Herráiz: “Nuestras Ferias no serían lo que son sin las gentes de la provincia”

El periodista guadalajareño, pregonero de este año, se sirvió del libro 'El río que nos lleva', de José Luis Sampedro, para hilar ayer en el Buero Vallejo un discurso donde reivindicó la maltrecha fortaleza de los pueblos, el 'guadalajeriñismo' y la feria taurina. 


Siempre me he preguntado cómo sería hoy para José Luis Sampedro 'El río que nos lleva, en el mismo eje espacial del río Tajo”. El periodista Antonio Herráiz, encargado ayer de ofrecer el pregón literario de este año en el Teatro Buero Vallejo, como apertura de las Ferias y Fiestas de Guadalajara, pronunció unas palabras teñidas todas de homenaje a los gancheros y al escritor que “mejor ha retratado aquella comarca”. Con estos “pastores de bosques”, dijo Herráiz, “se nos fue un oficio y también una forma de vida de 'los hombres más enteros, más íntegros y más humanamente hombres' que conoció el autor”. Recordándolos, añadió, “podemos comprender un poco más de dónde venimos y quizá también hacia dónde vamos”.

Herráiz tuvo palabras para el entorno salvaje y natural, “de virginidad excitante” y “fuerza telúrica” que es el Parque Natural del Alto Tajo, para entroncar entonces con el problema de la despoblación: “los pueblos se están muriendo dejando la provincia en una simple división alejada de las cuatro comarcas tradicionales: la capital y el Corredor del Henares, y luego el resto”. En este punto, se dirigió “a los que mandan” porque “si queremos evitar que la mayoría de los pueblos de Guadalajara sigan agonizando hasta pronunciar el último suspiro, tendréis que pisar más el terreno”.

Con el personaje irlandés de Roy Shannon como hilo conductor de su discurso, narrador a la par de la novela de Sampedro, Herráiz pasó del Alto Tajo a la ciudad de Guadalajara, “la capital de todas las guadalajaras”, cuyas ferias, dijo, "estoy convencido de que no serían lo que son sin las gentes de la provincia que complementan a los de la ciudad que les acoge en un acto de comunión casi indisoluble”.

Herráiz también recordó su papel de pregonero en varios pueblos de la provincia -“la mayoría fueron por colleras, mano a mano con Javier Borobia”-. Citó Taracena, Alocén, Yebra, Aranzueque, Pastrana y Yunquera, haciendo referencia también otros lugares inventados por Sampedro en su libro, como Sotondo, “que nos acerca a los toros aunque sea con una corrida grotesca”. Se acordó de la patrona, “el gran motivo de estas fiestas” y también de la Feria Taurina, una “Feria ligada a mí desde la cuna... de la mano de mi abuelo Martín”. Recordó entonces a Saleri II, "probablemente el mejor torero que ha dado Guadalajara”, no sin incluir alguna crítica hacia “los que desprecian esta fiesta, los que la ignoran, los que se están aprovechando de ella hasta que la vaca deje de dar leche” y tener un recuerdo poético -un eco hernandiano- al torero Iván Fandiño, ligado a Guadalajara y fallecido el pasado junio: “Guadalajara ha quedado huérfana”, dijo. 

Finalizó Herráiz asumiendo que el tiempo no pasa en balde y que es el reponsable de que ahora en lugar de “alargar la noche hasta llegar al encierro” se interese “por los títeres y el teatro infantil”. Y quiso reivindicar el guadalajeriñismo: “bien haríamos en cambiar ese toño plañidero que nos invade a menudo por una actitud que nos lleve a presumir de ciudad, más aún en ferias”. Después de las palabras, sonaron los clásicos, sobre todo, Frank Sinatra, en la voz y la música de la Uma Big Band.

Puede leer el discurso íntegro en este enlace.