Aroma de buen café

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Una excelente actuación del colombiano Juan de Castilla abre la Feria Taurina de Guadalajara. • Más de media entrada en el Coso de Las Cruces, que lució impecablemente arreglado por la empresa. • Ginés Marín y David Miranda se toparon con novillos mansos y flojos que impidieron el lucimiento.


Primera de abono en la Feria Taurina de Guadalajara 2015. Plaza de Las Cruces, más de media entrada en tarde agradable, de espléndida temperatura. La corrida se retransmitió en directo por CMT y fue presidida (mal, como siempre) por el policía José de Pedro. Se lidiaron seis novillos de José Luis Pereda / La Dehesilla, bien presentados, y de juego muy irregular. Los dos primeros y el quinto, mansos de solemnidad. Tercero y sexto, nobles. El cuarto, soso. Dieron en la romana 425, 406, 412, 431, 416 y 414 kilos. Todos adolecieron de escasez de fuerzas. Les correspondieron en suerte a:

Ginés Marín, de salmón y oro: Un pinchazo y estocada tendida (silencio). Estocada caída (oreja con petición minoritaria).

David de Miranda, de rojo y oro: Estocada caída (silencio). Cuatro pinchazos y descabello (silencio, escuchó un aviso).

Juan de Castilla, de cielo y oro: Estocada pescuecera (dos orejas). Estocada ligeramente tendida y un descabello (oreja, escuchó un aviso).


El jueves de Ferias amanece en Guadalajara oliendo a chocolate, churros y café, en el mañaneo festivo que marca la inflexión taurina de la Semana Grande. Ese aroma cafetero, dulzón y amargo al tiempo, es también el que trae consigo en su toreo el colombiano Juan Pablo Correa, nacido en Medellín, pero criado para la tauromaquia en esa escuela de toreros que tenemos por Fuentelencina y que le dicen el "CITAR". Juan "de Castilla", se anuncia en los carteles este torero que, tan solo un año después de debutar con picadores en Sacedón, llama con fuerza a las puertas de una alternativa que tiene merecida. Porque está "en torero", y asoman en él recursos de madurez y gusto. Son esos recursos, inteligencia también, los que este jueves destiló sobre el albero del Coso de las Cruces en dos faenas diferentes, pero ambas cargadas de plasticidad y belleza.

Andaba la cosa mustia tras dos toros de una mansedumbre exasperante cuando "Collarín", el tercero de la tarde, salió por el chiquero para encontrarse con Juan. Un aseado tercio de varas y un buen tercio de banderillas dieron paso a la mejor faena de la tarde, acertadamente brindada y ejecutada en los medios por el colombiano. Lo toreó larguísimo con la derecha, Juan de Castilla, domando la embestida un tanto abrupta del noble novillo de Pereda, y muy, muy ceñido en dos tandas de hondísimos naturales cargados de temple a la altura del tendido 5. Fue sutil y cuidado, todo ello, prólogo de un apoteósico final de faena con las bernardinas más ajustadas que se puedan imaginar, y que pusieron los tendidos boca abajo antes de que el colombiano pasaportara al toro con una estocada más certera que ortodoxa. Dos orejas rotundamente pedidas y concedidas fueron la justa recompensa.

Le acompañó a Juan la suerte del sorteo para llevarse el mejor lote de la tarde, y lo aliñó con su talento, el atesorado en sus años de formación, para volver a tocar pelo en el último de la tarde, un novillo mucho más parado que su hermano, y que como toda la corrida fue lidiado sin que el picador se acordara de él. Tuvo Juan que cuidar al animal, y lo hizo, iniciando la faena en los medios, de rodillas, para centrarla luego en un toreo suave, sedoso, que ejecutó con la misma pausa con la que se prepara un buen café, al son de "Nerva" (que, como todos saben, es el pasodoble más bonito del mundo). Acabó como empezó, el colombiano, de rodillas ante el Pereda y con el público entregado. Estocada y un descabello, oreja y fuerte petición de una segunda (que no se concedió) culminaron una triunfal tarde de quien ya es profeta en su tierra, aunque sea de adopción.

El resto de la novillada tuvo mucho menos que contar.

Ginés Marín abrió plaza con un novillo manso pregonao, que mugía de espanto según saltó al albero, y que en ningún momento quiso embestir. Marín trató de enseñarlo, quizá en demasía, y cumplió pasaportándolo al infierno de los desechos de tienta.

Con su segundo, cuarto de la tarde, Marín quiso más y pareció por momentos que podría cuajar faena, pero tras una tanda de derechazos con la mano baja, la faena se vino abajo de modo irremisible por la falta de ligazón. El novillo era noble pero pedía a gritos espacio en la embestida, y Marín lo encimó en demasía hasta aburrir y aburrirse. El presidente le concedió una oreja que ni siquiera solicitó el público, ni de lejos, de forma mayoritaria. Cosas de José de Pedro.

En cuanto a David de Miranda (que no es de Miranda, sino de Huelva), hay que decir ante todo que se topó con el peor lote. Su primero en suerte, segundo de la tarde, fue tan manso como el lidiado en primer lugar. El utrero no tenía un pase, y el onubense no se lo dio. Su segundo, quinto en la lidia, pareció querer dejarse, y David trató de ejecutar un plástico toreo vertical en el inicio de su faena. Pero tras dos o tres tandas que prometían, el torillo se rajó, y no quiso saber nada más de la muleta del novillero, que luego sudó tinta para poder darle matarile.


PAÑUELOS Y ALMOHADILLAS

» Pañuelo para la nueva empresa de la plaza arriacense, "Coso de las Cruces SL", por el mimo que han puesto preparando esta Feria. La política de abonos, un acierto, permitió una gran entrada para ser una novillada. La plaza luce espléndidamente adecentada, limpia, pintada, radiante. Y hay otros detalles a aplaudir, como el agradecido toldo que han puesto para hacer "habitable" el espacio de los discapacitados, o la venta de unos "palcos VIP" que siempre resultan golosos para las empresas que gustan del "postureo taurino".

» Pañuelo para los dos hondilleros de la plaza de Las Cruces, "los melquiades", que vuelven a hacer su labor tras unos años en los que otras empresas no contaban con ellos. Hacer la "hondilla" es una tradición muy propia de Guadalajara, y tremendamente útil a la hora de ejecutar un correcto arrastre de mulillas.

» Almohadilla para la Banda de Música que amenizó la corrida, y que por cierto, sigue sin ser la Provincial. O más concretamente, para su director. Y no por la ejecución de las piezas, que fue perfecta, sino por la inoportunidad de los momentos elegidos para hacer sonar al conjunto. Un director de una banda que va a los toros debe tener un mínimo criterio taurino. No es de recibo preparar ocho pasodobles para una tarde, y empeñarse en tocarlos todos, tenga o no merecimiento la faena que se ejecuta en el ruedo.

» Almohadilla para esa peñista que canta primorosamente - todos los sabemos- pero que debe aprender que lo bueno agrada y lo mucho cansa. Son ya muchos años y agota a todos... menos a los de su peña, claro, que se lo pasan pipa.

» Almohadilla para la empresa de la plaza (o para el Ayuntamiento, si la orden parte de ahí) porque, pese a los elogios antes referidos, ha decidido poner un cartelón bajo el palco municipal en el que dice "Feria Taurina La Antigua". Que no. Que la Feria Taurina de Guadalajara nunca, jamás en la historia, se ha celebrado en honor a la virgen patrona de esta ciudad. La tradición es otra. Y un taurino debe, ante todo, respetar la tradición. Se supone.

» Almohadilla para el subalterno que vestía de blanco de la cuadrilla de Juan de Castilla, por macarra, faltón, y buscabroncas. Nada justifica arremeter contra los profesionales de la plaza que hacen su trabajo, tratando de "hacer tiempo" en el arrastre de un toro, buscando cortar una oreja no concedida. La autoridad debería sancionarle severamente, porque estuvo a punto de provocar un altercado que sólo la templanza del trabajador ofendido logró evitar.