Gala ecologista entre gaitas y peinetas

Ecologistas en Acción celebró su gala con artistas, entre ellos el gaitero Carlos Núñez que puso al público a bailar en pie. Una Cospedal ‘simulada’ recogió el premio a la peor conducta medioambiental entre abucheos. • El coordinador de EA criticó la salida de la gala del Buero y los músicos estuvieron incómodos con el sonido.


La peineta es negra y la gaita es verde. Tal vez la lectura resulte excesivamente maniqueísta, pero en cierto modo lo son también los premios que protagonizan cada año la Gala del Medio Ambiente de Ecologistas en Acción, que premian las mejores labores medioambientales y que señalan las peores con su premio Atila, que este año recogió María Dolores de Cospedal. Lo recogió, aunque no lo recogió. Fue en realidad una recepción del galardón simulada –que no en diferido–, el momentazo de la noche con permiso, desde luego, de un Carlos Núñez que se sobrepuso a las incomodidades del escenario y sólo necesitó cuatro canciones para poner al público a bailar en pie entre las butacas y sobre el escenario, convirtiendo la fiesta ecologista en un ‘sarao celta’. Núñez, lo celta, su gaita, los rurales que recogieron los tres premios buenos fueron lo verde. Cospedal, por Atila del año, el punto negro de la noche.

Pero vayamos por partes. Ecologistas en Acción celebraba en la tarde-noche de este viernes su décimo séptima edición de los Premios del Medio Ambiente. Por segundo año consecutivo lo hacía en el CMI Eduardo Guitián de Aguas Vivas, un salón de actos (que no un teatro) que incomoda a la organización por dos motivos: por las deficiencias técnicas que su escenario tiene para los artistas –y fueron una constante, todos los grupos, especialmente el gaitero Carlos Núñez, expresaron su insatisfacción con el sonido– y porque el aforo era limitado, 400 butacas (aunque al final pasaron más espectadores) frente a las mil que ofrece el teatro municipal Buero Vallejo, de donde Ecologistas en Acción considera que han sido expulsados por motivos políticos por la concejala Isabel Nogueroles.

Este exilio forzado de la gala no se hizo esperar y fue la primera referencia de la gala, en el discurso de bienvenida del coordinador de EA, Alberto Mayor, que evitó circunloquios, criticó directamente por esta decisión a la concejala, demostró que el llenazo de este viernes exige el regreso al teatro auditorio municipal, agradeció “todas las facilidades” ofrecidas por la coordinadora del CMI, Abigail Tomey, y tuvo un recuerdo para el fallecido militante ecologista Ladislao Martínez, respondido por el público con aplausos. Mayor también mostró su solidaridad con la censura de la libertad de expresión y los todavía recientes atentados contra Charlie Hebdó en París.

La gala, a pesar de las limitaciones, logró una recaudación de aproximadamente mil euros que fueron entregados al Centro Residencial Betania, el albergue de Cáritas que ofrece alimento y techo a personas sin hogar. Además, se recogieron unos 250 kilos de paquetes y envases de comida para el Banco de Alimentos, que recientemente ha sido objeto de un robo.

La ceremonia, conducida con desparpajo por los periodistas de radio Juan Solo y Mercedes Castellano, arrancó con la breve actuación de Tyrano Banderas, llegados desde Almería para ofrecer cuatro píldoras de su cuidado pop-rock con influencias sesenteras y mediterráneas. Fallaron el megáfono y la harmónica, aunque el cantante se lo tomó con humor y las incidencias no impidieron el buen sabor de boca de un grupo que logró trasladar al público de los desiertos de Alabama a las estepas almerientes como carta de presentación para su invitación a verles, ya de noche y durante más rato, en un bar de la ciudad.

Cospedal gana el Atila

Fue la primera de las actuaciones de la noche y el preludio para uno de los momentos más celebrados en el auditorio: la entrega del Premio Atila, que en sus nominaciones denuncia las cinco peores conductas medioambientales del año, encarnadas este año por la Confederación Hidrográfica del Tajo, la consejera María Luisa Soriano, la web Toroalcarria, el concejal Carnicero y la presidenta regional María Dolores de Cospedal. Los dos últimos rivalizaron en abucheos lanzados por el patio de butacas, aunque fue la también presidenta del PP castellano-manchego la que se llevó el premio.

Y esta vez se lo llevó literalmente. Al menos el personaje. Sólo una vez en la historia del ‘galardón’ la estatuilla había sido recogida, en aquella ocasión por el diputado provincial de IU, Jesús Recuero, por la gestión de los diferentes equipos de Diputación en materia de residuos. Esta vez lo que hubo fue una parodia desplegada por Comando Teatral en la que Montse de la Cal encarnó a Cospedal. Saltó al escenario con la famosa peineta con la que se atavió en una procesión del Corpus la dirigente popular y, entre numerosos abucheos del público, pero muy digna, ofreció su discurso junto a una banderola de la región con cuya posición más a la derecha o más al centro jugó provocando risas.

Nuestro partido es verde”, dijo la falsa Cospedal, que hizo alusiones al controvertido cigarral de Toledo y anunció su interés por afincarse en algún pueblo de la provincia: “Quizá me mude a la Alcarria rural, si sigo adelante con la ley de privatización de los montes, y seremos vecinos”. La dirigente con su peineta negra recogió un ramo de flores y posó para los fotógrafos. Fue, como dijeron los presentadores del acto, y siguiendo con el tono cómico, una recogida del premio “simulada”, aunque no en diferido.

Más actuaciones y la viuda de Sampedro

La gala, que duró dos horas y media, enfiló a partir de aquí su segunda parte con el concierto de los alcarreños Complejo de Electra, un grupo recién formado con músicos ya curtidos que han formado parte de otros proyectos en los últimos años. De nuevo el sonido no fue el ideal, sobre todo al principio con el single ‘Punto cero’, pero sirvió para conocer de primera mano el cuidado trabajo que lleva a cabo esta formación, que está logrando un sonido propio a partir de diversas influencias. La novedad radicó en la entrada en escena de un grupo de niños del Aula de Música de Horche que hicieron los coros en los dos últimos temas, dejando otra de las agradables sorpresas de la noche.

Los siguientes en salir al escenario fueron Txetxu Altube y Street Wings, con un miniconcierto en el que ofrecieron pistas de su sonido conjunto, en un proyecto que fusiona la vertiente acústica y de pop ochentero español de uno con la música melódica celta de los otros, a quienes ya se pudo ver por partida doble hace un par de años, en el Solsticio como teloneros de Lúnasa y en la propia gala de Ecologistas en Acción. Una amistad musical que ha cuajado ya en un EP y que promete más recorrido: presentaron una canción inédita y no se cansaron de decir que estaban “deseando volver a Guadalajara”. El exvocalista de Los Madison cerró con uno de los temas más conocidos de este grupo, ‘Compás de espera’: con delicadeza, generosa en arreglos.

Fotos: R.M.

Si los abucheos habían sido mayoritariamente para la ganadora del Atila, amén que algún que otro piropo que aquí quedará obviado, la ovación más cariñosa fue para Olga Lucas, la viuda de José Luis Sampedro. En una noche de discursos concisos, no se extendió pero sí dedicó unas bonitas palabras a los asistentes. Recordó que el escritor, tan ligado a Guadalajara, no podía estar viéndoles en estos momentos porque ella no cree en la vida después de la muerte: “Sé que Sampedro no está ni en el cielo ni mucho menos en el infierno, porque fue la mejor persona que he conocido”, dijo emocionada. Pero subrayó que en la tarea de conservar la memoria del novelista y economista, premios como el que desde este año lleva ya su nombre en la gala de EA resultan “muy importantes”.

En esta primera edición, el Premio José Luis Sampedro ha sido para la Plataforma Salvar Bonaval, que lucha por la conservación del muy maltratado monasterio cisterciense que hay en Retiendas, una joya cada día más deteriorada a causa del abandono. Un vídeo muy ilustrativo repasó la situación del monumento y clamó al final “para que el tiempo y la desidia del hombre no nos roben Bonaval”.

Otra agrupación ciudadana, esta vez la Plataforma en Defensa de la Sierra Norte, se llevó por su parte otro premio recién nacido, el Ramón Fernández Durán, por su impulso a un desarrollo rural sostenible y las reivindicaciones que llevan a cabo desde sus pueblos. El trío de buenas conductas medioambientales del año lo completaron los proyectos de Geoparque de la Comarca de Molina y de la Celtibería, como modelos de actuaciones para un medio rural continuamente acosado por el fenómeno de la despoblación humana.

Un sarao celta

Tenéis muchos valores que transmitir y por eso son muy importantes actos como los de hoy”. Así se presentó el gaitero Carlos Núñez, toda una institución del panorama celta internacional, que volvía a Guadalajara –hemos perdido ya la cuenta de las veces que, afortunadamente, ha estado por aquí– para rematar la Gala del Medio Ambiente de los ecologistas alcarreños. Llegado a propósito desde Vigo, tiró de humildad por la buena causa y para afrontar los obstáculos acústicos de la noche.

Si los contadores de los Viernes de los Cuentos, con un despliegue mucho más comedido, se han quejado en alguna ocasión de la acústica del salón, invitar en estas circunstancias a uno de los músicos más internacionales, el virtuoso vigués Carlos Núñez, contenía sus riesgos. Pero el gaitero gallego era consciente, no puso peros antes de la gala y, una vez sobre el escenario, puso al mal tiempo buena cara. Reconoció ante el público que esta vez “lo importante era la solidaridad” y, tras cada probatura de los instrumentos de su formación, respondió con un “fantástico”.

Entre fandango vasco y temas irlandeses, divirtió al público con sus habituales apuntes sobre la procedencia de las canciones, hizo participar a los espectadores con palmas y le bastó un cuarto de hora, cuatro canciones, para poner al público a bailar por todo el patio de butacas y sobre el escenario, con las manos entrlazadas y formando una marea mecida por la brisa de los aires de Pontevedra que soplaba la gaita. Lo hace siempre, pero esta vez en un miniconcierto. Fue una apoteosis exprés. La gente, al final, le pidió más canciones, pero el gaitero no les escuchó: se ve que ya se había adentrado bosque adentro, allí donde guardan los gaiteros sus espíritus verdes.