Gigantes y Cabezudos, en la alfombra roja

Tras su reciente restauración, que ha costado 30.000 euros, los diez gigantes de la comparsa se han presentado a la ciudad en la Plaza Mayor, después de su tradicional pasacalles. • Todas las figuras han renovado vestuario y pintura, también los cabezudos.  


Todos querían hacerse esta mañana una fotografía con ellos. Sobre todo, los niños. El monarca Moctezuma y la india Malinche, el capitán Al-Faray y la princesa Elima; la princesa de Éboli y su tío tatarabuelo, el Marqués de Santillana; el rey Alfonso VI de Castilla y la reina doña Constanza de Borgoña, el Melero Roque y la Alcarreña, Antigua han posado y bailado ante los guadalajareños en la Plaza Mayor para mostrar el resultado del proceso de restauración por el que han pasado durante los últimos meses. Y los flashes no han parado. Incluso el alcalde, Antonio Román, ha 'jugado' a ser Bandolero, portando el cabezudo y repartiendo estopa de forma simpática.

A doña Ana de Mendoza, la princesa de Pastrana, le han cambiado su pelo oscuro azabache por un tono castaño. Lo mismo ha ocurrido con la Alcarreña, cuyo cabello negro ha adquirido más calidez. Todos estrenan vestido. Todos han pasado por diversas labores de pintado, han visto cómo se restauraban sus desperfectos y repasaban sus rasgos más distintivos y sus mecanismos. La restauración se ha extendido a los cabezudos -Mañico, Pachi, Bandolero, Drácula, Tetuda...- y los dos caballos medievales. Se trata de la segunda restauración por la que pasan en toda su historia, tras la realizada hace 20 años por el entonces concejal de Festejos, el popular Jesús Orea, siendo alcalde José María Bris.

Yo creo que lucen preciosos”, señala a Cultura EnGuada Eduardo Capa, que se estrena este año como responsable de la comparsa -compuesta por 14 cabezudos, 12 gigantes y un guía, además de 'extras' por si hay alguna baja-. Eduardo lleva 13 años en el grupo. Con 24 años se hizo cabezudo y hace cuatro, pasó a Gigante -“el mío es el Chino, siempre”, dice-. “Uno se mete en esto por gusto, te llama la atencion desde fuera. Yo, además, tenía familiares que estaban en la comparsa y me fueron metiendo el gusto”.

No es fácil meterse en la piel de uno de estos Gigantes. No lo es soportar los 35 kilos que pesan ni el calor que se pasa una vez se les abre el vestido y uno ha de estar metido en sus 'tripas'. Y andar, y bailar al ritmo de las jotas que te marcan la dulzaina y el tambor. Por eso, “cpara una cabeza pequeña”, estiman que "como mínimo, la edad adecuada es de 13 o 14 años”, explica Capa. Para portar un Gigante, ninguno baja de los 25 años. No hay que ser demasiado alto -“yo mido 1,73 y lo llevo bastante bien”, asegura- sino tener pericia: “que sea capaz de aguantar el recorrido, que exige mucho porque es largo, y pueda llevarlo sin problema y sin ningún peligro. Importa más el aguante, el equilibrio y la corpulencia para agarrar con firmeza el Gigante. Hace falta una cierta maña que no todo el mundo tiene”.

Apenas hay preparación para estos portadores. Sí se les permite pasear con la figura unos días antes del pasacalles, “sobre todo, a los que entran nuevos”, afirma el responsable de la comparsa. “Pero no hay nada para prepararlos mejor que el día de la salida, con la presión que uno siente y la responsabilidad de hacerlo bien”. 

El próximo 15 de septiembre, viernes, esta gran familia volverá a protagonizar un pasacalles. Será a las 11.30 horas, desde el Fuerte de San Francisco -donde duermen durante todo el año- y con el siguiente recorrido: calle Capitán Boixareu Rivera, Plaza de Santo Domingo y calle Mayor, regresando por el mismo paseo hasta el Fuerte y acompañados por la Escuela de Dulzaina y Guitarra del Palacio de la Cotilla.

Fotos: E.C.

Puede leer el reportaje Los más grandes de las Ferias, donde contamos a quiénes representan los doce Gigantes de la comparsa de Ferias.