La Cotilla y el Tyce amplían los espacios para la cultura

La instalación del Museo de la Ciudad en La Cotilla perfila otros espacios como el Tyce o la primera biblioteca municipal. • Los planes del Ayuntamiento pasan por ampliar el espacio ya dedicado a Buero e inaugurar otro de José de Creeft. • Ofrecemos en versión digital el reportaje de apertura del último número en papel de Cultura EnGuada, correspondiente al verano de 2017.


El Museo de la Ciudad va dibujándose poco a poco como un espacio reservado a los nombres grandes que ha dado la ciudad en el arte y en la literatura en la ciudad de Guadalajara. La idea que el equipo de Gobierno defiende para este nuevo espacio museístico municipal es que cada sala se pueda destinar a una efeméride. La primera piedra ha sido Buero Vallejo, con motivo del Centenario de su nacimiento, pero para este año hay más planes y a largo plazo, más ideas.

La primera, la ampliación de la sala Buero Vallejo en la planta 2 del edificio, con un segundo espacio dedicado al dramaturgo. Será posible tras el traslado de las aulas de Guitarra y Piano de los profesores Luis Ortiz y Pilar Vacas al Espacio Tyce, donde desde 2016 imparten clase 474 alumnos. La mudanza previsiblemente se efectuará “con el nuevo curso”, adelanta a Cultura EnGuada el concejal de Cultura, Armengol Engonga. Por el momento, el espacio dedicado a Buero en el Museo de la Ciudad le revela casi más como pintor de óleos que como uno de los dramaturgos más importantes del siglo XX. Sus pinceles, sus autorretratos, los cuadros que pintó a su madre, a su hermana y su itinerario biográfico, donde no falta una impresión del mítico retrato que Buero hizo a Miguel Hernández en la cárcel además del despacho que tenía en su domicilio madrileño de Goya, se muestran cada fin de semana a los visitantes que se acercan al Palacio de La Cotilla.

La segunda sala se ampliará con más obra pictórica, añade Engonga, y con “diferente material personal del dramaturgo que la familia está dispuesta a ceder o vender y que servirá para decorar el despacho, que ha quedado bien pero”, admite, “le falta un poco de vida”. El hijo del dramaturgo, Carlos Buero, ya ha dado el visto bueno a esta ampliación, según confirma el concejal.

Adecuar la primera sala de Buero costó a las arcas públicas unos 12.000 euros. A ello, hay que añadir el coste de las catorce pinturas al óleo que la familia del dramaturgo vendió a finales del pasado año al Consistorio junto a varios enseres y mobiliario del despacho. La suma ascendió a 47.095 euros, que el Ayuntamiento, según consta en el contrato publicado en la página web del Consistorio, ha distribuido en tres anualidades: 21.998,00 euros en el ejercicio de 2016; 13.998,00 euros, este año y finalmente, 11.099 euros en 2018.

Una nueva sala

Junto a Buero, aunque en el pasillo de la segunda planta que conduce al Salón Chino, donde antes se ubicaba la Escuela de Danza de la profesora Genoveva Hita, se inaugurará en el último trimestre del año una sala que se dedicará al escultor José de Creeft, nacido en Guadalajara en 1884. El Ayuntamiento ya tiene comprada toda la obra, “toda la que hemos podido comprar, porque no ha sido barato”, admite Engonga.

El coste “es muy similar a la de Buero Vallejo”, que rondó los 60.000 euros. En la sala del escultor José de Creeft habrá, sobre todo, obra pictórica que el Ayuntamiento ha comprado a la familia del artista y a una casa de subastas madrileña. La partida se ha sacado del remanente que sobró en 2016 (881.929 euros) y del presupuesto de este año. Ya se está trabajando en la rehabilitación de la sala.
Un guadalajareño americano

Ni siquiera sé por qué he nacido en Guadalajara”, le confesó una vez el escultor José de Creeft a su amigo, el fotógrafo catalán Carles Fontserè. Su hermana mayor nació en Madrid y la pequeña en Barcelona. Como Buero Vallejo, sucedió porque su padre, Mariano de Creeft y Masdeu, era militar.

El nacimiento de este artista, escultor aficionado a la talla sin molde, fue un 27 de noviembre de 1884. Se sabe que vivió entre Doctor Benito Hernando y San Gil, aunque De Creeft, según confesó también a Fontserè, tenía “pocos recuerdos de su primera infancia pasada en esta casa de los parientes de su madre, en Guadalajara”. Llegó con cuatro años a Barcelona, la ciudad natal de sus padres. Allí creció profesionalmente. De hecho, a De Creeft se le reivindica como escultor catalán.

En Guadalajara da nombre a una plaza, a un párking subterráneo y el Ayuntamiento tiene en propiedad una escultura de su busto -un autorretrato- que la familia cedió al Consistorio. Además, en 1981, la antigua Caja Provincial reunió parte de su obra en la exposición ‘La Aventura humana de José de Creeft’.

Se nacionalizó estadounidense en 1940, fue miembro de la Academia Norteamericana de Artes y Letras y dio clases hasta los 94 años, tres antes de fallecer en la ciudad de los rascacielos, donde está enterrado. Entre su obra, para la que utilizó un sinfín de materiales -chatarra, incluso- destaca el grupo escultórico de Alicia en el País de las Maravillas en Central Park. Fue un encargo del millonario George T. Delacorte y De Creeft se inspiró en su hija Donna Maria para crear al personaje de Alicia.

En el futuro, para el Museo de la Ciudad se barajan más nombres: “por qué no, Carlos Santiesteban”, dice Engonga. La creación de una sala para este pintor, fallecido en 2015, depende “de lo que se haga finalmente con su casa”, admite. La vivienda es propiedad del Ayuntamiento y la edil de Patrimonio, Isabel Nogueroles, se comprometió a rehabilitarla con una Escuela-Taller en el Pleno de noviembre.
La primera biblioteca municipal
Una vez que todas las Escuelas Municipales de La Cotilla se muden al Tyce quedará por superar el asunto de la rehabilitación de estas naves -que enfrenta actualmente a Junta y Ayuntamiento en los tribunales- para convertir a este espacio en un centro cultural: “quizás haya sentencia para octubre o noviembre”, afirma el concejal. “Si es a favor del Ayuntamiento, será la Junta la que tenga que rehabilitar esas naves, como eso espero. Y en cuanto se rehabiliten, el Museo de la Ciudad podrá crecer y podrán hacerse realidad otros proyectos”.

Entre ellos, la primera biblioteca municipal de la ciudad que la oposición ha reclamado en este último año y que Engonga plantea en una de esas naves que faltarían por rehabilitar. “Si veo que esa situación se atasca, tenemos un plan B y un plan C”, dice sin querer adelantar más. Las opciones pasan, en todo caso, por “buscar otras ubicaciones en la ciudad que serían también bonitas y que gustarían a la gente, aunque sigo pensando que el entorno perfecto sería el Fuerte”. Despejemos las incógnitas B y C, le insistimos: “no, sería crear muchas expectativas. Además, estamos en negociaciones”.