Agitación cultural en las sierras

Festivales de música, ciclos de cuentacuentos, exposiciones, un certamen de cine, carreras populares y reivindicaciones a favor del patrimonio: la sociedad civil se está moviendo en los pueblos de la Sierra Norte y la comarca de Molina. • En este reportaje, hablamos con algunas de las asociaciones que dinamizan la vida de unos pueblos cuyos vecinos tienen claro que la vida en el mundo rural y el asociacionismo deben permanecer unidos para siempre.


Guadalajara tiene muchas cosas impresionantes. Sus parajes naturales, su gastronomía, sus tradiciones, su historia, su patrimonio… Localidades como Sigüenza o Molina de Aragón reciben a miles de visitantes cada año. Todo el mundo desea impregnarse de sus valores. Los turistas están ávidos por conocer una provincia que, hasta no hace tanto, era desconocida para muchos. Y, cuando la recorren, salen encantados. Sin embargo, en los últimos años están apareciendo nuevos elementos de interés. La sociedad civil se está movimiento a través del asociacionismo. Es impresionante la gran cantidad de actividades que existen en el ámbito rural provincial. Para muestra, dos zonas. La Serranía y el Señorío. En el primero de los casos, destaca la Arquitectura Negra. 

En los pueblos de la Arquitectura Negra hay una ruta que, patrimonial y paisajísticamente, es espectacular. Y, desde hace unos años, también cuenta con una programación semejante a la de las grandes ciudades españolas. En esta zona –que apenas supera el medio millar de empadronados– se puede acudir a pruebas deportivas, conciertos, certámenes de cine, veladas poéticas, cuentacuentos… Y todo gracias a la implicación de sus vecinos. Uno de ellos es Fernando Barbero, de Robleluengo, responsable –junto a otros– del Medio Maratón de Montaña del Ocejón. “Es una carrera muy exigente, con grandes desniveles y, por tanto, dura y difícil. No obstante, la relación entre voluntarios y corredores, el acto de entrega de trofeos artesanales, la celebración posterior con música en vivo, el desayuno del día siguiente… hacen del evento una fiesta de principio a fin”, asegura.

En definitiva, se constituye como una cita prestigiosa entre corredores de toda España,  y en cuya organización también participa la asociación de Robleluengo. Su presidenta, Toñi Bitria, señala que los objetivos de su entidad son la “realización de actos en los que los vecinos puedan participar, creando un espacio de convivencia en el pueblo”. Para ello, además del medio maratón de montaña, impulsan otras propuestas, como conciertos de música clásica o el Cuentacuentos del Ocejón. Ésta es una iniciativa que, año tras año, lleva hasta la comarca a narradores orales de primer nivel. En ella se involucran tanto los ayuntamientos de las localidades participantes, como las asociaciones de las mismas. “Tiene una gran aceptación”, concluye Bitria.

Y por si esto fuera poco, también se puede acudir al Ranas Folk, un certamen de ‘música de raíz’ que se celebra a inicios del verano. “Hemos disfrutado de música de Galicia, País Vasco, Asturias, Cataluña, las dos Castillas, Madrid, Andalucía, EE.UU., Argentina, Gran Bretaña, Irlanda…”, explica Fernando Barbero. Un abanico que se ha visto ampliado con blues, rap, jazz, flamenco e, incluso, acordes medievales occitanos. Todo un lujo. “El criterio que predomina a la hora de buscar intérpretes es la calidad”, complementa.

Un compromiso que se ha visto acompañado por el nacimiento de una nueva iniciativa asociativa. Se trata de ‘La Jalea del Ocejón’, cuyo objetivo es la “agitación cultural”, tal y como indica Álvaro Pardo, uno de sus miembros. Por ello, sus componentes colaboran en ideas ya existentes, además de impulsar otras muchas, entre las que destacan mercados del trueque, veladas poéticas o un certamen de cine de viajes. Este festival cinematográfico es una cita con una gran aceptación. Tiene lugar en otoño entre Majaelrayo y Campillo de Ranas y en 2016 alcanzará su octava edición. Se busca ofrecer filmes de autor, fuera de los circuitos más comerciales. “Procuramos que se vean trabajos buenos, además de dar la oportunidad a gente que hace su labor con mucha dedicación”, añaden. Agitación cultural pura y dura.

Hace tiempo, en los pueblos grandes había salas de cine permanentes, pero en los más pequeños iba un hombre con una camioneta y realizaba proyecciones en verano”, recuerdan desde la asociación La Jalea del Ocejón. Esta tradición de cine rural se fue perdiendo, pero en esta zona del Ocejón no se resignan y pretenden recuperar la oferta. Celebran por eso un certamen de cine de viajes que este otoño ha cumplido su octava edición.

Al otro lado de la sierra del Robledal

Y si el cine tiene muy buena acogida en la Arquitectura Negra, el jazz es el protagonista en Cantalojas. En esta localidad se celebra una actividad que, cada octubre, cuenta con una mayor aceptación. Se trata del Cantalojazz, cuya preparación corre a cargo de la asociación ‘Hayedo de Tejera Negra’. “A pesar de que no tenemos mucho apoyo y que los presupuestos son exiguos, seguimos adelante”, confirma Carlos Molinero, uno de los componentes de la organización. De hecho, el año pasado pudieron disfrutar del buen hacer de Jorge Pardo –un auténtico maestro en la especialidad–, mientras que para 2016 ya han cerrado la actuación de Pedro Iturralde. Un esfuerzo que se ve correspondido con la gran afluencia de público que han recibido durante sus 12 ediciones.

Sin embargo, el empeño de la asociación ‘Hayedo de Tejera Negra’ no queda aquí. Impulsa una gran variedad de iniciativas. Entre ellas hay marchas ciclistas, comidas de hermandad, carreras populares, conciertos de música sacra, día del árbol o la recuperación de diversas costumbres, como Los Cencerrones. “Los pastores, antiguamente, durante el mes de diciembre iban tocando los cencerros por todo el pueblo, hasta la Iglesia, donde cantaban villancicos”, explica Molinero. Se trata de una tradición que han revitalizado.

La recuperación de este tipo de celebraciones también se encuentra entre los objetivos de la asociación ‘El Poyato’, de Condemios de Arriba. La entidad –en colaboración con vecinos y diversas personalidades, como el etnógrafo José Antonio Alonso– consiguió recuperar los danzantes de la localidad. Una buena noticia que tuvo lugar en 2005, tras más de cuatro décadas de desaparición. Actualmente, dicha fiesta posee un magnífico estado de salud. Cuenta con dos grupos de «bailarines». Por un lado, los jóvenes –que aseguran la continuidad de la tradición– y, por otro, los adultos. Ambos aparecen el día de la patrona de Condemios, el 15 de agosto. Pero también hacen diferentes actuaciones tanto en la provincia de Guadalajara como fuera de ella para dar a conocer su labor.

Sin embargo, y como ocurre en Cantalojas, el compromiso de ‘El Poyato’ no finaliza aquí. A lo largo del año organizan propuestas deportivas, actividades infantiles, cine, exposiciones, o fiestas temáticas. “Al ser una agrupación sociocultural, además de organizar iniciativas como las señaladas, también promovemos los valores del pueblo”, indica Ángel Gonzalo, vocal de la entidad.

Mantener las tradiciones”

Existe un gran número de entidades muy comprometidas a nivel local. Sin embargo, hay algunas que tratan de dar un impulso comarcal a la programación de actividades. Entre ellas se encuentra la asociación ‘Serranía’. Su presidente, Fidel Paredes, es muy claro al respecto. Los objetivos de la agrupación se basan en “el mantenimiento de las tradiciones de la sierra, de la cultura de la comarca y de la preservación del medio ambiente”. Para ello, se desarrollan diversas propuestas. La más llamativa es el Día de la Sierra, que tiene lugar en octubre. Durante la misma realizan exposiciones, muestras artesanales, actuaciones musicales, se da a conocer el folklore de los alrededores y se elige a un serrano del año. “Se trata de una persona destacada en la defensa de nuestros valores y costumbres, o que haya hecho alguna cosa relevante a favor de la zona”, indica Paredes.

Además, esta asociación también organiza el ciclo de primavera, en el que se reflexiona sobre diversas problemáticas, como los incendios forestales o la recogida de setas. “Se plantea un asunto que esté en el candelero”, confirma el presidente. Una filosofía en la que, además, se busca conjugar la teoría y la práctica. Por ello se realiza la Ruta de la Jara, en la que se recorren aquellos caminos serranos menos conocidos. “No es actividad competitiva, sino que vamos conociendo paisajes, divulgando sus valores geológicos y naturales, y charlando”, aclara.

Así,  desde la asociación Serranía se comparte estrategia con otras entidades. Entre ellas, la denominada ‘Viajando por los pueblos negros’, formada por varios hosteleros de la zona. Se trata de una agrupación que busca, sobre todo, una mayor promoción de la comarca. “Nuestra idea es dinamizar la sierra, darla a conocer y ofrecer cosas novedosas”, explica su portavoz, Esther Fernández. “Queremos que la gente venga a vivir aquí, que pruebe actividades diferentes y que tenga nuevas experiencias. Todo ello respetando una serie de valores, como el del cuidado del medio ambiente y la búsqueda del elemento etnográfico”, asevera.

Para ello, organizan la Fiesta de la Castaña, que se celebra en otoño en Zarzuela de Galve. Durante la cita se realizan paseos interpretativos, se pone en funcionamiento la fragua de la localidad y se realizan mantecados en el horno –que posteriormente se degustan–. Además, en primavera, desde «Viajando por los pueblos negros» impulsan unas jornadas mico–gastronómicas en Campillo de Ranas. Localidad que, en junio, acoge otra iniciativa de esta asociación, denominada ‘Arte en la Plaza’. “Intentamos traer artesanía de verdad, gente que viva de este sector”, explica. “Realizamos talleres para que la gente vea cómo se hacen estos productos y que ellos mismos puedan participar del proceso de fabricación”, añade.

El Señorío también tiene su voz

Todo este movimiento se produce en la Serranía de Guadalajara. Pero, ¿qué pasa con el Señorío? En Molina también hay una intensa actividad asociativa. Sólo hay que observar la implicación de La Otra Guadalajara en favor del desarrollo de la comarca. Pero si se mira localidad por localidad también se distingue un gran compromiso de sus vecinos. Y para muestra, Alustante. ‘Hontanar’ –que así se llama la principal agrupación del municipio– es una de las más antiguas de la provincia. Lleva trabajando desde 1979. Y lo ha hecho sin faltar ni un solo día a su compromiso con la promoción de la cultura. “Nuestro objetivo es colaborar para complementar tanto las actividades como la dinamización social del pueblo”, narra Diego Sanz, vocal de la organización.

Y, para conseguir esta meta, impulsan junto con la asociación de Motos –pedanía alustantina– el programa «Alustante y Motos todo el año». “Se han recuperado fiestas, como San Antón y San Pedro; se han realizado semanas culturales, concursos de pintura rápida, propuestas teatrales, exposiciones, conferencias… Todo ello con la idea de que sean iniciativas que se prolonguen a lo largo de los 12 meses del año, y no solamente durante el verano”, afirma Sanz.  Por ello, el portavoz de ‘Hontanar’ ensalza la importancia del asociacionismo rural. “Se trata de una forma de vinculación con los pueblos”, concluye.

Una perspectiva que también es compartida por la asociación de amigos de El Pedregal. Es otra de las entidades molinesas con mayor arraigo. De hecho, entre sus objetivos se encuentran la dinamización de la localidad durante las cuatro estaciones del año. No únicamente en verano. Para conseguir esta meta diseñan una programación de lo más variado, que va desde un día del medio ambiente –en el que limpian o reforestan los parajes del municipio– a clases de alemán, ciclos de cine, excursiones, conciertos… Incluso este año presentaron la candidatura al concurso Árbol Europeo del Año. Se trató de una carrasca, que quedó en quinto lugar, un puesto más que digno. “Esta idea ha tenido un impacto muy positivo, ya que ha venido gente de fuera para conocer El Pedregal y su entorno natural”, confirman desde la entidad.

Si quieres algo más que el bar, tienes que enredarte”

La variada programación de la que disfrutan actualmente en las sierras sería impensable sin sus asociaciones. Las hay de objetivos diversos, pero todas coinciden en lo relevante de esta fórmula participativa: “El asociacionismo es fundamental, porque si quieres hacer algo más que ir al bar o ver la tele, tienes que ‘enredarte’ con otros”, confirma Álvaro Pardo, de ‘La Jalea del Ocejón’. “Somos unos municipios un poco aislados, y si no nos unimos, no se consiguen las cosas tan fácilmente”, explica Toñi Bitria, de Robleluengo. “Las asociaciones en el mundo rural son muy importantes, pero lo realmente imprescindible es el espíritu que anima a muchas personas a colaborar y a asistir a los distintos actos”, complementa Fernando Barbero.

Por tanto, la labor de este tipo de entidades es esencial. “Cubrimos algo que no hacen las administraciones, que tienen un poco olvidadas a estas zonas a nivel cultural”, explica Carlos Molinero, de Cantalojas. “Si no fuera por estas agrupaciones, no podríamos mantener una afluencia de gente a los pueblos, por lo que la vida se moriría más rápidamente”, señalan desde El Pedregal.  “Imaginemos una pequeña localidad o una comarca sin actividades culturales, ni biblioteca, ni conciertos de música, ni fiestas populares…. Sería un montón de casas sin almas ni personalidad. Cuando existen motivos para reunirnos y reconocernos somos más humanos, más pueblo, ¡y además lo pasamos de maravilla!”, concluye Barbero. Y añaden, además, otra razón para conocer la provincia. 


 Reportaje publicado originalmente en el número trimestral impreso de Cultura EnGuada de otoño.