Unas mentes (alcarreñas) maravillosas

El matemático alcarreño Alberto Enciso ha resuelto recientemente una conjetura matemática centenaria junto a un colega, y no es la primera vez que lo hace. • La brillante aportación de este joven no es la única con origen alcarreño: Amaya Moro marchó a Pricenton para trabajar en un telescopio para la NASA. Un proyecto en Guadalab colabora con una expedición que buscará rastros de vida en Marte.


Han sido noticia por poner su talento al servicio de la ciencia que estudia desde diversas ópticas diferentes aspectos de nuestro universo: la fulguración de las estrellas, la vida en Marte o la construcción de un telescopio para la NASA. Pero además de esta proyección universal donde las haya, tienen en común su origen alcarreño.

Un joven matemático de Guadalajara aparecía recientemente en las páginas de ciencia de los principales periódicos del país: Alberto Enciso había resuelto una conjetura pendiente de demostración desde hace más de un siglo. Su paisana Amaya Moro también fue noticia, pero en su caso porque hace más de un año se tuvo que marchar a Estados Unidos porque en Guadalajara no tenía una segunda oportunidad como investigadora: su trabajo, en cambio, sí era útil al servicio de proyectos de los que se nutre la NASA. Hace apenas unas semanas conocíamos también que el nombre de Guadalajara volvía a estar relacionado con el descubrimiento de nuevos aspectos de nuestro espacio, cuando se supo que desde el Parque Científico y Tecnológico de la ciudad está colaborando en un proyecto muy ambicioso que tiene como objetivo buscar el rastro de vida en Marte.

Alberto Enciso y Amaya Moro, como sus colegas de este laboratorio de Guadalab, son nuestras ‘mentes maravillosas’, si acudimos al mismo nombre que llevaba la película protagoniza en 2001 por Russel Crowe, que cosechó cuatro Oscar y que narra la vida de un joven matemático, John Forbes Nash, que llega a Princeton en 1947 obsesionado con una idea matemática genial, logra formular una revolucionaria teoría científica y pone su enorme talento descifrando códigos al servicio la Defensa de Estados Unidos en plena Guerra Fría.

Salvando todas las distancias entre la ficción y la realidad, repasamos estos tres llamativos casos que, por diversas causas, apenas han tenido un discreto eco en los medios.

Un matemático sobresaliente

"Dos jóvenes matemáticos españoles resuelven una conjetura matemática que llevaba 140 años pendiente de demostración", decían no pocos titulares hace un mes. ¿Dos jóvenes matemáticos españoles? Sí, claro, pero es que uno de ellos es alcarreño.

Nacido en 1980 e hijo de un profesor del instituto Liceo Caracense de Guadalajara capital, donde él mismo estudio, Alberto Enciso es hoy un matemático de primerísimo nivel. El año pasado fue elegido el mejor matemático aplicado joven, pero hace apenas unas semanas saltaba también a las páginas de los diarios de difusión nacional al ligar su nombre a la comprobación de esta conjetura con más de un siglo de vida. En los titulares de las secciones de ciencia aparecía a finales denoviembre el nombre de Alberto Enciso junto al de su colega Daniel Peralta. Lo habían hecho. O, mejor dicho, lo habían vuelto a hacer.

Investigador Ramón y Cajal en el Instituto de Ciencias Matemáticas, centro mixto del CSIC y tres universidades de Madrid, obtuvo en 2012 el Premio al Joven Investigador de la Sociedad Española de Matemáticas Aplicadas por su trabajo en ecuaciones en derivadas parciales (EDPs) que surgen de problemas de la física en campos como los fluidos, la mecánica cuántica, la cosmología y la electrostática. Pero es que sólo un año antes había sido designado el mejor matemático joven de la Real Sociedad Matemática Española (RSME). Se convertía de este modo en el primer matemático en recibir estos dos grandes reconocimientos para jóvenes.

Sus méritos no paran de dar sus frutos con nuevas y buenas noticias. La semana pasada se conocía el último de los premios que ha logrado el Instituto de Ciencias Matemáticas ha sido el 'Starting Grant' o 'ERC Grant', unas ayudas concedidas por el Consejo Europeo de Investigación (ERC, por sus siglas en inglés) que ha conseguido Enciso.

El joven talento alcarreño viene trabajado, junto a Peralta, en una serie de problemas de mecánica de fluidos para los cuales han desarrollado unas herramientas novedosas. Fruto de este enfoque fue la demostración de la conjetura de Arnold, publicada en ‘Annals of Mathematics’, una de las revistas con mayor impacto en el ámbito de esta disciplina. Pero es que han desmontado otras, como la de Euler, también de dinámica de fluidos. Y ahora, la de Kelvin.

Dicen los que saben que Enciso y Peralta están superando todos los límites. El último enigma que han despejado venía desafiando a la comunidad científica desde 1875, cuando fue planteado por el físico escocés Lord Kelvin –el mismo de la escala de temperatura– como una vía para entender la estructura atómica de la materia. Así, conjeturó algo que no es fácil de explicar para los no iniciados, pero que según el CSCI pasa por que en los fluidos estacionarios podrían aparecer tubos anudados, lo que Kelvin aplicaba para explicar la composición de la materia, que estaría formada por estas mismas estructuras en formas de lazo que flotaban en el éter.

El planteamiento de Kelvin era erróneo, pero no las estructuras que creó, que sí se corresponden con la configuración, concretamente, de la materia fluida. Es lo que han probado matemáticamente Enciso y Peralta: la existencia de estas formas, conocidas como “tubos de vorticidad anudados”, que se relacionan con la turbulencia del fluido.

Recapitulando, para que el público general pueda retomar el hilo: su demostración resulta interesante para el estudio de fluidos turbulentos y de los campos magnéticos responsables de las fulguraciones de las estrellas. “En la superficie del sol aparecen lenguas de plasma en formas de arcos, que son tubos de vorticidad”, han indicado Enciso y Peralta. Los físicos ya lo habían observado, pero ellos han aportado "la información sólida", probando "que matemáticamente son posibles estructuras como las observadas y otras mucho más complicadas", precisan.

Prescindible para el CSIC, no para la NASA

A Amaya Moro la conocimos por una historia ingrata, pero los guadalajareños pudieron encontrar en ella a una paisana con un talento brillante. En el verano de 2013 publicó una carta abierta al presidente Rajoy en El País, con el título de ‘Despedida de una científica que está haciendo las maletas’, un durísimo texto en el que criticaba los recortes del Gobierno español en materia de investigación a partir de su propio caso.

Moro, una astrofísica criada en Guadalajara, había regresado a España con un programa para retorno de cerebros fugados. En sus planes personales, que incluían una recién estrenada maternidad, no se encontraba precisamente tener que volver a emigrar al otro lado del Atlántico, sino seguir trabajando en su país. No fue posible: al no convocarse la plaza que ocupaba en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se veía obligada a rehacer el petate. Dicho de otro modo: no tenía posibilidad de continuar investigando con el programa Ramón y Cajal gracias al cual había podido regresar tras una década de trabajo en Estados Unidos.

Tuvo que dirigir otra vez su talento hacia Estados Unidos, porque allí sí volvieron a reclamarla, nada menos que desde la prestigiosa Universidad de Princenton –precisamente la misma en la que veíamos en la gran pantalla al personaje que encarnaba Russel Crowe–. La oferta consistió en participar nada menos que en un proyecto vinculado a la NASA, la sustitución, a cinco años vista, del gran telescopio Hubble por otro, el James Webb.

De Guadalab a Marte

Este mes de diciembre se ha conocido que el Parque Científico y Tecnológico de Guadalajara, conocido como Guadalab, está participando en Expo-Life, un proyecto muy ambicioso que pretende nada menos que rastrear vida en Marte. Se trata de un diseño de investigación astrobiológica que se lleva a cabo en colaboración con la Universidad de Valladolid y que refuerza los objetivos del programa de exploración RLS Raman de la Misión Exo-Mars de Agencia Espacial Europea, en colaboración con la Agencia Espacial Rusa.

El objetivo pasa por poner en órbita una sonda a principios de 2016, con aterrizador fijo y un explorador (rover) que, una vez en el planeta rojo, indagarán para encontrar algún rastro de vida pasada o actual, así como analizarán la superficie marciana y estudiarán la distribución de agua sobre el terreno.

El Expo Life Laboratory de Guadalajara se va a encargar de desarrollar el instrumento Raman para identificar materiales y compuestos orgánicos y analizar la química de esos compuestos, con la creación de una biblioteca de huellas dactilares de un gran número de especies bacterianas, cuyos datos serán cruzados con las muestras que se obtengan en Marte.

Que se haya contado con Guadalajara para una misión que puede marcar época no es casualidad. El propio astrobiólogo José María Gómez, promotor del proyecto Exo-Life, reconoció públicamente en Guadalajara que se quiere aprovechar la concentración de proyectos de investigación especial que se desarrollan en la provincia, donde no sólo se cuenta con el Observatorio Astronónico situado en Yebes, sino que también tiene a mano en el propio Parque Científico diferentes proyectos como el del Monitor de Neutrones de Castilla-La Mancha o el instrumento EPD de la Misión Solar Orbiter (ESA/NASA).