El Geoparque planea crear una ruta sobre la serie 'Juego de Tronos'

No descartan, tras el rodaje, poner en marcha una ruta geoturística basada en los escenarios que aparezcan en la serie. • El Geoparque espera que la grabación de la conocida saga en el castillo de Zafra sirva para dar a conocer este paraje natural, con una "apasionante historia geológica".


"Nos pidieron discreción y hoy nos alegramos de que se hayan decidido por nuestro Geoparque para grabar la serie”. El gerente de este espacio geológico natural de la comarca de Molina-Alto Tajo, Juan Manuel Monasterio, se muestra confiado de que la elección del castillo de Zafra, en la Sierra de Caldereros, como nuevo escenario de la conocida serie 'Juego de Tronos' sirva para conocer uno de los bellos parajes de la provincia, el que transcurre por la Geo-Ruta 10. No descartan, por eso, abordar diferentes iniciativas tras el rodaje, como la puesta en marcha de una ruta geoturística basada en los escenarios que aparezcan en la serie, basada en la saga 'Canción de hielo y fuego', de George R. R. Martin, como ha ocurrido en Irlanda del Norte, donde se ha elaborado un mapa turístico con los lugares que han inspirado algunos de los paisajes más representativos del Norte y de Poniente, como las Islas del Hierro, las Tierras de la Tormenta o las que se sitúan Más Allá del Muro.

La geología es un elemento que está muy presente en los escenarios fantásticos de esta producción. La historia que se relata en Juego de Tronos tiene lugar en medio de una terrible guerra en la que se suceden cruentas y encarnizadas batallas por culpa de ostentar el poder, pero el momento en el que se originaron estas rocas rojizas de la Sierra de Caldereros no era más tranquilo que el periodo ficticio que se relata en la saga, sino más bien, todo lo contrario.

Luis Carcavilla, científico titular del IGME y coordinador del Comité Científico del Geoparque, advierte de que “hace 250 millones de años la Tierra tenía un aspecto muy diferente al actual y no era un lugar fácil para vivir: poco tiempo antes había tenido lugar la extinción más importante de la historia de los seres vivos sobre la Tierra, en la que desapareció el 90% de las especies que habitaban el planeta".

Pero, ¿cómo se formó esa roca arenisca que dota a la Sierra de Caldereros de ese color rojizo tan particular? “En aquella época, esta zona era un relieve casi llano al pie de las montañas, donde se extendían amplios valles en los que se acumulaban sedimentos. El  clima era muy caluroso y árido, pero cuando llovía lo hacía con gran intensidad, permitiendo la formación de torrentes y ríos capaces de arrastrar gran cantidad de sedimentos. No se trataba de cursos fluviales como los que vemos en la actualidad en el Geoparque de Molina, ni siquiera en la Península Ibérica, sino de enormes ríos que recorrían amplios valles, los cuales cubrían grandes extensiones y arrastraban miles de toneladas de arenas y gravas. Tanto es así, que en algunos lugares se acumularon más de 800 metros de espesor de cantos rodados. El propio peso de los sedimentos acumulados y la circulación de fluidos permitieron que se compactaran y cementaran para formar rocas consistentes. Las gravas darían lugar a conglomerados y las arenas a areniscas que vemos hoy en día”, aclara Carcavilla.

La sierra roja, como las Montañas de Dorne

El característico color rojo de la Sierra se debe, según el geólogo a que, “al depositarse bajo un clima árido, el hierro contenido en los sedimentos se oxidaba fácilmente, tiñéndolas de un intenso color rojizo. De hecho, este conjunto de arenas y conglomerados da lugar a una formación geológica muy característica denominada Buntsandstein, que en alemán significa 'areniscas de varios colores”.

El relieve que presenta la Sierra de Caldereros, declarada Monumento Nacional hace ahora diez años, y que la convierte en un paisaje sublime de gran espectacularidad, es también consecuencia de una serie de procesos tectónicos. Tal y como relata Carcavilla “las areniscas y conglomerados se acumularon formando capas o estratos en posición horizontal. Mucho después de su compactación, estas capas serían fracturadas e inclinadas en el mismo proceso que originó gran parte de las montañas que vemos hoy en día en la Península Ibérica. Estos estratos de rocas, al estar formados por cantos y arenas, no se plegaron como sí lo hicieron las calizas, sino que respondieron a la deformación únicamente inclinando su posición o fracturándose. Una evidencia de esta transformación tectónica es que, vistas desde el aire, se observa que las rocas de la Sierra de Caldereros no tienen una disposición tan caprichosa como podría parecer, sino que se alinean siguiendo la dirección de fracturación predominante en todas las rocas de la región”.

La Sierra de Caldereros fue declarada Monumento Natural en 2005, pero al estar fuera de las fronteras del Parque Natural del Alto Tajo casi pasa desapercibida: “La intención del Geoparque es convertirse en esa figura que sirva para dinamizar el turismo de toda la comarca”, comenta Monasterio. Quién sabe si, ahora que el color rojizo de las areniscas de Caldereros parece encajar a la perfección con los paisajes que describen las Montañas Rojas de Dorne, todo cambie.