“Hemos agotado todos los medios, hay que cerrar”

La directiva de la Casa de Guadalajara en Madrid anuncia el cierre y ha convocado a los socios para el 13 de enero con la propuesta de disolver la institución. • Después de más de ocho décadas de historia, el modelo es anacrónico y el bajón de ingresos impide hacer frente a un elevado alquiler en la Plaza de Santa Ana. • “Llevamos un tiempo sobreviviendo con aportaciones personales”, asegura su presidente.


Hemos pasado muchas noches enteras sin dormir y hemos visto que es imposible seguir”. El presidente de la Casa de Guadalajara en Madrid, José Ramón Pérez Acevedo, asegura que el cierre de la institución, con más de ochenta años de trayectoria, es irreversible. Lo anunciaba esta misma semana en su blog oficial: hay convocada una junta extraordinaria de socios para el martes 13 de enero por la tarde en la que la directiva ofrecerá un informe de la situación y planteará a los más de 460 socios la “propuesta de disolución” por inviabilidad económica.

Estamos manteniendo una filosofía en la que queremos que la tristeza por este cierre en absoluto nuble la alegría de que la Casa haya existido”, viene insistiendo el presidente de la institución, cuyo teléfono no para de sonar estos días y que este miércoles ofrecía detalles del cierre en el programa de actualidad Briandando de Radio Arrebato, preguntado por los periodistas Álvaro Nuño, Nuria Fernández y Rubén Madrid.

Hemos agotado absolutamente todos los medios a nuestro alcance”, asegura Pérez Acevedo, al frente de la Casa durante más de tres décadas. Pero los números no cuadran. El alquiler del céntrico local asciende a 6.400 euros al mes más gastos corrientes, una cifra muy por encima de unos ingresos cada vez más menguados, no tanto por las cuotas de socios –se mantiene su masa social, aunque sin apenas relevo generacional– como por la disminución de las ayudas públicas y privadas a uno y otro lado de la frontera entre Madrid y Guadalajara.

La situación es crítica, asegura. “Llevamos un tiempo sobreviviendo con aportaciones personales”. Se han llevado a cabo algunos sacrificios, como dejar de editar el Boletín Arriaca. Y se acumulan los retrasos: la aportación de Diputación vía convenio de 12.000 euros anuales no ha dado ni siquiera para tapar el agujero de 18.000 que se debe al propietario del edificio, que tiene otros planes para su propiedad: le sacará más rendimiento a los apartamentos que a este alquiler. Aunque el dueño del local se ha mostrado comprensible, según la directiva, la mejor opción para todas las partes pasa por el cerrojazo. Incluso así se le dejará a deber alguna mensualidad, pero al menos se evita seguir acumulando otro tipo de deudas que manchen el nombre de la provincia en la capital del reino: “Nos hemos propuesto que se mantenga la dignidad de Guadalajara en Madrid”.

Las preguntas se acumulan. ¿Por qué no abandonaron en 2009, cuando la situación ya era manifiestamente grave? “Hemos intentado esperar hasta el último momento, con un sacrificio que no se puede nadie imaginar”, asegura el presidente de la Casa. Se han intentado algunos cambios, pero han pesado más los obstáculos, que han sido muchos en los últimos tiempos, en un contexto de grave crisis económica.

Lejos de surgir alternativas para los ingresos, en el último lustro la situación ha empeorado. El secretario de la organización detallaba algunos números en las redes sociales: se cayó la colaboración de Caja de Guadalajara tras sus procesos de fusión, otras entidades bancarias han reducido su colaboración a la mitad, cuatro empresas ‘amigas’ han desaparecido, la Junta de Castilla-La Mancha y la Comunidad de Madrid han suspendido sus subvenciones y el Ayuntamiento de Madrid ha reducido su aportación en un 90%... y así, suma y sigue. “Todas estas sumas suponen un 40% del presupuesto”.

¿Y por qué no han optado por cambiar de local, si el alto coste del que mantienen en la céntrica plaza madrileña es la principal rémora? “Ya la sede actual es insuficiente”, responde Pérez Acevedo. Los casi 600 metros cuadrados de las actuales dependencias no sobran precisamente para las actividades de la institución, entre ellas los grupos de teatro, zarzuela y rondalla, así como para los actos literarios. Mudarse a un local más pequeño sacrificaría esta actividad. Y un cambio de emplazamiento a otro punto de la ciudad, piensan en la directiva, tampoco colaboraría en la continuidad de una institución cuyos socios tienen como referencia este punto del callejero madrileño.

Un modelo inadaptado a los tiempos

Pero hay, más allá del problema del coste del local, un problema más profundo de modelo o razón de ser. La Casa nació como punto de referencia para los guadalajareños que emigraron a Madrid, hasta 50.000 en las décadas centrales del éxodo rural. Ahora son los madrileños quienes se afincan en Guadalajara. Y las redes de comunicaciones terrestres han acortado las distancias entre los núcleos de uno y otro lado de la frontera. La utilidad de la casa de referencia de estos emigrados se mide hoy en términos muy diferentes a lo que ocurría hace cincuenta años.

La Casa, que mantiene su actividad tradicional orientada a los guadalajareños en Madrid, tiene entre su patrimonio más útil una gran biblioteca de fondos provinciales y “una oficina espontánea turística” que el presidente denomina “oficina de incitación turística” porque es un punto de información para los madrileños sobre qué ver y hacer en la vecina provincia de Guadalajara.

Siguiendo las oportunidades que estos recursos inspiraban, ya se intentó hace unos años un cambio de modelo que no ha prosperado. Además de mantener la actividad para los socios, de marcada orientación tradicional, la directiva intentó cambiar su actividad pasando “de ser consulado a embajada”, como dice el presidente, intentando orientar parte de la actividad como representación de los productos, marcas y asociaciones comerciales y turísticas de la provincia de Guadalajara en la capital española. Coincidió con los años en que se puso en marcha, por ejemplo, el Día de Guadalajara en Madrid, en colaboración con Diputación. Pero en seguida vino la crisis, que ha dado  la estocada al proyecto global.

Un cierre irreversible

El cierre es ahora inevitable, insiste Pérez Acevedo. Lo expondrá la directiva a sus socios el 13 de enero, con primera convocatoria a las 17:30 horas y segunda a las 18:00. La institución anuncia el cierre pero mantiene los tres actos programados en la capital española antes del fin de año: el pregón navideño, la presentación del libro de investigación histórica de Plácido Ballesteros sobre Alvar Fáñez y la presentación de un poemario de Suárez de Puga. Concretamente será a partir del 19 de enero cuando el céntrico local eche definitivamente el cierre.

No es la primera vez que la amenaza de cierre se cierne sobre la institución, pero dicen ahora que sí es la definitiva. Ya a en el otoño de 2012 se planteó esta opción, cuando el presidente José Ramón Pérez Acevedo habló de “situación crítica” ante la deuda que se arrastraba desde 2011 y el retraso y la indefinición de los apoyos anuales por parte de Diputación, que finalmente resolvió su respaldo.

¿Y si esta vez alguna administración se hace cargo del rescate? “Somos conscientes del gran esfuerzo que las administraciones del estado vienen haciendo, pero creemos que hay otras ayudas que en estos tiempos de crisis resultan mucho más necesarias”, admite con inusual honestidad el presidente de la Casa. La puerta se cierra y, si acaso, entiende que pudiera abrirse en el futuro con otro espíritu y en otro contexto económico, como ya ocurrió en el siglo XX: “Ojalá, algún día, con otra orientación, vuelva a renacer”.

Ahora mismo el destino de la Casa resulta incorregible y sólo queda poner al mal tiempo buena cara: “No es un momento deseado, pero esta situación triste no debe borrar nuestro historial”, insiste. ¿De verdad que no hay milagro posible?, le insistimos. “Los Niños de San Idefonso”, ironiza Pérez Acevedo, en referencia a un más que improbable, pero no imposible, Gordo de Navidad.


Esta información ha sido ampliada a partir de la noticia publicada el 9/12/14 a las 18:52 horas.