brihuega.

Lección de periodismo

Leguineche fue la referencia constante, en los decorados, pero sobre todo en los discursos. El de Ayestaran, que se confesó emocionado, empezó con una dedicatoria especial para sus padres. Antes, mantuvo ante un público nutrido de estudiantes de la UAH un coloquio dirigido por el periodista Sergio Martín –actualmente al frente de ‘Los desayunos’ de TVE– y en el que Nacho Cardero, alcarreño y director del digital El Confidencial, ejerció de contrapunto aportando la visión de las redacciones. Fue aquí donde Ayestaran se distanció de la figura mítica del reportero de la tribu, se confesó “superfamiliar” y estrenó su Cátedra de Periodismo Manu Leguineche ofreciendo algunas pinceladas sobre el oficio.

Tengo tres ‘eses’ claras: seguridad, seguridad y seguridad, pero sin perder la curiosidad”. Con precauciones –y a veces con miedo– pero con pasión por el periodismo, cuya forma más pura pasa por ver y contar, el reportero vasco trabaja desde hace más de diez años en Oriente Medio explicando lo que ocurre en Siria, Irak, Yemen, Gaza o Túnez. Allí están las grandes historias, pero también el origen de temas que afectan en el primer mundo (¿de dónde vienen y de qué huyen los refugiados?). “Hay mucho periodismo de ‘kleenex’: vas, exprimes el tema y te vas”. A él le gusta volver. Una y otra vez. O incluso estar. Por eso se afincó de manera permanente en Jesuralén en 2015.

Si dar la vuelta al mundo es el camino más corto para encontrarse con uno mismo, como sugería Hermann Eyserling en la cita del célebre libro de Leguineche que tiene este nombre, en el caso de Ayestaran la decisión de dar el primer paso se produjo en 2005, cuando abandonó su puesto de redactor en San Sebastián y decidió trabajar por su cuenta, como ‘freelance’ en Oriente Medio. Se estrenó en un terremoto en Irán y tuvo su bautismo de fuego, al año siguiente, en Líbano, como también cuenta en su libro ‘Oriente Medio, Oriente roto’.

Estoy aquí [en Brihuega, recogiendo el premio] para celebrar esa decisión”, se refirió a su radical cambio de vida en 2005. “Para probar tienes que irte”. Como no tenía enchufes –dijo a las claras– no podía esperar ninguna llamada prodigiosa. Así que tomó la iniciativa. Y es lo que ahora aconseja a los jóvenes: “Cuando acabéis la carrera, coged la pasta del máster y gastarlo en viajar hasta el lugar en donde queráis ejercer la profesión”. Este billete de avión será el mejor postgrado.

Nuevas formas de periodismo  

Uno de los debates más interesantes giró en torno a las nuevas formas de periodismo, en concreto la figura del periodismo ciudadano y la irrupción de nuevos formatos como las redes sociales. “A mí lo que más me ha costado ha sido ganarme la credibilidad; y aquí da igual que sea cuando escribes un tuit o un libro”, explicó el reportero nacido en Beasain.

Mientras Cardero aseguró no creer en el periodismo ciudadano porque, si acaso, es “una fuente de información”, pero no el ejercicio de la profesión en sí mismo; Ayestaran explicó la utilidad que ha tenido en algunos escenarios calientes, como la posguerra en Irak, donde muchos jóvenes pertrechados con tecnología enviaron a las redacciones imágenes que “eran muy necesarias”. Pronosticó que esta práctica “irá a más” y abogó por que se haga un uso bien explicado de ella.

En el mismo sentido, el galardonado defendió la utilidad de las redes sociales para seguir acontecimientos de los que el periodista no puede ser testigo directo, como la reciente caída de Raqqa en Siria. Reportero multimedia (escribe para periódicos del grupo Vocento, colabora habitualmente con la televisión pública vasca ETB, habla en Cope o redacta reportajes en prensa digital) asegura que también se toma muy en serio su labor en redes sociales: “Yo trabajo cuatro horas de Twitter al día”. Cultivando su perfil e informándose mediante las fuentes allí disponibles.

Hay que tomar partido”

En el eterno debate entre la equidistancia o la implicación del profesional en la cobertura de un conflicto, Ayestaran milita con quienes creen que hay que decantarse. “Tenemos que tomar partido y nuestro bando son las víctimas”. Hay casos clamorosos, considera: en el enquistado conflicto entre israelíes y palestinos, “las víctimas claramente son los palestinos”. Otra cosa es el complejo avispero sirio. “Hemos estado dando palos de ciego, buscando quiénes eran los buenos y quiénes eran los malos cuando lo que había era malos y peores, aunque nos hayamos dado cuenta tarde”. Los perdedores, en todo caso, han seguido siendo los mismos: las víctimas, muertos, heridos, refugiados…

El público tomó la palabra para plantear sus preguntas. Una, sobre el trabajo de las mujeres periodistas en primera línea. “La mayor competencia que tengo ahora mismo es de las compañeras”, dijo para ensalzar su labor y censurar que el obstáculo más complejo que tienen que salvar es ganarse el respeto de su trabajo en España.

Cardero dejó también sus propias recomendaciones para principiantes (“hay que tener honestidad, ganas de comerte el mundo, flexibilidad ante un entorno que es cambiante y retornar a las esencias”) y explicó que la configuración actual de las empresas informativas no permite que todas las cabeceras tengan una red de corresponsales por el mundo. “El nuevo modelo es más complejo, con presupuestos más ajustados y obliga a apostar por algunas secciones”. En el caso de El Confidencial, “no se puede permitir estos corresponsales porque no se puede abarcar todo, te tienes que ir especializando”.

Los discursos y la txapela

El acto, que se prolongó en sus dos partes durante más de cuatro horas, fue presentado por el periodista guadalajareño Antonio Herráiz (COPE) y contó con las intervenciones en la entrega del premio de los representantes de las instituciones que lo organizan y que en las anteriores ediciones han ido a parar, por este orden, en Lydia Cacho, Javier Espinosa, Roger Jiménez y Fidel Raso. Entre el público, además de estos dos últimos y de numerosas autoridades, la hermana de Leguineche, Rosa.

El presidente de la Diputación, José Manuel Latre, recordó que el galardón es parte de la Cátedra Manu Leguineche, “que supone nada menos que la institucionalización de su figura como referencia del periodismo en España” y volvió a subrayar que “el rigor, la independencia y la honestidad son sólo tres de los principios que rigieron como máximas en su trabajo, en el oficio”.

La anécdota de la tarde se vivió con la entrega de una txapela a Ayestaran por parte del presidente del Colegio de Periodistas Vascos, Jesús Coterón. Imposible no ver en ella un curioso homenaje a Leguineche: es por Irán, Líbano, Irak, Afganistán, Túnez, Yemen, Pakistán, Libia, Siria y Jerusalén por donde pasa el camino más corto para que un periodista vasco recoja en Brihuega una ‘txapela’ de manos de un paisano.