El discreto ‘primo’ del ministro

¿Quién es Íñigo de Arteaga? Emparentado con Méndez de Vigo de forma más directa que con los Mendoza, el XIX duque del Infantado ha cultivado hasta hoy un perfil público muy prudente. • Este artículo es un adelanto del incluido en el número impreso de Cultura EnGuada de otoño, con tres páginas sobre 'el pisito' que el Ministerio de Cultura planea construir al noble en el palacio arriacense.


Está en boca de todos, pero el XIX duque del Infantado, cinco veces grande de España, no abre la suya. De Íñigo de Arteaga y Martín circulan poquísimas fotografías en los medios de comunicación y su perfil público apenas ocupa unas líneas. Excomandante de Iberia y aficionado a volar en avioneta -pasión que heredó su hijo mayor, fallecido en accidente de vuelo en 2012-, recibió del rey Juan Carlos en el año 2000 la Orden al Mérito Naval con distintivo blanco, ha sido voluntario del Regimiento Castilla 16 y tiene seis castillos y palacetes en diferentes puntos del país. Entre ellos, el Palacio del Infantado, que en precisión no es de su propiedad, pero que incluye como tal en la biografía de su web como Conde de Monclova y en el que ha reclamado por vía judicial que se le instale una vivienda para uso ocasional que heredaría -como el propio título de duquesa- la escritora de novela histórica Almudena de Arteaga.

Poco más hay sobre la vida y obra del duque en las hemerotecas y el vasto universo digital. Si alguna vez hubo presencia en Guadalajara, permanece entre las sombras, aunque hay quien todavía recuerda una fiesta ‘memorable’ por sus bodas de plata en el Patio de los Leones, a principios de los noventa... Así que para encontrar uno de los rasgos más llamativos de la biografía del duque no basta con cliquear en la Wikipedia.

La plataforma Abraza el Infantado ha trepado por las ramas de su árbol genealógico y ha encontrado que Arteaga y Martín tiene más en común con Íñigo Méndez de Vigo, al frente del Ministerio que le construye ‘el pisito’, que con la familia de los Mendoza. En sus árboles genealógicos se descubre siglo y medio de parentesco, hasta el punto de que el duque lleva sangre de los Méndez de Vigo, pues su bisabuela era uno de ellos. En cambio, no queda ni rastro de la descendencia de Diego Hurtado de Mendoza, fundador de la Casa del Infantado.

Los bisabuelos del duque y del ministro, María Belén Echagüe y Méndez de Vigo y Manuel Méndez de Vigo fueron primos hermanos. Los abuelos del ministro y del jefe de la Casa del Infantado, Joaquín Ignacio de Arteaga y Echagüe y Manuel Méndez de Vigo, fueron primos segundos. Lazos familiares que se remontan siglo y medio, a un momento especialmente controvertido de la historia: cuando el último heredero directo de los Mendoza alaveses, Mariano Téllez-Girón, muere sin descendencia tras una vida de derroche y desenfreno, y la reina María Cristina interviene rebuscando un hilo de parentesco para conceder el título a Andrés Avelino de Arteaga y Silva. Sería el primer Arteaga en la Casa del Infantado. Y se casaría con una Méndez de Vigo, de la misma familia -por cierto- que la nieta de la reina.

Los Arteaga y los Méndez de Vigo son dos castas de rancio abolengo que hoy vuelven a encontrarse. Casualidad o no, con la entrada en escena del ministro, a la sazón barón de Claret, el conflicto en Guadalajara se ha desbloqueado con la decisión, adoptada sin publicidad, de construir el dúplex en la torre del palacio, una solución de lujo para un primo... lejano.

Un perfil nada público

Lo que opina el duque sobre todo esto no lo sabemos. Si hay un rasgo que sobresale en su perfil público es, desde luego, la discreción. Cuando en mayo de 2012 donó al Museo del Prado ‘El altar de los ángeles’, al acto oficial acudió su hijo mayor y no él para ejercer de portavoz de la familia en un acto sin duda amable. Era su hijo, muerto en accidente, quien frecuentaba los papeles rosas de las revistas como ‘soltero de oro’ y las páginas sepia de los suplementos económicos como gestor de los asuntos empresariales de la casa, e incluso se prestaba para protagonizar reportajes en ‘prime time’ televisivo, como un ‘Comando Actualidad’ de TVE en 2011 donde se le veía presumir de castillos, avioneta, hectáreas y yeguada.

Ya por entonces, la ley de 2006 de Zapatero sobre la nobleza había eliminado la prevalencia del varón para heredar los títulos, con un carácter retroactivo que dejaba en manos de una mujer, Almudena de Arteaga, el futuro de la Casa que fundó Diego Hurtado de Mendoza en el siglo XV. Tampoco ella ha heredado la discreción del padre: su perfil de exitosa novelista la expone al público y en Guadalajara se la ha visto como protagonista del turbulento pregón de Ferias de 2011 que boicoteó una manifestación por la enseñanza pública o recibiendo el Premio Princesa de Éboli 2017.

¿Es ‘el pisito’ en realidad un regalo para la futura duquesa? Este periódico ha contactado con ella sin éxito. También lo ha intentado con el jefe de la Casa, de momento sin obtener respuesta, a través de la Diputación de la Grandeza.

El duque no rompe su silencio. Apenas lo hizo en una ocasión, para reclamar su derecho a la vivienda. “Mi abuelo me lo dejó [el terreno] a mí en herencia directa, y fue mi padre quien decidió donarlo a la ciudad de Guadalajara, bajo mi consentimiento”, reivindicaba en LaCrónica.net en marzo de 2005. “Nosotros queremos llegar a un acuerdo por las buenas y esperamos no tener que llevar este asunto a los tribunales”, advertía con la vía que acabó adoptando en 2007. “Tenemos derecho a hacernos una vivienda en el Palacio, pero queremos que antes se solucione todo”, añadía, para acabar aclarando que en su intención no estaba “ir contra los intereses de Guadalajara”.

Y en éstas, al fin, llegó Méndez de Vigo.