Tregua para el Casco Histórico

¿Qué necesidades tienen los habitantes del Casco Histórico?, ¿cómo se puede hacer más habitable y más estético o recuperarlo cultural y socialmente? • Son algunas de las propuestas de la segunda mesa de trabajo que se celebró este lunes en el Palacio del Infantado y a la que precedió una visita guiada por la calle Mayor de la mano de la Asociación Provincial de Guías Turísticos. • La Junta ha comenzado a revisar el Catálogo de Edificios, lo que implica que, de momento, no habrá nuevas demoliciones.


En el siglo XVII, Guadalajara llegó a tener una decena de barrios, 50 casas con escudo y más de doce conventos o monasterios. En los años 60, a punto estuvo de ser Conjunto Histórico-Artístico. Hoy, el mapa refleja 80 solares en el casco. Las iglesias se han cambiado por plazas y apenas quedan dos conventos en el centro -el de Carmelitas y franciscanos-. El antiguo Convento de las Bernardas es hoy el Mercadona de Bejanque y los restos de la antigua puerta del mercado -aunque se han respetado- forman parte de Caja Soria en la plaza de Santo Domingo y no son visibles al público.

Guadalajara es memoria pero también, posibilidades, a tenor de las aportaciones que varios expertos compartieron este lunes en la segunda mesa de trabajo del ciclo sobre el casco histórico organizada por el Colegio de Aparejadores, Arquitectos e Ingenieros de Caminos. A tenor, también, de las conclusiones de la visita guiada ofrecida dos horas antes por la Asociación de Guías Turísticos de Guadalajara y que, de la mano del guía Enrique Jaime Hierro, permitió recorrer la calle Mayor y recordar viejas fotos y nuevas realidades. No sólo se han perdido edificios, "también las tiendas de antes", denuncia Enrique. "Da mucha pena". En el camino, se demuestra que se han quedado teatros que fueron un día y hoy son sede bancaria, conventos que estuvieron y ya no son, estatuas que hoy decoran plazas céntricas y en su día, fueron ornamenta de palacio. La calle Mayor está salpicada de edificios esplendorosos de finales del XIX, aunque ya decadentes, y que, si nada lo remedia, serán un solar más; o balconadas que, revestidas de una oscura tela y sostenidas por maderos en forma de cruz, se asemejan más "a una mina" que a nada.

"La Junta está revisando el Catálogo de Edificios", anunció esperanzada, en el debate posterior a la visita, Teresa Sagardoy, Técnica Superior en Arqueología de la administración regional. Una revisión, que todos juzgaron necesaria porque implicará "un estudio" previo antes tirar un edificio. De momento, "las demoliciones están paradas", tranquilizó Sagardoy.

"Esperemos estar a tiempo para presentar un documento", dijo Elena Guijarro, presidenta del Colegio de Arquitectos de Guadalajara, que incluya líneas encaminadas a "la recuperación de edificios y su rehabilitación, su recuperación social y cultural". Es uno de los objetivos de este ciclo de mesas de trabajo que apuesta por la participación: "hay que pensar más en los ciudadanos", se quejó uno de los espectadores, "en el que tiene que venir a vivir al centro. ¿Por qué construir más si la mitad de las casas de la calle Mayor está a la venta o mal alquilada?", se preguntó, proponiendo "más limpieza y dar sentido a los edificios del centro para que no te entren ganas de irte a vivir a El Clavín".

La reflexión sobre los problemas pero también las fortalezas del casco histórico arrojó diferentes ideas y diagnósticos. El arquéologo Ildefonso Ramírez, señaló que, a su juicio, "ha faltado disciplina urbanística por parte del Ayuntamiento" y que es necesario un estudio sociológico y antropológico de la zona -se desconoce cuántas viviendas hay y cuánta gente vive en ellas-. El arqueólogo, que cree que uno de los puntos flacos del Casco es que  existe "falta de identidad porque sólo una tercera parte de los habitantes han nacido aquí", propone "recuperar parcelas y mirar hacia afuera" -citó ejemplos en España y fuera de ella- "y que las instituciones utilicen las herramientas que tienen para parar las demoliciones. A veces se hacen las cosas no desde la ilegalidad sino desde la inmoralidad".

La falta de identidad tambien es uno de los problemas para Sagardoy, que defendió llamar al casco "histórico y no antiguo" y apostó por "la rehabilitación y conservación", al igual que Guijarro, presidenta de los arquitectos: "hay que intentar mentalizar a los propietarios de no favorecer la ruina de los edificios. Deberíamos cambiar el chip: es mejor restaurar que demoler". Aunque "desde el punto de vista de la economía personal, te sale más rentable tirar un edificio que rehabilitarlo", admitió Jorge Riendas, presidente del Colegio de Aparejadores.

"Hay que parar ciertos derribos", defendió en este punto un espectador, y "dinamizar el centro, aunque honestamente creo que no hay muchas ganas de hacerlo. Se debería de volver a poner un impuesto a los propietarios que no construyen", dijo, aludiendo además al mal estado de otros inmuebles que se encuentra todos los días en su paseo matutino: el edificio de Correos, actualmente sin uso, o la casa del pintor Carlos Santiesteban.

El historiador Angel Mejía, que llegó a Guadalajara con diez años, confesó que "Guadalajara tiene cada vez menos edificios singulares. Si queremos que la gente venga al centro hay que rehabilitar, sobre todo, su interior". Abogó por remar "todos juntos" para hacer del centro "una zona más habitable", aportó ideas -"dar a conocer a la gente joven la ciudad, alquileres más baratos, vivienda social o pisos para estudiantes- y se mostró optimista: "hubo momentos en la historia en que Guadalajara se llenó de vecinos , como con la construcción de la Fábrica de Paños. Podría volver ese ciclo".

En un plano más estético, el profesor de la Escuela de Arte, Ramón González, defendió que desde este centro educativo se podrían aportar ideas "plásticas". A su juicio, es posible "la dignificación del casco" y propone "un uso alternativo de los solares existentes" -algo que la nueva Estrategia Integral de la Dinamización del Casco contempla-, "la unificación de elementos como colores, materiales, diseño de iluminación, una ruta de murales o intervenciones pequeñas en fachadas o edificios enteros" y estudiar "qué necesidades tienen los nuevos habitantes para que el centro no se convierta en un museo al aire libre ni en un ensanche meramente dormitorio".

Aunque "Guadalajara sea la ciudad que más ha destruido su patrimonio, tenemos una ciudad muy interesante", defendió el profesor de Arquitectura Andrés García Bodega, quien pidió "calma" para actuar sobre el casco -"puede esperar como lo ha hecho durante tantos años"- y "primero dar a conocer la ciudad", proponiendo el lanzamiento de una campaña para descubrirla. La idea no le pareció "compatible" a Sagardoy, técnico de la Junta, con "dar soluciones inmediatas porque al casco lo estamos perdiendo todos los días".

Entre las soluciones defendidas por el ingeniero Luis Martínez, presidente del Colegio de Ingenieros de Caminos, destacaron dar alternativas a los peatones y "la unión de todas las administraciónes, quizás a través de consorcios", para relanzar la zona, así como "un casco donde no todo sea peatonalizable", se sumó Guijarro. "necesitamos un casco más permeable y más atractivo para vivir en él, pasear o visitar como turista. ¿Por qué la gente ha sustituido la zona de ocio de Bardales por los nuevos bulevares como Clara Campoamor si también hay buena hostelería allí?", se preguntó la presidenta de los arquitectos.

Ante tanta apuesta rehabilitadora para el casco y las segundas posibilidades, figuró en varias ocasiones dar uso y vida a los edificios del centro. Para que Guadalajara no se quede sólo en una ciudad de "apariencia bonita" que esté muerta por dentro.


 La próxima mesa de trabajo ahondará en la dinamización social y cultural del Casco Histórico, con la presencia de varios agentes y asociaciones implicados. Será el 9 de febrero a las 19 horas en la Biblioteca Pública de Guadalajara.

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