Villaflores, el poblado al que le robaron el tiempo

El abandono y los episodios vandálicos agravan el estado de la colonia agraria que levantó el arquitecto Velázquez Bosco. • La declaración de BIC y la ejecución de un aval de 3,7 millones por el Ayuntamiento abren una puerta a la esperanza.


Un agujero redondo en la fachada de la casa principal de Villaflores delata que el tiempo se ha detenido. Allí ya no está el reloj, porque alguien lo ha robado, como tampoco hay campana en la pequeña iglesia cuyas puertas están forzadas y reciben al visitante para mostrar una galería de grafitis de última generación. El poblado de Villaflores es un escenario decadente donde las centenarias arquitecturas están decoradas con pintadas mas típicas de entornos urbanos, con paredes cercadas y violentadas por cardos y maleza y con caminos salpicados de porquería: latas oxidadas, plásticos, basura...

Las montoneras de ladrillos que se levantan entre la frondosa vegetación silvestre dibujan perfiles en complicado equilibrio que pretenden seguir pasando por casas de dos plantas. El palomar, de planta circular, levanta su silueta sin mordeduras, como si pretendiese mantener la dignidad que otros edificios ya han perdido, gobernando como una torreta una explanada desde la que se ve pasar el tren de alta velocidad. Pareciera que las vías marcan la frontera entre Villaflores y Valdeluz, pasado y futuro, ciudades nacidas de la nada para cumplir sueños de épocas tremendamente remotas entre sí, aunque apenas las separe una centuria.

El de esta colonia agrícola fue concretamente el sueño de la duquesa de Sevillano, benefactora de la ciudad de Guadalajara a quien se debe, también, el extraordinario complejo de Adoratrices. Queda ya muy poco de aquel sueño que su arquitecto de cabecera, el genial Ricardo Velázquez Bosco, convirtió en realidad. El abandono, con sus erosiones, pero también el vandalismo, con los robos de materiales o los juegos sin miramientos de los jóvenes que durante generaciones hasta allí se han aproximado, agravan una situación de ruina que las voces más sensibles ya denunciaban hace treinta años. Es el caso del cronista oficial de la provincia, el historiador Antonio Herrera Casado, que ya en un artículo en Nueva Alcarria pedía en 1980 hacer algo con este poblado. Hace sólo unos días regresó de nuevo. Cambian los formatos, pero no los mensajes: colgó unas fotografías en su cuenta de Facebook y volvió a exigir más sensibilidad con el lugar. Como si el tiempo, a este lado de la realidad como en el poblado, no hubiese transcurrido.

Avanza el deterioro

Se observa un considerable avance en el deterioro del conjunto de inmuebles, no sólo es debido a causas naturales sino a una inusitada vandalización e incluso el hurto de varios elementos estructurales”, advierte también un informe de la Junta elaborado tras una inspección in situ en abril de este año, que constató además que la situación cada vez es más grave, por ejemplo en el edificio principal, al compararlo con otra inspección de 2012.

No estamos hablando de pérdidas sin importancia. El poblado de Villaflores, situado en las márgenes de la antigua carretera de Cuenca, no es un residuo cualquiera de la arqueología industrial alcarreña. O cabría decir mejor que de la arqueología agraria. El poblado de Villaflores, asentado en lo que antiguamente fueron terrenos de Iriepal en la llamada finca de Miraflores, está conformado por un diseño racional de aldea con un edificio principal con un patio amplio, cuadras, gallineros y corrales, varias viviendas de dos plantas para los aldeanos, un cementerio con una pequeña capilla, el famoso palomar de planta circular, dos pozos y las extensiones de pasto y cultivo. “Destaca por ser uno de los pocos ejemplos de colonia agrícola del XIX que podemos encontrar en la provincia de Guadalajara, y de los más completos de Castilla-La Mancha”, explica este informe de Consejería de Cultura, que ha constituido el paso previo para el inicio del expediente para protegerlo como Bien de Interés Cultural (BIC).

Según este informe, al que ha tenido acceso Cultura EnGuada, este caserío junto al paraje conocido como El Sotillo, guarda todos los rasgos típicos de este tipo de urbanismo, como su aislamiento del resto de núcleos urbanos y la “búsqueda de mejores rendimientos agrícolas y mejores condiciones de vida para los trabajadores”.

Pero es que, además, el Poblado de Villaflores lleva su nombre ligado al de un arquitecto y una benefactora que son dos figuras notables en la historia de Guadalajara: Ricardo Velázquez Bosco y María Diega Desmaissiéres y Sevillano, más conocida como la condesa de la Vega del Pozo y Duquesa de Sevillano. Ambos impulsaron el conjunto arquitectónico de Adoratrices, en plena ciudad, pero también este otro proyecto.

El historiador Herrera Casado publicó hace apenas dos años en Aache un libro sobre el Panteón de la Duquesa de Sevillano en el que ofrece sobradas referencias sobre “la genialidad” de Velázuquez Bosco, “uno de los mejores arquitectos españoles del siglo XIX y aun de todos los tiempos”, que además de dejar su huella en la restauración de la Mezquita de Córdoba o en los conocidos palacios de Velázquez y de Cristal en El Retiro, “puso en nuestra ciudad la mejor expresión de su genialidad”. Lo hizo en la residencia de la duquesa (en el actual colegio de Los Maristas), sobre todo en el asombroso complejo de Adoratrices, pero también en este poblado de Villaflores, “un gracioso conjunto, hoy semiabandonado”.

Herrera Casado asegura que “puede Guadalajara enorgullecerse de contar con la obra de este mago de la arquitectura finisecular”. Y añade que el arquitecto diseñó aquí “a su gusto” este poblado, experimentando “en un estilo que hasta entonces no había probado en ningún otro sitio”. El resultado, más allá de su finalidad social, estuvo a la altura del cerebro que lo dibujó: “el edificio central es majestuoso”, “espectacular” es el palomar y el conjunto conforma “uno de los monumentos más singulares del patrimonio artístico alcarreño y una singularidad preciosa en la obra del arquitecto Velázquez Bosco”.

Fotos: R.M.

No es de extrañar, por tanto, que Villaflores esté en estos momentos en trámite de ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC). Lo extraño, si acaso, es que se haya tardado tanto. Porque no ha sido hasta finales de mayo de este mismo año que el Diario Oficial de Castilla-La Mancha ha anunciado en sus páginas el inicio del expediente para la declaración como BIC, junto a los de Cañada de Agra en Hellín y Villalba de Calatrava en Viso del Marqués. Hasta ahora este conjunto sólo figuraba en el Catálogo de Bienes Protegidos.

Lejos de suponer un avance en la conservación, la cesión de los terrenos al Ayuntamiento en 2001 después de la operación para la urbanización de Ciudad Valdeluz, a cambio siempre de que el agente urbanizador Reyal Urbis rehabilitase el poblado, tampoco supuso una mejor conservación. La empresa, ahora en quiebra, tuvo de plazo hasta abril de 2010 para llevar a cabo unas mejoras acordadas, pero no lo hizo. Sin las reparaciones llevadas a cabo y ante la falta de protección, la casa principal, el palomar, la pequeña iglesia y el resto de las casas han visto como en la última década las cosas han ido todavía a peor.

Soluciones

La enorme situación de deterioro queda expresada por escrito y con diversos archivos fotográficos en el informe de abril de la Junta, donde se comparan los mismos escenarios hace dos años y ahora, con visibles destrozos y ausencias. El lugar más afectado es el edificio principal, propiedad de la constructora Hercesa, donde se han robado las diez columnas de fundición que colaboraban en el asentamiento de la primera planta y se ha producido “el hundimiento” de gran parte del tejado, mientras que hay “considerables agujeros” en la tabiquería de las alas sur y este. El informe de la Junta recuerda que también “ha desaparecido la esfera del reloj de la fachada principal”.

De ahí que la primera de las actuaciones que recomienda el técnico responsable del informe, Francisco Javier Valseca, sea “proceder al cierre efectivo, no sólo del edificio principal, sino de todo el conjunto” para evitar nuevos episodios de vandalismo y robo, pero también ante los riesgos para las personas. E insta al “apeo de aquellos inmuebles en los que su estructura está comprometida”. Además de las medidas más urgentes, la mejor noticia para Villaflores pasa por que la culminación de la declaración como BIC deberá impulsar a partir de ahora un pan de actuación especial.

En este mismo contexto, el Pleno del viernes aprobó dos puntos –con el respaldo de PP y PSOE y la abstención de IU- relativos a este sector urbanístico: la denegación del Plan Especial de Infraestructura Exterior, con la red de abastecimiento; y la resolución de la adjudicación del programa de actuación urbanizadora. En la práctica, el Ayuntamiento se encargará del suministro de agua a todo el sector de SP-93 –incluyendo el poblado agropecuario- y asume la iniciativa para acabar de completar el proyecto que Reyal Urbis ha dejado al 88%, y en lo tocante a Villaflores sin ningún avance. Para ello cuenta con el aval de 3,7 millones de euros.

El grupo de IU ha venido demandando en las últimas legislaturas diferentes actuaciones. Su portavoz actual, José Luis Maximiliano, se abstuvo el viernes de apoyar las mociones, que se debatieron de manera conjunta. Durante el debate, aseguró que el tiempo perdido se ha traducido en mayores costes de conservación, pero también económicos: “se va a gastar ahora más dinero del que costaba antes la rehabilitación”. Y se lamenta de la falta de reflejos por parte del Ayuntamiento, ya que el plazo que se dio a la empresa Reyal Urbis para que cumpliese con su compromiso se agotó en abril de 2010. Es ahora cuando se decide ejecutar el aval de 3,7 millones de euros.

Hace algo más de un año, su actual portavoz José Luis Maximiliano propuso en Pleno impulsar un taller de empleo para la rehabilitación del lugar, sufragado con los fondos del aval que ahora se ejecuta, y de paso para culminar la recuperación. El equpo de Gobierno rechazó la iniciativa con su mayoría absoluta.

En otros puntos del país como la cuenca minera asturiana, estos poblados que son ejemplo de una forma de vida se están restaurando para su conservación y puesta en valor incluso como elementos no sólo con fines didácticos sino también para su provechosa explotación turística. La inminente declaración de BIC y la responsabilidad que asume ahora el consistorio con el poblado alcarreño deberán orientar los pasos para la recuperación del poblado, que sigue viendo pasar el tren a toda velocidad mientras en su casona principal el reloj ya no marca las horas. Habrá que ver si Villaflores puede recuperar ahora el tiempo perdido.