Historias de la piqueta... tercera parte

Amigos del Moderno y la Asociación de Guías han celebrado este domingo su tercera Ruta de las Eras sobre el patrimonio desaparecido o en peligro de la ciudad, por la parte baja del casco antiguo. • La cita, que ha parado por la Plaza de Dávalos, el Mercado Municipal o el Museo Francisco Sobrino, ha finalizado con la reivindicación de apertura del Moderno y el Ateneo.


De plaza en plaza, de solar en solar, medio centenar de guadalajareños ha participado en una nueva edición de la llamada Ruta de las Eras (y ya van tres) con la que la Asociación de Amigos del Moderno y la Asociación Provincial de Guías de Turismo reivindican la apertura del teatro cerrado en el verano de 2012 como palanca de sensibilización sobre el numeroso patrimonio perdido de la ciudad y los otros edificios que corren el mismo riesgo ante la desprotección oficial.

Esta vez el itinerario ha llevado los pasos por ocho paradas de la zona baja del casco antiguo, partiendo en una mañana fría pero soleada del Torreón de Alvar Fáñez para seguir por las plazas de Oñate y Dávalos hacia el Mercado de Abastos y el futuro Museo Sobrino hasta desembocar, tras otras visitas puntuales, en los exteriores del Moderno, donde los convocantes han manifestado su deseo de reapertura del teatro –actualmente en obras–, aunque también de la otra mitad del edificio, correspondiente al Ateneo Municipal (propiedad también de la Junta).

Esperemos que abra con la misma actividad cultural que tenía antes”, ha manifestado el presidente de los guías, Manuel Granado, cicerone una vez más en esta cita, que subrayaba así el mensaje lanzado días atrás por Susana Martínez, la presidenta de Amigos del Moderno, la asociación que desde verano de 2012 ha batallado por la apertura de este teatro cerrado por la Consejería de Cultura y pendiente, ahora, de cesión al Ayuntamiento para su reapertura.

»Torreón de Alvar Fáñez. El recorrido ha comenzado en el Torreón de Alvar Fáñez. Allí Granado ha recordado que los orígenes urbanos de la ciudad son árabes (y no romanos) y el mito de la reconquista de la ciudad en la noche de San Juan de 1085 por parte del caballero medieval Alvar Fáñez, para contraponerlo a la realidad histórica, la rendición de la ciudad dentro de la política de pactos del momento. La leyenda fue interesadamente alimentada por los Mendoza, dentro de sus planes de señorío no culminados, como un episodio heroico del que se dijo sin ser verdad que era pariente del Cid, a su vez antepasado que se atribuía esta casa nobiliaria. En cualquier caso, ha dicho Granado, el torreón es uno de los ancestros que han sobrevivido de la antigua muralla árabe de Guadalajara. Ahí ha arrancado, por tanto, la III Ruta de las Eras por la zona baja de la ciudad.

»Plaza de Oñate. Situada muy próxima a Miguel Fluiters, esta pequeña plaza ha sido elegida por Granado para explicar su historia y la de las infraestructuras que albergó en su día la vecina de San Juan de Dios. El guía ha denunciado la destrucción de una estructura de argamasa de barro y pequeñas vigas de madera, sobre el portón de entrada a los jardines del Infantado que allí hay, en un episodio más de la “desidia” de las autoridades ante elementos destacados del patrimonio local.

A continuación, Granado ha hecho referencia al nombre de la plaza de San Juan de Dios, recién remodelada, en otro capítulo fiel al espíritu de la ‘Ruta de las Eras’ que recuerda lo que algunos solares o calles de la ciudad “eran” en otros tiempos. En el siglo XVI se unificaron todos los hospitales de la ciudad en uno, el Hospital de la Misericordia, que ya en el XVII cambió de propietarios para pasar a manos de la Compañía de San Juan de Dios. De ahí el nombre de un emplazamiento que más tarde albergaría la Escuela de la Normal para profesores –la callecita que comunica la plaza con Dávalos se llama así, calle de la Normal–. Pero la mayor curiosidad de lugar, sin duda, fue la existencia en el mismo punto del hospital del antiguo Corral de Comedias de la ciudad, adonde se desplazaban para actuar artistas de la Corte y cuyo espacio era tan grande como el de los dos corrales madrileños del Príncipe y de La Cruz.

»Plaza de Dávalos. La plaza junto al palacio que alberga la Biblioteca Pública de Guadalajara desde hace una década ha sido en los últimos tiempos motivo de controversia por su esperada pero peculiar reforma. Allí se ha detenido la Ruta de las Eras para hablar de solares, palacios y de plazas. Granado ha aprovechado la reforma precisamente para criticar, como ya ha hecho en otras rutas anteriores, su fisonomía: “Plazas sin alma que no invitan a la estancia”, ha dicho, frente al ejemplo de los espacios públicos decimonónicos, pensados precisamente para la convivencia. Y ya pensando en el turismo, su sector, ha enviado otro mensaje habitual: “Tan importante como Dávalos es el Palacio de Miralrío y las casas tradicionales”.

Y lo ha dicho señalando al solar que ‘decora’ la plaza en su esquina con Doctor Román Atienza y deteniéndose también en “uno de los palacios más desconocidos de la ciudad”, un edificio ahora en ruinas que data del siglo XVIII, con un interesante patio y bodegas, que no tiene protección –únicamente el escudo– y que, pese a todo, ha sido pasto de dos incendios en los últimos años y está siendo fruto de la política habitual: “dejar las ventanas abiertas y que se deteriore”. Llegado el día, el informe de ruina de los técnicos aconseja el derribo y se pierde así otra muestra de patrimonio para dejar paso a un solar más (ya hay más de 80 en el centro) que es carne de esta curiosa Ruta de las Eras.

Sobre el propio palacio de Dávalos, el guía ha contado que es “uno de los tres más importantes de la ciudad”, que perteneció a una familia que en parte tuvo descendencia murciana y que llegó a ser muy influyente en la corte de los Mendoza. Actualmente, tras su reforma y reutilización como centro cultural, sigue mostrando un interesante patio y cuatro artesonados muy bien conservados.

»Mercado de Abastos. El Mercado de Abastos es, en realidad, una de estas plazas que “mienten” en Guadalajara, que lo son sin parecerlo, como el Parque de la Concordia. En este caso, se levanta sobre la Plaza de la Virgen de la Antigua, según ha recordado el guía.

Desde hace unos meses el mercado se asoma al solar que ha dejado una casona de arquitectura popular, derribada en un ejemplo más de “interés especulativo” que prima sobre la defensa del patrimonio, en opinión de Granado, que ha recordado también la vieja batalla por el Hostal del Reloj que se saldó a finales de los años noventa con “el derribo del 95%” de este edificio de mil metros cuadrados y del que se libraron dos de las fachadas.

»Museo Francisco Sobrino. El Mercado Municipal es una infraestructura que responde al despliegue de infraestructuras de estilo historicista en los años ochenta del siglo XIX. Otras de ellas fueron las naves del Matadero Municipal, que actualmente se están reconvirtiendo en el Museo Francisco Sobrino. La Ruta de las Eras ha llevado sus pasos hasta una de sus zonas traseras para, desde allí, comentar detalles de la antigua instalación y de la restauración, con el edificio moderno instalándose sobre el histórico no sólo con retrasos y sobrecostes sino con un rigor menor, a juicio del guía, que en otros ejemplos como el Citug de Torija.

»Cocedero de barro y calle de Santiesteban. De camino desde el Matadero Muncipal hasta el Teatro Moderno, el itinerario ha parado en dos puntos: un cocedero de barro que se creó para la construcción del convento del Carmen, que luego fue arrendado por los religiosos para otras obras y que ha sido legado hasta nuestros días, sobreviviendo incluso a la nueva barriada allí creada. A sólo unos pasos Granado ha llevado a su visita hasta la calle de Carlos Santiesteban para mostrar que esa callejuela escondida y con un único número ha sido dedicada a uno de los artistas contemporáneos más importantes de la ciudad, cuando hay otras vías principales dedicadas, por ejemplo, a generales que participaron en el golpe de Estado de 1936.

»Convento del Carmen. La Ruta de las Eras ha desembocado frente a la iglesia del Carmen, uno de los catorce conventos que en la época del barroco llegó a tener la ciudad y de los que sólo han quedado dos, éste y el de las Carmelitas en el ahora llamado Eje Cultural. “Guadalajara fue ciudad conventual”, ha asegurado Granado, que también aquí ha contado la curiosa historia de Sor Patrocinio, una influyente amiga de la reina Isabel II (la orientaba sobre cómo llevar el matrimonio con su marido, un primo homosexual con quien la hicieron casar) y gracias a cuyas presiones Roma decidió que la Inmaculada Concepción fuese patrona de España. Además, a la religiosa se le atribuyeron en su día milagros, como la aparición en sus propias manos y pies de los estigmas de Cristo.

Granado ha hecho referencia a dos elementos desaparecidos, un cerramiento del complejo conventual y un edificio de al lado, el Palacio de los Bedoya, también desaparecido y que se levantaba donde actualmente están las dependencias de la Seguridad Social.

»Teatro Moderno. Los pasos han avanzado desde allí hasta el Teatro Moderno, punto de llegada de las rutas de las eras que organiza la asociación de Guías y la de Amigos del Moderno. El final de la ruta ha culminado con un llamamiento que Granado ha lanzado a los presentes: “Debemos ser nosotros los embajadores de nuestra ciudad y no decir, como hacemos tantas veces, que sólo tenemos el Infantado, sino que hay muchos más edificios de los que presumir”. Ahí hay tarea.

 

Fotos: R.M.