Periodistas ‘todoterreno’

La crisis ha obligado a periodistas de Guadalajara a labrarse un futuro en otros ámbitos profesionales. • Hablamos con cinco de ellos, que ahora se dedican a la agricultura, la cocina, la docencia, el comercio o los seguros, sobre su experiencia, cómo observan el panorama actual y si echan de menos el periodismo.


Siempre que me presento digo que soy periodista”. Quien habla es Gustavo García, el hombre que posa junto a un tractor en la foto que abre este reportaje. Este martes 24 de enero, día del patrón de los periodistas, San Francisco de Sales, acudirá al campo a trabajar, como cualquier día laborable. También lo harán Abraham Sanz, Paz Ruiz Utrilla, Paloma Mora y Juan Murillo, a quienes no hace tanto se podría haber encontrado en una rueda de prensa en Guadalajara, aunque en su caso se dirigirán a la oficina para hacer seguros, al aula para impartir clase, a la tienda para vender artículos de deportes y a la cocina para pasar la jornada entre fogones. Los cinco coinciden en ser periodistas vocacionales que han trabajado en medios locales y que han tenido que explorar nuevas vías profesionales a causa de la doble crisis, la económica de todo el país y la particular que sufren los medios de comunicación.

Al poco de pinchar todas las burbujas en 2008, también la de los medios que vivía la provincia de Guadalajara, se empezó a escuchar una recurrente cantinela: “Hay que reciclarse”. Reciclarse era un eufemismo para admitir que había que tirar a la basura cinco años de estudios de Periodismo en la universidad, más los que cada cual atesorase de experiencia en el curriculum, y renunciar a una nómina fija a final de mes. Lo que, con todos los sacrificios que siempre exigió el periodismo, hasta entonces había estado garantizado. Ahora tocaba ser gestores de contenidos y ‘community manager’. De contar lo que pasaba desde las redacciones había que pasar a contar lo que el cliente quisiera, a la hora que quisiera, en el ancho universo digital donde había que competir con una nueva realidad: cualquiera con un teléfono móvil podía hacerse pasar también por periodista.


Y todo esto sucedió con una caída de financiación publicitaria sin precedentes, con una espantada de los anunciantes más potentes (las administraciones públicas, las constructoras, la banca y los concesionarios), y con una renovación del sector -sobre todo para la prensa de papel- que echó el candado a muchas cabeceras. Guadalajara, que llegó a tener tres diarios, se quedó sin ninguno. El desempleo alcanzó al 40% de los socios de la Asociación de la Prensa de Guadalajara, cuando 10 años atrás había pleno empleo y las redacciones locales fichaban profesionales de Madrid.

Ejercer el periodismo en provincias empezaba a ser casi una quimera, o un entretenimiento más propio de un pasatiempo para los domingos: conforme eran despedidos, algunos periodistas de Guadalajara buscaron reacomodo temporal en el ‘periodismo amateur’ -Radio Arrebato, El Hexágono, Ese Dos Uno, Placeres y Más o los blogs personales-, con productos de factura profesional pero que no servían para llenar la despensa. Empezó a imponerse como evidencia que el dictado de reciclarse pasaba por cambiar no sólo de tarea sino de sector. Y así los comunicadores que hace sólo una década abarrotaban las ruedas de prensa se convirtieron a la fuerza en teleoperadores, administrativos o maestros, o se vieron trabajando en supermercados, gimnasios o repartiendo propaganda. Todos son casos reales. Los hubo que abrieron tiendas o incluso una agencia de turismo. Y también los hubo que, en su intento por reciclarse, optaron por oficios más pintorescos, desde azafatas de vuelo hasta portero de edificio o figurante para rodajes de series y películas, por no hablar de los que emigraron a Gran Bretaña o incluso a Montenegro.

En busca de alternativas viables

Paloma Mora, que fue redactora en Nueva Alcarria bisemanario y diario y jefa de gabinete en la Consejería de Cultura, recuerda que en sus primeros meses de desempleada envió “curriculums sin éxito a un montón de sitios”, incluidos gabinetes de prensa y revistas especializadas, y se apuntó a un curso de inglés especializado en empresas, pero desde el primer momento supo que la salida más probable debía de estar en otro lado y dedicó horas a diseñar el plan de empresa que dio forma a Velociraptor, la tienda especializada en running que abrió en La Llanilla.

Algo parecido le ocurrió a Juan Murillo tras quedarse sin su puesto en el digital Guadaqué, aunque en su caso ingresó en el paro ya avanzada la crisis. “Si hubiera podido seguir haciendo periodismo habría continuado, es lo más vocacional, pero llega un momento que no avanzaba, no encontraba oportunidades ni aquí ni fuera”. El panorama se ha vuelto sombrío: “Hay mucho desánimo, los encuentros y congresos de periodistas parecen reuniones de Alcohólicos Anónimos donde se ve todo negro; mientras tuve paro y ahorros seguí buscando y echando currículums”, pero se enfrentó con realidades que caían como losas. “Las ofertas por internet resultan imposibles, o tienes contactos o es muy difícil encontrar trabajo, y a veces veía cómo 3.000 personas se presentaban a una oferta en Granada y se quitaban a muchos de un plumazo sólo en el primer filtro. Al final, se te acaba el dinero y no tienes expectativas”.

Puestos a abrir una nueva puerta, Murillo se encaminó hacia la cocina. “Siempre me había gustado mucho cocinar y busqué algo en lo que pudiese tener este interés previo, pero también trabajo y un rendimiento económico”. Estudió dos años el módulo en la Escuela de Hostelería, en una situación que le resultó extraña: “Es un shock verte con 33 años en el instituto, con compañeros de 20 años y escuchando el timbre para ir a clase”. Después de obtener el título ha logrado encadenar una serie de empleos como cocinero en diferentes establecimientos de la ciudad y, aunque tampoco en la hostelería hay puestos demasiado estables, al menos encuentra más oportunidades que en periodismo.

Por muy vocacional que sea, te tienes que plantear cómo pagar las facturas”, subraya Murillo, acudiendo a la misma metáfora que su compañero Abraham Sanz, que actualmente ha logrado encontrar un trabajo fijo como gestor comercial en las oficinas arriacenses de Adeslas, aunque en su caso después de concederle todavía más oportunidades a su oficio anterior. Exredactor de Guadalajara Dos Mil, Nueva Alcarria y Noticias, su primer instinto tras quedarse en el paro en 2011 fue reeengancharse al periodismo, pero los trabajos (cofundador de Cultura EnGuada y El Hexágono o colaborador en medios como La Voz de La Campiña) le resultaban insuficientes para afrontar los gastos cotidianos y compatibilizarlos con otras alternativas de futuro, como ser profesor de Historia y de Inglés, profesión que también ejerció en algunas asignaturas extraescolares en el Diocesano. Al final, la mayor estabilidad le llegó como vendedor de seguros, con un trabajo “que llegó de rebote, en un verano de 2014 en el que ya se agotaban las ideas y los recursos”. Primero ejerció como autónomo, vendiendo en la calle; después le ha llegado la posibilidad de un contrato fijo en la oficina.

Estudiar, emprender, reciclarse...

Casi todos los que han confiado en la posibilidad de seguir enganchados al periodismo han acudido en primera instancia a mejorar su formación para intentar así incrementar sus oportunidades en un mercado laboral mucho más exigente que en los tiempos en que hubo pleno empleo en el periodismo local. Los hay que han dado una vuelta de tuerca más, que protagonizaron aventuras empresariales como la televisión Canal 19 2.0 o el digital Lacomunidad.info, lanzados también por profesionales que se habían quedado en el paro. Muchos han trabajado gratis para seguir ‘en circulación’ o han aceptado encargos con tarifas que jamás habrían imaginado.

La periodista Paz Ruiz Utrilla, ahora profesora, es muy crítica con esta situación. “Me harté de ver infraofertas en Internet en las que se ofrecía 800 e incluso 600 euros por trabajar en Madrid durante 12 horas y en las que además de titulación y experiencia pedían otros muchos requisitos como idiomas o formación en redes. Creo que es indignante y, sinceramente, prefiero trabajar en otro sector menos cualificado a que se rían de nosotros como profesionales”, sostiene, criticando que el carácter vocacional del periodismo haya valido tantas veces para justificar la precariedad: “En general creo que todas las profesiones son vocacionales y no por eso admiten condiciones infrahumanas. Uno de los defectos que hemos tenido es que no nos hemos sabido reivindicar y hemos aguantado condiciones lamentables”. 

Redactora de medios como La Tribuna y premio Libertad de Expresión de la Asociación de la Prensa de Guadalajara, en su caso continuó escribiendo en el blog Placeres y Más con otras tres compañeras y buscó alguna oportunidad que se le negó. Ya antes incluso de la crisis, abrió la posibilidad -más estable que el periodismo- de estudiar las oposiciones para profesora. Con la crisis generalizada en el sector, la posibilidad se convirtió en la vía más pragmática, casi obligada, para salir adelante. “Cursé un Máster de Literatura en la UNED, estudié algo de inglés, crié a mi hijo y me desesperé”, admite. Tomándose las oposiciones como si fuesen, por sacrificio y empeño, un puesto de trabajo en sí mismo que compatibilizó con las cargas familiares y algún empleo ocasional en logística, finalmente se ha hecho con una plaza de profesora de Secundaria en la Comunidad de Madrid y trabaja como profesora de Lengua y Literatura en un instituto en Alcalá de Henares, aunque ya tuvo alguna experiencia anterior en Guadalajara. ¿Volverá al periodismo? No lo cree.

Un panorama deprimente”

La situación de estos periodistas reciclados en una cocina, un tractor, una tienda o una oficina les confiere un punto de vista privilegiado para analizar el panorama actual del periodismo, con conocimiento de causa, pero también con cierta perspectiva. Para Sanz, el panorama es “deprimente, no lo podemos calificar de otra manera, los ciudadanos en Guadalajara hemos perdido calidad informativa”, sobre todo al observar que las grandes empresas radiofónicas “no hacen esfuerzos” y que ningún empresario ha sabido mover ficha “para que tengamos una serie de medios de referencia, como serían aquellos Guadalajara Dos Mil o Nueva Alcarria de antes”.

Murillo insiste en la fragilidad de los medios locales: “Sólo tenemos medios pequeños, no hay ni siquiera una tele, los compañeros hacen lo que pueden, pero las posibilidades son escasas: falta personal, son empresas sin plantillas y les falta profundidad, los medios generalistas no tienen posibilidad de investigar o hacer información en profundidad”, comenta. Y considera que los medios de comunicación convencionales se tienen que enfrentar a “grandes empresas que les ganan en dinero, en tecnología y en usuarios… Facebook es ahora el medio”, un gigante que se nutre de los contenidos periodísticos: “les quita la marca y la distribución”.

Paz Ruiz Utrilla destaca un problema que el escenario local comparte con el nacional: “he observado una uniformidad de la información que se proporciona, producto lógico de la falta de personal, aunque se siga haciendo lo posible”. Para Gustavo García, “hay pocos periódicos, por no decir sólo uno, y para mantenerse tiene que estar al capricho de los políticos. Me da mucha pena el periodismo de la provincia, aunque me parece genial que todavía haya grandes y buenos profesionales ejerciendo”, puntualiza.

"Admiro a todos los compañeros que han seguido haciendo periodismo en estos tiempos tan duros para la profesión, que se han adaptado a los nuevos medios y nos siguen manteniendo informados, al pie del cañón”, sostiene Mora, abriendo una puerta a la esperanza: “La profesión está herida, pero no de muerte… confío en esa capacidad camaleónica que tenemos de sobrevivir, porque el periodismo vive en las personas”.

A pesar de cómo está el patio periodístico, varios de ellos confían en poder volver a ejercer. Abraham Sanz todavía sueña con retransmitir una etapa reina del Tour de Francia o con poder cubrir unos Juegos Olímpicos. “Si surge un nuevo proyecto, lo normal es intentar estar ahí”, reconoce: “Es tu vida, tu trabajo y tu vocación, que por culpa de la crisis y el panorama periodístico se ha visto truncada. Hay que buscar el trabajo donde surja, sin echarse atrás”, asegura. Él echa de menos “el run-run del día a día y la rutina de estar pendiente de la actualidad y sentarte al ordenador a escribir una noticia o una entrevista”. Y por eso, insiste: “Si tengo oportunidad de regresar al periodismo lo haré, es un imán que te tira”. "Se lleva en la sangre", añade Mora. Se sigue siendo, ante todo, periodista, subraya García: “Aunque tenía asumido que después de 27 años de carrera tenía la vocación cumplida, y a pesar de que hago algo puntualmente, a mí lo que me gusta es trabajar de periodista a diario”, admite este agricultor que cuando tiene que presentarse lo hace, por supuesto, como periodista.


» GUSTAVO GARCÍA: “He ganado en libertad”. Gustavo García ha guardado en el cajón la grabadora y el cuaderno de notas y anda ahora a los mandos del tractor. Después de pasar durante 27 años por un sinfín de medios provinciales -entre ellos Televisión Guadalajara, Global Henares, Nueva Alcarria o El Día, el último en el que trabajó-, ahora cultiva las 160 hectáreas de explotación familiar en su pueblo, Laranueva (en el municipio de Torremocha del Campo). Fue en 2007, mucho antes de quedarse sin su empleo como periodista, cuando se vio ante la tesitura de tener que decidir si en el futuro querría ser agricultor. Su padre le comentó que compraría un tractor nuevo si él fuese a seguir en el futuro trabajando los terrenos. “Dije que sí, que lo haría en los ratos libres, aunque ahora me he dado cuenta de que no habría sido capaz de compatibilizar las dos cosas, sólo la siembra te lleva tres meses de mucho trabajo”, explica. Pero fue entonces cuando dio el primer paso para relevar a su padre como agricultor. Y cuando en abril de 2012 cerró el periódico en el que trabajaba, El Día de Guadalajara, el paso fue definitivo.

Ahora habla con profesionalidad de seguros, de precios o de daños para los cultivos y se mueve entre trigo -lo que más cultiva-, girasol, cebada (poca) y experimenta con triticale o camelina. También enumera abonos: de sementera, de aplicación única, nitrogenados… “En la tierra da mucha satisfacción recoger los frutos de lo que se planta, es un valor añadido a lo puramente económico y eso me va atrapando poco a poco, admite, aunque la viabilidad es el caballo de batalla de cada día”. Incluso defiende al sector de algunos prejuicios habituales: “somos muchos los que no desearíamos tener la subvención a cambio de precios más competitivos y de que tenga más ayudas quien más se lo trabaje”, añade entre sonrisas.

Al evaluar el cambio de dedicación sobre la balanza, Gustavo García pondera las ventajas: “he ganado en libertad, en disfrutar de la naturaleza y en conocer una actividad nueva a la que le voy cogiendo el gustillo”. Pero también ve las desventajas: “Lo peor es estar sólo en el campo, sobre todo cuando no hace buen tiempo, ahí hay mucho contraste con el periodismo donde siempre había mucho ambiente en las redacciones, las ruedas de prensa, etc.” Echa de menos el periodismo, pero la mejor forma de superar el síndrome de abstinencia pasa por “acordarte mucho de los aspectos negativos” que tenía el oficio, sobre todo cuando iba ligado a responsabilidades o cierres de edición: “no puedes pasarte todo el día comiéndote la cabeza, ese problema me lo he quitado ahora de encima”.


» PALOMA MORA: “El periodismo se lleva en la sangre”. La periodista Paloma Mora se quedó en 2011 sin trabajo después de una carrera de periodista en Nueva Alcarria y de un periodo en Toledo como jefa de gabinete de la Consejería de Cultura. Ante el panorama que se abría en el horizonte, vio entonces la posibilidad de levantar un proyecto que le venía rondando con su marido: “la puesta en marcha de una tienda especializada en running, en Guadalajara; ya que, hasta entonces, nos teníamos que ir a Madrid para comprar tanto las zapatillas como textil o cualquier complemento necesario para su práctica”. El proyecto tenía una vertiente también periodística, un blog asociado a la marca que ofrecería información relacionada con atletismo, trail running, triatlón, natación... “La actividad de la tienda y la organización de pruebas no me deja tiempo para hacer periodismo en condiciones, periodismo en profundidad, entrevistas... como a mí me gustaría”, admite al hablar de esta compatibilidad. “El periodismo es una profesión que se lleva en la sangre y se es o no se es...Las redes sociales te permiten dar la noticia, de manera rápida, un titular, apenas tres párrafos y una foto, pero no es lo mismo”, admite.

No obstante, en el giro que ha imprimido a su vida hay otros puntos ganadores: “He salido ganando en la gente maravillosa que he conocido y sigo conociendo en este mundo del atletismo, el triatlón... que te enseña unos valores que no encuentras en otros deportes ni en otros ámbitos de la vida”, admite. Ve difícil volver al periodismo, pero querría hacerlo ligada precisamente al deporte: “Guadalajara es ahora mismo puntera en atletismo, triatlón, natación... trail running... y la gente tiene que saberlo... aunque lamentablemente haya otros deportes que se llevan portadas sin merecerlas”. 


» JUAN MURILLO: “El periodismo se queda como un hobbie”. Murillo, que ahora ha optado por la hostelería, llegó de Madrid para ejercer el oficio en Guadalajara, primero en un proyecto digital personal (Getaimé) y más tarde como redactor en Guadaqué. Se considera periodista vocacional, pero también con los pies en el suelo: “Un poco de mono siempre tienes, mantienes la rutina de leer prensa y blogs para estar informado de lo que pasa y hago algunas cosas que me gustan… se queda ya como un hobbie. No acabas de dejarlo nunca porque te gusta mucho y pueden surgir oportunidades, pero lo primero es la estabilidad económica. Si no, no haces ni periodismo ni nada”.

La estabilidad en su caso ha llegado con una mejor retribución económica como cocinero. Valora que ha salido perdiendo al renunciar a hacer algo que le gustaba de veras, o incluso que como reportero tenía una libertad de horarios que ahora le ha hecho más complejo adaptarse al reloj de la cocina.


» PAZ RUIZ UTRILLA: “El periodismo no volverá a ser como antes”. Periodista en La Tribuna, Televisión Guadalajara o la agencia Europa Press, Paz Ruiz Utrilla es ahora profesora de Lengua y Literatura y uno de los casos, más excepcionales, en que tampoco echa demasiado de menos el periodismo, “salvo en momentos puntuales en que sí echo de menos escribir”. En realidad, confiesa que lo que más añora es “su lado más social, aunque ese contacto con la realidad también lo aporta la docencia”. Se ha sacudido, en cambio, otros aspectos menos interesantes de la cobertura informativa, como el trato con políticos o “tener que cubrir por enésima vez acontecimientos que se repiten a lo largo de los años sin ninguna variación”.

No creo que vuelva a ejercer el periodismo, pero tampoco creo que, en general, el periodismo regrese a la época que yo conocí: una profesión ‘de calle’, que salía de la agenda marcada por los gabinetes para hacerse también eco de los problemas sociales. Contrastar la información, investigar temas nuevos, apostar por el periodismo gráfico hecho por los compañeros fotógrafos (que han sido otros de los grandes damnificados de esta crisis), elegir concienzudamente cada una de esas imágenes… la crisis no se ha llevado por delante solo a los profesionales, sino una forma de hacer periodismo que, salvo en honrosas excepciones [cita generosamente Cultura EnGuada] no va a volver”, reflexiona. Pese a lo cual valora el modo en que los colegas siguen manteniendo en pie el gremio: “están haciendo lo que pueden con el panorama resultante del recorte y el producto es bastante digno si se tienen en cuenta los escasos recursos y la cantidad de horas que se trabaja en condiciones que ninguna otra profesión admitiría”. Y subraya: “Si ya era difícil ejercer en los ‘tiempos buenos’, lo es mucho más ahora”. Y matiza que tampoco la ‘edad dorada’ del periodismo fue Jauja: “No hay que olvidar que las condiciones entonces no eran tampoco buenas. Se puede decir que había trabajo para más periodistas pero que esto no mejoró las condiciones. Trabajábamos en jornadas maratonianas e interminables. La crisis solo ha incrementado dichas condiciones”.

Aquí, reconoce, ha salido ganando con el cambio: “Los horarios docentes son mucho más racionales, aunque en general tenemos una idea equivocada del trabajo del profesor, cuyo horario no se limita a la permanencia en el centro, sino que se amplía con bastantes horas de preparación en clase”, puntualiza. “Eso sí, esto da mucha más libertad para conciliar que el trabajo del periodista y para organizar el trabajo en casa conforme a las necesidades de cada uno”. Hay, no obstante, algo en común entre el periodismo y la docencia: “en ninguno de los dos se desconecta cuando termina la jornada laboral y en ambos el profesional se lleva las preocupaciones a casa”.


» ABRAHAM SANZ: “Mi trabajo ahora no es tan excitante, pero tengo un horario”. Abraham Sanz se sienta cada día en una oficina de Adeslas para gestionar la venta de seguros. Aunque en 1999 decidió estudiar Periodismo y había ejercido desde entonces en tres periódicos locales, cuando sufrió el ERE del semanario Noticias intentó buscar “otras fórmulas para seguir vinculado al periodismo sin que fuese posible”. Desde hace dos años y medio desarrolla este otro trabajo, para el que asegura que le ayudan la formación como periodista -y también como profesor, tras cursar un master- a la hora de mantener entrevistas con clientes y explicarles un producto “de la forma más atractiva para que llame la atención”.

Con el nuevo trabajo se ha quitado de en medio algunos inconvenientes, como los horarios excesivamente prolongados de la jornada periodística. “Tal vez lo que hago ahora no es tan excitante, pero al menos tengo un horario y sé cuándo tengo que parar, lo que no ocurría como periodista, donde te involucrabas las 24 horas, veías un accidente a las diez de la noche y ya estabas llamando a la redacción”. 

El regreso al sector sigue siendo complicado. “Las condiciones son iguales o peores que cuando trabajaba”. Entiende que la burbuja de medios pinchase, porque “teníamos un periódico para cada vecino, eso era excesivo e inviable”, pero también considera que había fórmulas interesantes que se han perdido, como el semanario Noticias, que te permitía tener en el buzón “información elaborada y un resumen de la semana con información de agenda y servicios”.